Latinoamérica

Charla con Michelle Suárez, la primera senadora transgénero de Uruguay

El caso de la abogada, que ocupa una curul en el Parlamento, refleja los avances de la inclusión. 

Michelle Suárez, senadora transgénero  de Uruguay

Michelle Suárez juró su cargo el 10 de octubre en una sesión en el Palacio Legislativo, sede del Congreso en Montevideo.

Foto:

Miguel Rojo / AFP

04 de noviembre 2017 , 11:41 p.m.

No es la primera vez que Michelle Suárez hace historia y que su foto ocupa la portada de los más importantes medios de su natal Uruguay. En el 2010, fue la primera transgénero del país en obtener un título universitario.

Ahora, siete años después, se vuelve a destacar al convertirse en la primera persona bajo esta condición en ocupar una curul en el Senado. Su carta de presentación: ser autora de la Ley de Matrimonio Igualitario, aprobada en 2013 durante la administración de José ‘Pepe’ Mujica.

Cuando joven, el día a día de su familia iba acompañado de momentos económicos difíciles. También relata el rechazo del que fue víctima cuando a sus 15 años de edad contó que muy en el fondo de su ser se sentía una mujer y que quería vivir así. Se negaba a usar ropa de hombre y no quería jugar con carros sino con muñecas. En entrevista con EL TIEMPO, la abogada cuenta que luego de afrontar su condición como persona trans, el papá de una de sus compañeras de colegio, que la conocía desde muy niña, le propuso sexo a cambio de dinero.

¿Qué sintió el día de su posesión como senadora?

Fue un momento muy parecido al que sentí cuando fui la primera egresada universitaria como mujer trans. Fue como una dualidad: por un lado, el sentirme muy honrada de poder formar parte del órgano más representativo de la democracia uruguaya, como lo es el Parlamento; y por otra parte, sentía que era un delatar o una situación de absoluta vulneración de las mujeres trans en particular y de las mujeres en general.

En Uruguay, las mujeres somos más del 50 por ciento de la población; sin embargo, los cargos de representación o de decisión, en su minoría, están a cargo de mujeres. En el caso de las mujeres trans, la situación se agudiza mucho más porque directamente hay una situación de absoluta marginación. Es decir, la discriminación opera en forma de espiral y se van uniendo elementos de vulnerabilidad como lo es el ser mujer, el ser trans, el ser pobre –en su gran mayoría–, y también el ser, en su abrumadora mayoría, trabajadoras sexuales.

El corolario de estas circunstancias es que cualquier ciudadano uruguayo tiene una expectativa de vida mayor de los 75 años, pero las mujeres trans, de tan solo 35.

Profesionalmente, ¿cuáles son los cambios que ha notado?

Hubo un cambio en la recepción del entorno con respecto a esas circunstancias y, obviamente, eso te hace sentir que hay un recibimiento mucho más cálido.

Porque en los últimos años ha habido una franca evolución en un proceso de sensibilización de la población uruguaya con respecto a la población trans y con respecto a la visibilidad y a la agenda de necesidades específicas. Lentamente ha habido una evolución en la conciencia colectiva. O sea, estas circunstancias hicieron que ese momento fuera para mí muy cálido, más acogedor. Pero bueno, vamos a ir viendo cómo se va dando este proceso.

En la última década ha habido un aluvión de normas jurídicas principalmente enfocadas a la diversidad sexual. Las últimas dos tienen que ver con la Ley de Matrimonio Igualitario

¿Uruguay marca la ruta con avances legales e institucionales?

Uruguay, actualmente en lo que tiene que ver con avances legales e institucionales, está absolutamente a la vanguardia. De hecho, en la última década ha habido un aluvión de normas jurídicas principalmente enfocadas a la diversidad sexual. Las últimas dos tienen que ver con la Ley de Matrimonio Igualitario –de la cual yo fui autora– y con el proyecto de opciones afirmativas para la población trans, que se empezó a gestar en Cámara y Senado y del cual soy coautora.

Pero siempre planteo que hace 10 años atrás era imposible para cualquiera pensar que en Uruguay dos personas del mismo sexo iban a poder contraer matrimonio, iban a poder adoptar hijos, iban a poder tener reconocimiento de derechos patrimoniales y personales, entre otros. Pero en realidad ha habido un avance enorme y, obviamente, se dio de la mano, no por mera coincidencia, sino por realmente causalidad, con los tres gobiernos de izquierda. (Tabaré Vázquez, 2005; José ‘Pepe’ Mujica, 2010, y, de nuevo, Tabaré Vázquez en 2015).

¿Quién es Michelle Suárez?

Soy abogada y doctora en Derecho y Ciencias Sociales y además procuradora de la Nación, tengo 34 años y actualmente ocupo el cargo de senadora por el Partido Comunista de Uruguay (PCU), que es un partido de gobierno. Mi participación en política comenzó en el 2010 a través de la sociedad civil y más precisamente del colectivo de Ovejas Negras. No pertenezco a Montevideo, a la ciudad capital, sino que soy del interior del país, oriunda del departamento de Canelones.

Vengo de una familia trabajadora, soy la primera universitaria de mi familia. Mis padres no terminaron la primaria y tuvieron que trabajar desde niños.

¿Cuáles son sus primeros objetivos como senadora?

Un conjunto de medidas que van dirigidas a un grupo de la población y los efectos de distinciones especiales para sortear los obstáculos que tiene este grupo históricamente vulnerable. En otras palabras, para desarrollar la batería de medidas con el fin de iniciar todo ese proceso de inclusión social.

¿Durante la campaña o antes recibió rechazos o tratos discriminatorios?


En realidad, durante la campaña no. Quiero creer que tiene que ver con que si bien yo comienzo en la vida orgánica del partido entre 2013 y 2014, yo ya venía de unos cuantos años de trabajo no en política partidaria, pero sí en política de la sociedad civil y ahí adquirí una enorme visibilidad pública hace muchos años. Todo eso hacía que yo llegara con un cierto bagaje de trabajo, que fue la mejor credencial para seguir adelante con mi carrera.

¿Por qué la relacionan con el partido Frente Amplio (FA)?

Siempre fui votante del Frente Amplio. Alguien que siempre se consideró de izquierda, pero nunca militó internamente. Ahora, de alguna manera, cuando comencé a trabajar, en ese momento yo consideraba que a diferencia de otros, de mi compañeros que tenían una doble militancia (en la sociedad civil y la orgánica del FA), el hecho de negociar un proyecto de ley llevaba necesariamente a que el diálogo iba a tener mejores frutos desde una instancia independiente y más técnica.

¿Cómo ve la situación de la comunidad trans en América Latina?

Creo que seguimos teniendo problemas. La mayoría de los países de la región siguen sin dar el debate con respecto a la posibilidad del matrimonio de personas del mismo sexo. Por ejemplo, en Brasil, escandalosamente se están buscando mecanismos para que se den tratamientos para la homosexualidad. Van en contra de todo lo que se ha trabajado en la esfera internacional. Desde los años 60, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha dejado claro que la homosexualidad es la orientación sexual y no una enfermedad.

Yo empecé a tener busto, ensanchamiento de caderas, no cambió mi voz, no tenía barba. Ahí comencé a tener un aspecto sumamente femenino que acompañaba mi sentir

Hablemos de su vida personal, ¿en qué momento decide cambiar físicamente y asumir otro rol sexual?

A los 15 años. En esa época estaba en la secundaria. Yo comencé a sentirme una mujer. Tengo recuerdos, como de los cuatro años, de sentirme de esa forma. Si me daba cuenta de que para los demás, por ejemplo, para mis maestras, compañeras y padres de mis amigas, había conductas que yo desarrollaba que no estaban bien vistas, entonces trataba de no exponerlas públicamente. Pero cuando empiezo la pubertad, era imposible ocultar los cambios físicos. De la misma manera que mis compañeros varones empezaron a engrosar la voz, a tener barba, a que se les alargaran sus miembros superiores o inferiores, y mis compañeras empezaron a tener cambios físicos de todo tipo, yo empecé a tener busto, ensanchamiento de caderas, no cambió mi voz, no tenía barba. Ahí comencé a tener un aspecto sumamente femenino que acompañaba mi sentir, y a pesar de ello, hasta los 15 años, no me atreví a plantearlo socialmente por miedo. Entonces siempre digo que por muchos años me acostumbre a vivir en las sombras.

¿Cómo fue la actitud de sus padres cuando usted les revela ese deseo?

Recibí un apoyo total. Yo siempre planteo que la única diferencia que hay entre la vida de las demás mujeres que, lamentablemente, no pueden elegir y terminan viviendo del trabajo sexual, no pueden realizar su vocación ni llevar sus sueños adelante, es que yo tuve el apoyo de mis padres. Eso permitía que los enemigos estuvieran afuera y que el hogar fuera mi refugio. Yo estaba segura ahí. Todo eso permite que te puedas parar ante las adversidades desde ese lugar y te apropies de las herramientas, como las educativas. Ahí comienza todo.

Llega la época universitaria, ¿cómo vivió en esa época?

Hubo muchos momentos de discriminación. Yo siempre cuento esta anécdota porque es muy discriminativa: un profesor de esa época dijo al equipo docente: “Bueno, si este alumno no tuviera los problemas sexuales que tiene, llegaría lejos”. Esa era la visión que había de mí. Pero aunque ahí vivía momentos duros, yo la comparaba con la etapa de la secundaria y ya no era tan ardua, yo ya estaba acostumbrada a los golpes y ya no tenía 15 años.

En la secundaria tuve que vivir momentos muy desagradables, me dieron la espalda personas que me vieron crecer y que me conocían desde que era muy niña. Por ejemplo, el padre de una de mis compañeras, con quienes habíamos cursado toda la escuela, que para mí era el papá de mi mejor amiga, cuando yo tenía 15 años, la misma edad de su hija, por el hecho de haber dicho que era trans, me ofreció dinero para tener relaciones sexuales. Eso fue absolutamente abrumador y doloroso.

¿Esta discriminación la lleva a convertirse en activista?


Fue una situación netamente personal. El 20 de noviembre del 2009 falleció mi madre, y fue el golpe emocional más difícil que pude enfrentar, fue la primera vez que me sentí inundada por un dolor tan profundo. Una amiga mía, compañera de la facultad, me dijo que, viendo mi cercanía con los temas sociales, por qué no lo intentaba e ingresaba en un colectivo llamado en esa época Ovejas Negras, que lo peor que me podía pasar era que no me gustara la militancia y lo abandonara. Lo intenté, averigüé y entré al área de derecho. Ahí arranqué con mi proyecto de matrimonio igualitario, y cuatro años después me vuelvo una dirigente. Ahí arranca el proceso vinculado con la política.

¿Ahora, ya en el Senado, qué viene para usted?

En el 2020 habrá que esperar la renovación de las bandas por elecciones, y veremos también cuando haya que postularse nuevamente y demás, si el partido considera que tengo que seguir en esa posición u ocupar otro lugar. Pero hasta ese momento, trabajaré a fondo por mi comunidad.

ANDRÉS RUIZ
EL TIEMPO@RuizAndress

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