Latinoamérica

Nicaragua va hacia otra dinastía aferrada al poder

Ortega y su esposa se presentarán casi solos a elecciones, ya que la oposición fue neutralizada.

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Daniel Ortega y Rosario Murillo han sido compañeros de vida desde 1978, un año antes del triunfo del levantamiento sandinista.

Foto:

EFE

04 de agosto 2016 , 12:02 a.m.

El próximo 6 de noviembre se llevarán a cabo en Nicaragua unas elecciones presidenciales que desde la semana pasada se parecen más a una refrendación popular que a una competencia.

Luego de la anulación, por un poder judicial muy afín, de la curul de 28 diputados opositores titulares y suplentes del Parlamento y de la inhabilitación de Eduardo Montealegre como líder del Partido Liberal Independiente (PLI, principal colectividad de la oposición), y del retiro de estos de los comicios, el camino hacia un tercer mandato consecutivo para Daniel Ortega está más que expedito.

Uno de los detalles que más llaman la atención es que Ortega escogió el martes como su fórmula vicepresidencial a su esposa, Rosario Murillo, una mujer de por sí ya muy poderosa en el país, lo que, sumado a todas las ataduras a la oposición, invita a pensar que lo que está naciendo en Nicaragua es otra dinastía familiar en el poder.

“Desde cuando Daniel Ortega logra regresar al poder, en el 2007, instala todo un procedimiento de sucesivas reformas dirigido a concretar lo que hizo, que es tratar de instaurar en Nicaragua esta dinastía familiar. Lo que estamos viendo no constituye sorpresa alguna”, le dijo a EL TIEMPO Daniel Zovatto, analista político del Instituto Brookings, en Washington. (Lea también: Exmandatarios expresan rechazo a medidas en Venezuela y Nicaragua)

En efecto, el alzamiento en armas que llevó por primera vez a Ortega al poder en el país tras la triunfante revolución de 1979 se hizo para derrocar a otra dinastía, la de los Somoza, que gobernó con mano de hierro desde 1937.

“Creo que si Augusto César Sandino (líder revolucionario de principios del siglo XX) viera lo que está haciendo Ortega, se enojaría mucho. Pensar que Ortega luchó en contra de una dinastía familiar dictatorial como la somocista y 37 años después él mismo se convierte en el fantasma que combatió”, añadió Zovatto.

Para algunos, Ortega no quería dejar al azar su tercer período presidencial y movió todos los hilos para asegurar su permanencia en el poder. “Es posible que haya considerado que una papeleta unida de oposición de liberales y sandinistas disidentes pudiera obligarlo a una segunda ronda electoral, por lo que simplemente no quería jugarse ninguna chance. Ortega hizo un análisis costo-beneficio y llegó a la conclusión de que es muy probable que se pueda salir con la suya al desbandar la oposición”, le aseguró a este periódico Juan Carlos Hidalgo, del Instituto Cato, en Washington. (Además: Con maniobra judicial, Daniel Ortega borra del mapa a la oposición)

A Rosario Murillo, compañera de Ortega desde 1978, pero casada con él desde el 2005, se le atribuye un poder real en la Nicaragua actual, como presidenta del Consejo de Comunicación y Ciudadanía del Poder Ciudadano. Como una futura vicepresidenta, ese poder podría ser aún más perceptible.

“Murillo, para los que hemos estudiado el fenómeno nicaragüense, es el poder detrás del trono. Si se materializa su vicepresidencia, pasaría de estar atrás a estar al lado y en la línea sucesoria directa”, sostiene Zovatto. Hidalgo añade otro matiz a la cuestión. “Esto más bien parece responder a una preocupación sobre la sucesión de Ortega, de quien se especula que sufre de problemas de salud”.

Nicaragua y Venezuela

El libreto nicaragüense tiene muchas líneas similares al venezolano, solo que con algunos matices distintos. Lo que sí comparten es la legitimación a través de las urnas para tener algún vestigio democrático. (Lea: Nicaragua podría tener régimen de partido único)

Se puede decir que Ortega ha ido más allá en su zarpazo a la democracia constitucional de su país. En Venezuela, a pesar de reiteradas amenazas, Maduro aún no desbanda a la oposición del Parlamento ni tampoco impide que esta participe en las elecciones. Se puede decir que en Venezuela tenemos una democracia comatosa, mientras que en Nicaragua, con estas acciones, ya oficialmente expiró”, asevera Hidalgo.

LUIS ALEJANDRO AMAYA E.
Subeditor Internacional
En Twitter: @luisamaya2

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