Latinoamérica

Radicalización, la opción chavista en Venezuela

El oficialismo opta por presionar a la oposición para desarticular sus manifestaciones en la calle.

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Los organizadores de la marcha opositora aseguraron que cerca de un millón de personas asistieron a esta, a pesar de las restricciones y prohibiciones impuestas desde el Palacio de Miraflores.

Foto:

Wil Riera / Bloomberg

04 de septiembre 2016 , 11:29 a.m.

Las cartas están echadas en Venezuela. El chavismo se niega a admitir que este año se celebre un referendo revocatorio contra el presidente Nicolás Maduro. Por su parte, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) dice que se mantendrá en las calles para imponer la consulta. El choque luce inevitable.

“Toda acción política tiene una reacción, y la única alternativa del Gobierno venezolano en este momento es la radicalización”, expone Daniel Varnagy, profesor de la Universidad Simón Bolívar (USB).

A su juicio, el oficialismo parte de la premisa de que “radicalizándose permanece por más tiempo en el poder, sin entender que en un huracán es más fácil que sobreviva una palmera que un roble”.

La tempestad se desató oficialmente el jueves primero de septiembre por la ‘toma de Caracas’, con cientos de miles de personas en las calles de la capital manifestando su rechazo contra el régimen chavista.

“Hoy es el inicio de la etapa definitiva de esta lucha”, sentenció la MUD, que anunció una agenda de actividades que eventualmente concluirá en una “toma de Venezuela de 24 horas de duración” para exigir la celebración del revocatorio antes de que culmine el 2016.

Con el argumento de que es víctima de un intento de golpe de Estado, Maduro ha respondido encarcelando a dirigentes de la oposición y ya amenazó con dictar un decreto para levantar la inmunidad parlamentaria de los diputados de la Asamblea Nacional. “Que nadie se equivoque conmigo, estoy dispuesto a todo por defender la patria”, advirtió el jefe de Estado en un mitin que realizó ante miles de sus simpatizantes congregados en el centro de Caracas el mismo jueves.

“Lo que viene es un incremento de la intensidad del conflicto. No descarto represión y encarcelamientos. Ya se iniciaron, aun antes de la marcha, pero se van a incrementar porque el Gobierno necesita desprestigiar a la dirigencia opositora, provocarla para que se salga de la ruta pacífica y poner en la agenda otros temas que no sean el revocatorio”, afirma Ángel Álvarez, politólogo de la Universidad Central de Venezuela (UCV).

Álvarez señala que la MUD tampoco puede retroceder. “Mientras el Consejo Nacional Electoral (CNE) no fije un cronograma que permita ver que el revocatorio será antes de diciembre, la oposición se ve obligada a presionar en la calle y aumentar la beligerancia de su discurso”.

La presidenta del CNE, Tibisay Lucena, descartó la posibilidad de que la consulta se realice este año y ni siquiera ha fijado la fecha de recolección de las firmas del 20 por ciento de los votantes –equivalente a cuatro millones de personas–, requisito que establece la Constitución para convocar el referendo.

Contra las cuerdas

A los legisladores de la oposición lo único que les queda es su inmunidad. Todo lo demás se lo ha quitado el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), que en ocho meses dictó 24 sentencias contra el Poder Legislativo, limitando sus funciones constitucionales. Ahora, el mandatario venezolano amenazó con retirarles ese fuero especial para “hacer justicia”.

“El Gobierno sabe lo crucial que son los diputados de la MUD en el juego político. Aunque haya deshecho su operatividad legal, son como cuerpo el locus de la legitimidad, y en la práctica son esenciales para la movilización masiva de protesta, así como para las recolecciones de firmas por venir”, subraya el académico Guillermo Aveledo Coll, de la Universidad Metropolitana, quien observa que el chavismo “parece estar dispuesto a asumir el alto costo” que acarrearía liquidar de facto al parlamento.

Varnagy apunta que la “radicalización” trae como consecuencia la deslegitimación de Maduro, lo que podría afectar su base de apoyo internacional, ya bastante disminuida por los cambios políticos que han sacudido la región, el enfrentamiento con sus socios del Mercosur y los cruces verbales con el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro.

“Si la oposición no cae en provocaciones, sigue presionando masivamente y de forma pacífica, y mantiene la vía electoral como su estrategia, el Gobierno terminará pagando costos altos por reprimir, la presión interna e internacional para que permita elecciones aumentará y, en el mediano plazo, perderá más de lo que ya ha perdido”, comenta Álvarez.

El consultor político asevera que el aumento de la conflictividad política, sumado al deterioro de la economía, golpeada por altas tasas de inflación y escasez, hacen “insostenible” la situación de la revolución chavista en el mediano plazo.

“Lo que no se sabe es cuánto tiempo podría sostenerse por la vía de la pura represión”, concluye.

PEDRO PABLO PEÑALOZA
Para EL TIEMPO
Caracas.

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