Latinoamérica

Miguel Díaz-Canel, nuevo presidente de Cuba: ungido de los Castro

Los principales retos de este ingeniero serán la economía y mantener el socialismo.

Miguel Díaz-Canel y Raúl Castro

Miguel Díaz-Canel (izquierda) fue propuesto como el candidato único para suceder a los hermanos Fidel y Raúl Castro (derecha).

Foto:

AFP

22 de abril 2018 , 11:07 p.m.

Siempre se ha dicho que la dirigencia cubana no da puntada sin hilo. Eso quedó demostrado el jueves, cuando Raúl Castro explicó el largo proceso de preparación que culminó con el nombramiento al frente del Gobierno de Miguel Díaz-Canel, el primer líder cubano que no lleva el apellido de los fundadores del castrismo. Con él comienza una nueva era de continuidad, aunque los cubanos esperan que el nuevo presidente dé señales de modernización.

El meollo de la cuestión será cómo encarar los retos. Para el politólogo cubano Rafael Hernández, director de la revista ‘Temas’, especializada en ciencias políticas y sociales, el desafío del nuevo mandatario será “construir el indispensable consenso político” alrededor de su figura. En cambio, el exdiplomático Carlos Alzugaray enfatizó que el principal reto para Díaz Canel será la economía.

Esta semana, el mandatario obtuvo el aplauso unánime del parlamento -compuesto por líderes de la generación “histórica”, obreros, sindicalistas, profesionales, intelectuales, artistas y estudiantes- al concluir su discurso de investidura con la consigna “Patria o muerte, socialismo o muerte. ¡Venceremos!”.

Es un comienzo para lidiar no solo con los representantes de la vieja guardia, en la que hay militares de alto rango que no le quitarán los ojos de encima, sino también  con las generaciones posteriores ávida de cambios sustanciales, particularmente en la esfera económica.

Varios analistas consultados por EL TIEMPO vieron con buenos ojos que su intervención haya sido respetuosa con el pasado y no haya incluido promesas que no se pueden cumplir. “No promete, sino que ofrece compromiso de trabajar, que es lo que tenemos que hacer todos”, dijo uno de ellos.

El profesor Esteban Morales afirmó que Díaz-Canel “sabe lo que tiene hacer”, pues “ha manejado la política” de Cuba en los últimos cinco años en calidad de primer vicepresidente. “Él escucha y lee” sobre todos los temas claves de la nación y tiene “las condiciones, posibilidades y características para impulsar la economía”, destacó el experto, quien agregó que el desafío de Díaz-Canel es hacer que esta crezca para “detener cierto flujo (al exterior) de personas calificadas”.

Javier Ortiz, fundador del blog La Joven Cuba, opina que “la palabra clave para entender el 2018 es precisamente, continuidad, no tanto la concatenación con una generación o unas maneras determinadas de hacer las cosas, sino con un sistema político que tiene sus raíces en 1959”.

En su opinión, durante los próximos tres años, Raúl Castro, como primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC), “encabezará las decisiones de mayor trascendencia para el país y el futuro de la nación”. Cuando el general deje la jefatura del partido, en el 2021, está previsto que sea sustituido por el delfín que con tanto empeño ha defendido.

Díaz-Canel hizo suyo el lema de su mentor: “Sin prisa pero sin pausa”. Ejerciendo una “conducción cada vez más colectiva”, se tomarán hasta julio para seleccionar a los ministros del gabinete que lo acompañarán en la tarea de poner en práctica las directrices aprobadas por el último congreso del PCC, el partido único.

No se presenta nada fácil la tarea de este ingeniero electrónico y profesor universitario, nacido en abril de 1960 en Placetas, un pueblo de la provincia de Villa Clara. Allí inició su vida política, en 1987, cuando ingresó a la Unión de Jóvenes Comunistas.  Le gustaban ´Los Beatles´, entonces vetados, estaba flaco, llevaba melena, pantalones vaqueros y se movía en bicicleta. Era un cubano muy normal.

En 1993 pasó al PCC, en el que integró el buró político provincial. Un año después fue elegido primer secretario, cargo que ejerció durante nueve años antes de ocupar la misma posición en Holguín. Según sus vecinos, no aprovechó el cargo para enriquecerse. También era tolerante: defendió el proyecto cultural 'El Mejunje' que acogió en Villa Clara los primeros espectáculos de transexuales y se convirtió en centro del movimiento LGBT en Cuba.

Díaz-Canel se puso en la mira de los Castro cuando, en los años duros del periodo especial, demostró su capacidad organizativa para improvisar con éxito, y en apenas dos días, la visita casi sorpresa del entonces líder cubano a su provincia natal. En ese entonces, seguramente no podía ni imaginarse el camino que iba a recorrer. Pero, según argumentó Raúl Castro, “no fue casualidad”, sino “parte de su preparación”.

Es una marioneta: oposición

Los críticos han cuestionado el plan preconcebido para que el Gobierno cambie la cara sin cambiar el fondo político. Por eso, la oposición señala que el nuevo presidente será una “marioneta”. Su nombramiento se daba por hecho, pues en los últimos años apareció constantemente en viajes, cumbres y recibiendo dignatarios.

Hijo de un trabajador cervecero y de una maestra de primaria, el mandatario parece tener los pies en la tierra. Desde que llegó a La Habana como ministro de Educación Superior, en el 2009, la discreción ha acompañado a Díaz- Canel, hombre alto, y bien plantado, que peina canas y es afable en la corta distancia, pero que puede ser muy enérgico y exigente dando órdenes.

En el 2012 fue elegido vicepresidente del Consejo de Estado y de Ministros para supervisar la educación, la ciencia, el deporte y la cultura, áreas fundamentales en el desarrollo del país, pero siguió siendo una incógnita.

Tampoco cambió mucho cuando, un año después, se confirmó su ascenso paulatino con la designación como primer vicepresidente y miembro del Buró Político del poderoso Comité Central del PCC. “Desde ese instante teníamos la absoluta certeza de que habíamos dado en el clavo”, admitió el general Castro. Sobre todo porque Díaz-Canel simultaneaba el cargo con la “atención a la esfera ideológica del partido”.

El nuevo presidente defiende el uso de Internet como medio para combatir “las mentiras” de las redes sobre Cuba. Él es de los que va a las reuniones con su portátil bajo el brazo.

De hecho, el blog 'La Joven Cuba' vive gracias a su intervención para que fuera reabierto. No obstante, el gusto por la red no implica que sea un reformista como se constató en agosto del 2017, cuando se filtró un vídeo donde en una reunión política acusó a varias embajadas de participar en actos de “subversión”. También allí había anunciado el cierre, nunca concretado, de la plataforma digital estadounidense 'OnCuba' por ejercer “la guerra cultural”.

Ahora tendrá que tratar de enderezar una nación con problemas económicos sistemáticos, entre ellos los bajos salarios, la unificación monetaria y la obligada homogeneización de los tipos de cambio. También deberá lidiar con graves errores de gestión interna y con la renovada hostilidad del gobierno de Donald Trump, que endureció el bloqueo tras el alivio temporal propiciado por Obama.

Además, debe enfrentar las dificultades causadas por la crisis de Venezuela (que fue uno de los grandes financiadores del régimen), la salida del mapa geopolítico de aliados regionales y la apatía política de sus conciudadanos. Grandes retos para esta cara nueva del viejo régimen cubano.

MILAGROS LÓPEZ DE GUEREÑO
Corresponsal de EL TIEMPO
La Habana

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