Latinoamérica

‘De las dictaduras no se sale ni se saca al dictador': Luis Almagro

El secretario general de la OEA critica la posición del régimen de Nicolás Maduro.

‘Hemos pedido un gobierno legítimo para Venezuela, y eso solo sale de las urnas’

Las protestas en las calles de Venezuela, que ya llevan más de cuatro meses, se han visto debilitadas por la brutal represión del régimen de Nicolás Maduro y el avance incontrolado de la Asamblea Constituyente, que se instaló el viernes de la semana pasada.

Foto:

Miguel Gutiérrez / EFE

11 de agosto 2017 , 01:31 p.m.

Luis Almagro, que ejerce desde hace dos años y medio como Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), llegó a una visita de varios días a Israel, país observador permanente de la OEA. Ello fue una oportunidad para entrevistarlo como un duro crítico del gobierno de Nicolás Maduro y sobre una agenda que está dominada por la crisis que azota a ese país. Estas fueron sus declaraciones para EL TIEMPO.

Al hablar hoy con el Secretario General de la OEA, sea donde sea, es hablar de Venezuela...

Lamentablemente, la agenda se mantiene vigente. No ha habido progresos. Al contrario: los diversos mecanismos que se procuraron implementar, de diálogo entre Gobierno y oposición, simplemente trajeron más desgracia y más miseria para el pueblo venezolano. Está más lejos hoy de la democracia que nunca.

Por lo tanto, la agenda, que hace un año era el referéndum revocatorio, hoy son elecciones libres y generales, liberación de los presos políticos, restablecer los poderes de la Asamblea Nacional y un canal humanitario para atacar la escasez de los principales alimentos y medicinas.

Esta agenda, que fue puesta a un costado por el Gobierno, simplemente va a continuar girando hasta que se resuelva. Y lo lógico, lo inteligente, lo oportuno, es abordar esta agenda para resolver los problemas que tiene Venezuela, que tienen que ver con el funcionamiento de la democracia y el respeto a las libertades fundamentales. Y a partir de ahí, encontrar soluciones para la gente.

Pero hay cambios en la actitud de la comunidad internacional, ¿verdad?

En este tiempo no estuvimos muy acompañados con esta agenda que pusimos sobre la mesa, pero ha crecido la conciencia de que es necesario resolver todo esto en Venezuela. Más países están apoyando la misma y, por lo tanto, las soluciones que hemos planteado.

En la situación actual, ¿cuál es la salida concreta que usted puede ver? Con Maduro en el gobierno, ¿puede haber un cambio?

En general, de las dictaduras no se sale ni se saca al dictador. El dictador que asume una dictadura es parte del problema, no de la solución. Pero nosotros no buscamos remover a alguien, sacar a alguien del poder o alejar a alguien de la ecuación política.

Lo que hemos pedido es un gobierno legítimo para Venezuela y eso puede solamente surgir de las urnas. Mientras se mantengan las variables actuales de actuación del Gobierno venezolano, definitivamente estará fuera de la legitimidad, estará fuera del respeto a las libertades fundamentales y de los principios y valores esenciales de la democracia, como están contemplados en la Carta Democrática Interamericana. Dar paso a un gobierno legítimo significa dar elecciones. Y el que gane será el que tenga la mayor cantidad de votos. Esa es la solución para Venezuela.

Urnas ha habido, pero usted habla de algo muy distinto por cierto de lo de la constituyente, ¿cómo definiría esa elección?

Es un fraude de principio a fin. Es inconstitucional de principio a fin, pero, además, la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) encarna de por sí el deterioro definitivo de las libertades en Venezuela y de la posibilidad de tener una democracia funcionando institucionalmente en el país. Ningún proceso de reforma constitucional puede surgir a partir de la violación de la Constitución, de no respetar a quienes están legitimados para activar el proceso y cómo deben respetarse también las lógicas del sufragio universal en el país.

El régimen eligió un camino que simplemente le permite consolidar su proceso de afirmación a través de la opresión y de la represión. Esa lógica la ha sostenido sobre la base de reprimir al pueblo, y la ANC trata de constitucionalizar ese proceso.

Con toda esta descripción que usted hace, ¿cómo explica el hecho que durante mucho tiempo no se sentía suficientemente acompañado en su mensaje? Me imagino que se refería más que nada a la propia América Latina.

Son procesos. Es distinto el trabajo como lo puede hacer y lo hace un órgano ejecutivo de la generación, como es la Secretaría General, y otro, un cuerpo deliberativo, como es el Consejo Permanente o la Asamblea General. Ese proceso ha sido largo, complejo, pero además ha estado siempre agravado por las reiteradas violaciones de la democracia y los derechos humanos en Venezuela. El tiempo en que requerimos la acción hubiera sido muy conveniente, porque hubiera permitido que no se diera el avance que se dio y el deterioro de la constitucionalidad tal como lo fue haciendo el régimen.

Lo peor que puede pasar con un régimen de estas características es que se sienta impune. Y en muchos casos, si bien hemos mantenido denuncias permanentes, tenía esto de que “no voy a ser sancionado”. Bueno, llegó el momento que sí es sancionado.

Es sancionado por el Mercosur, por los Estados Unidos y en la reunión de Lima estos días se pidió la continuación de la aplicación de la Carta Democrática Interamericana por parte de las instancias orgánicas correspondientes de la OEA.

El Mercosur decidió aplicar la cláusula democrática y suspender a Venezuela. Ahí estaba también la firma del canciller Rodolfo Nin Novoa. Como uruguayo, ¿qué sintió?

Me sentí orgulloso de ser ‘mercosureño’, porque el Mercosur tiene que ser eso, una instancia subregional de fortalecimiento de la democracia y los derechos humanos.

Y que tome una decisión consistente con esos principios y valores es esencial para mantener la vigencia del Mercosur. Se hizo lo que se debía hacer, cuando la negociación dio la posibilidad de que así fuera. Y estamos orgullosos de pertenecer a esa región del mundo que ha tomado esa iniciativa tan fuerte de suspender a Venezuela de sus procesos y discusiones internas. Y como uruguayo también, claro, me siento orgulloso.

¿Le parece raro que haya aún sectores de izquierda en la región que defiendan el régimen de Maduro, aunque la izquierda sufrió directamente bajo las dictaduras?

Sí. El tema Venezuela ha hecho retroceder a la izquierda a una etapa anterior a los 90. Con la caída del bloque soviético, con la salida especialmente de los países del Cono Sur de las dictaduras, nosotros solamente podíamos entender a la izquierda como democrática. Y eso nos sirvió para reafirmar principios y valores que eran esenciales porque en las luchas contra las dictaduras, la izquierda blandió siempre las banderas de la democracia y los derechos humanos. Hoy hemos vuelto a una etapa anterior a eso.

Nuestra izquierda hoy vuelve a tener tentaciones totalitarias y autoritarias y eso es un severo retroceso. Por mi forma de entender la izquierda, para mí, es que solamente puede ser democrática. Debe ser el triunfo de los oprimidos, de lograr condiciones de igualdad y equidad, pero si hay dictadores, una autocracia, autoritarismo, definitivamente ya no somos todos iguales.

Volver a la discusión dentro de la izquierda, en el plano teórico y en el plano práctico, es definitivamente un severo retroceso. Y que haya izquierdas hoy que se puedan plantear alternativas no democráticas, como el régimen de Venezuela, no se puede entender.

¿Cómo se puede analizar este fenómeno?

Es que… ¿qué quiere la izquierda para el futuro de sus países? ¿Quiere avasallar los poderes del Estado? ¿Quiere copar el poder judicial? ¿Quiere anular o disolver los poderes legislativos? ¿Quiere tener presos políticos? Con todo lo que ha sufrido la izquierda, ¿quieren matar gente en las calles cuando salen a manifestar pacíficamente?

Todos los que murieron estaban absolutamente desarmados y en una situación total de vulnerabilidad. Siendo atacados por fuerzas represivas a disparos de balas o usando bombas lacrimógenas como arma letal contra el alma de las personas. Eso es absolutamente inadmisible.

Como pensador de izquierda, verdaderamente, no puedo entender que haya gente en esa tendencia que admita que puedan matar manifestantes en las calles, que admitan que se puede avasallar poderes del Estado, que admita que no se cumplan los procesos constitucionales como el referéndum revocatorio, que hagan fraude en procesos electorales propios como el de la ANC, un fraude que es el más grande en la historia del continente, porque hasta la misma compañía que hace la logística e implementa esto, habló de, por lo menos, un millón de votos, pero que en la perspectiva de cómo el proceso se dio, es muchísimo más que un millón, seguro.
Entonces, esa situación que presenta hoy la izquierda es un severo retroceso ideológico.

Hablando de izquierda y derecha, hay casos en los que inclusive, al criticarse a Maduro, se acompaña eso con comentarios sobre la oposición venezolana, calificándola de “derecha extrema” o cosas similares. ¿Qué le parece?

Creo que hay una gran ignorancia de la situación política en Venezuela, porque la mayor parte de los partidos de la MUD están afiliados a la Internacional Socialista y encarnan principios socialdemócratas. O sea que aquí quienes critican en estos términos se están equivocando de fondo.

Además, estamos hablando como si hubiera condiciones de igualdad en la política venezolana, cuando está establecido que hay un régimen que hace uso de la fuerza para mantenerse en el poder, para evitar elecciones, para tener presos políticos y avasallar los poderes del Estado. O sea que no hay una situación de equidad bajo ningún punto de vista. Y acá la responsabilidad, obviamente, es del que hace uso de la fuerza en esas condiciones.

Así fue el primer encuentro con Nicolás Maduro

¿Cuándo conoció usted personalmente a Nicolás Maduro?

Fue en diciembre del 2010, en una cumbre del Mercosur en Uruguay. Yo era canciller (de Uruguay) recién designado y el entonces canciller Pedro Vaz me invitó a las reuniones. Maduro era en esa época el canciller del presidente Hugo Chávez.

¿Cómo fue su primera impresión de él?

Me pareció muy ocupado porque tenía como tres teléfonos celulares que contestaba todos a la vez, por escrito o en conversaciones telefónicas. Conversó muy poco con los demás cancilleres que estábamos presentes en la reunión.

¿Había algo en él que pudiera indicar en ese momento en qué se transformaría?

No. No había indicios de eso, pero eso fue hace varios años. El presidente Chávez estaba vivo y las dinámicas políticas pasaban mucho por su impronta. En ese entonces, era muy prematuro especular sobre cualquier evolución política como la que ocurrió en Venezuela.

JANA BERIS
Para EL TIEMPO

Ya leíste 20 artículos gratis este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido
desde $10.999 al mes.

¿Ya eres suscriptor? Ingresa

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta gratis y pódras disfrutar de:

  • Acceso ilimitado al contenido desde cualquier dispositivo.
  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta gratis y disfruta de acceso ilimitado al contenido, desde tu computador, tableta o teléfono inteligente.

Disfruta del contenido sin límites

CREA UNA CUENTA GRATIS


¿Ya tienes cuenta? INGRESA