Latinoamérica

‘Otán, el club de los guerreros de la democracia’

Expertos analizan por qué la admisión de Colombia indica que es un país en el que se puede confiar.

Jens Stoltenberg y Juan Manuel Santos

El secretario de la Organización para el Tratado del Atlántico Norte (Otán), Jens Stoltenberg, le dio en mayo la bienvenida a Colombia, en un acto en Bruselas con el presidente Juan Manuel Santos.

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EFE

22 de junio 2018 , 10:33 p.m.

Hace cinco años, por estas mismas fechas de junio, Evo Morales, presidente de Bolivia, decía que el acercamiento del Gobierno de Colombia a la Otán tenía por fin “agredir y someter” a Latinoamérica. El de Nicaragua, Daniel Ortega, sobrecargaba de retórica ampulosa la misma idea para afirmar que esa intención era una “puñalada al corazón de los pueblos de nuestra América”.

Pero lo que se ha dicho poco, o al menos muy tímidamente, es que la ligazón a una organización más política que militar que dio a Europa estabilidad en la Guerra Fría es útil y, por tanto, buena para Colombia.

Cuando desapareció la URSS, la Otán ayudó a vertebrar la nueva Europa facilitando la asimilación del pensamiento democrático en los países del Pacto de Varsovia y ayudando a su integración en un espacio político de seguridad jurídica y de libertades.

La Otán es un grupo de guerreros, sí, pero de guerreros de la democracia. No se parece a una tribu armada hasta los dientes o a un grupo de mercenarios, sino a un club de oficiales. Por eso, para poder formar parte de ella, sus miembros deben tener claros conceptos como derechos humanos, sometimiento del poder militar al poder civil, compromisos internacionales y códigos de comportamiento.No podrían formar parte de la Otán los mongoles de Gengis Kan si aún existieran, ni los Jemeres Rojos, ni rancias cohortes nacionalsocialistas sobrevenidas, ni ejércitos que habitualmente se saltasen las normas morales que dicta la conciencia pública y las leyes.

Por eso, que Colombia sea admitido como socio global indica algo: que es un país en el que se puede confiar y que la pertenencia a esa organización le dará estabilidad.
Socio global es una categoría difusa que obliga a poco y da pocos derechos, pero es un primer paso. No es verdad que en ella vaya implícito que desde los despachos de Mons –la sede de la Otán, cerca de Bruselas– burócratas sombríos decidirán injerirse en los asuntos internos de Colombia, llevar al país a guerras lejanas ni desangrar el país a base de drenar sus recursos.

Tampoco es cierto su opuesto, que la Otán pueda proteger militarmente a Colombia de vecinos incómodos desplegando sus arsenales, ni llevarla al Parnaso de las naciones más avanzadas del mundo.

La Otán ni arrastra al fondo del abismo a los países ni los blinda de la gripa, porque no tiene poder para ello. Es tan solo –y eso es mucho– un pacto de Estados que comparten modos de hacer, formas de vivir y fe democrática en un compromiso político y militar que hace, dentro de la ley, más seguro el mundo.

La seguridad absoluta y sin libertades, la que se obtiene a golpes de miedo, solo pueden proporcionarla los “no demócratas”, cuyos proyectos se sustentan en modelos férreamente tribales que niegan la ley y los límites que impone para defender la libertad.

(Ser parte de la Otán) es (...) un pacto de Estados que comparten modos de hacer, formas de vivir y fe democrática en un compromiso político y militar que hace, dentro de la ley, más seguro el mundo

A los colombianos les conviene frecuentar como socio global, en calidad de invitado, el club de oficiales en que consiste la Alianza Atlántica. En los clubes se comparten ideas, se hacen amistades, se forjan confianzas y se organizan proyectos futuros.

El ingreso a la Otán, más que una noticia militar, es un acontecimiento de gran relevancia económica: significa que Colombia ha dejado de ser un problema en el escenario internacional y ha pasado a convertirse en un socio potencial y deseado.

En la Alianza Atlántica ahora ‘todos quieren con Colombia’. Entrar a este pacto político que contribuyó a recuperar a Europa después de la guerra es reconocer que Colombia forma parte de los guerreros del mundo que protegen el valor supremo de la democracia.

MILENA PATIÑO (PH. D.) Y PEDRO RIVAS (PH. D)
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

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