Latinoamérica

‘Daniel sembró vientos y está cosechando tempestades’

La escritora nicaragüense Gioconda Belli habló con EL TIEMPO sobre la actual crisis en Nicaragua.

Disturbios en Masaya, Nicaragua

La ciudad de Masaya ha sido uno de los frentes de resistencia contra el gobierno de Daniel Ortega.

Foto:

Oswaldo Rivas / Reuters

23 de junio 2018 , 09:58 p.m.

¿Cuántos tiranos alcanzan en una vida?
¿Sabrá el de ahora lo que sentía el otro?
¿Recordará cuánta muerte sembró aquel aferrado al poder?
El bombardeo de las ciudades
su hermano Camilo Ortega caído en los Sabogales
(él era como uno de esos jóvenes asesinados en las protestas) (...).

El anterior es un fragmento del poema El relevo, que la escritora nicaragüense Gioconda Belli compartió con EL TIEMPO en relación con la crisis que está viviendo su país a manos de Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, y que ha dejado más de 200 muertos y 1.337 heridos, desde el 18 de abril.

Para Belli, de esta “revolución” no saldrán caudillos, sino un nuevo sistema de dirección popular para el país, fruto de la tendencia hacia la organización horizontal de la gente en las calles, a su vez resultado del cansancio frente a la política tradicional y los partidos que se han conformado en Nicaragua.

¿Es esta una nueva revolución?

Sí. Es impresionante cómo fue elevándose el nivel de respuesta de la gente, que pasó de 11 años de pasividad a llegar a la explosión social. Es que nos fueron haciendo tantos trucos y tantas cosas que nos dejaron prácticamente inmóviles porque no se veía una luz en el horizonte.

Fueron asfixiando el sistema electoral de tal manera que en las últimas elecciones hubo una abstención que se calcula en 65-70 por ciento. Sumado a ello, la falta de moderación en este sistema que iban imponiendo: Daniel Ortega puso a su esposa de vicepresidenta; hicieron muy poco cuando hubo un incendio en una reserva forestal que es amada por los jóvenes y luego la reforma a la ley del seguro social. Comenzaron las protestas y en medio de la fuerte represión y los asesinatos, la gente perdió el miedo.

¿Tiene similitud lo que sucede con la manera en que cayó Somoza?

Claro que sí, aunque Somoza reprimía a gente que estaba alzada en armas, aquí estamos viviendo una represión contra un pueblo que está desarmado.

Lo extraordinario de esto es que parece que hay una herencia, un relevo generacional que aprendió y oyó todas las historias de la época somozista y que tiene una resistencia natural a las dictaduras. Han reconocido que esto es una dictadura y han decidido no aceptarlo. El pueblo nicaragüense es más bien pacífico, pero también aguerrido cuando ha tenido que luchar. Nadie quería llegar a este nivel de violencia al que nos han obligado. Porque realmente la gente no está siendo violenta, la gente lo que ha hecho es atrincherarse, hacer barricadas por todos lados y tratar de defenderse de las agresiones.

¿Cómo están reprimiendo a la gente?

Entra a los pueblos una camioneta de la policía seguida por hasta 18 camionetas llenas de paramilitares. Eso lo hemos visto todos y está grabado. Entonces se bajan estos tipos, empiezan a ir casa por casa, se llevan muchachos, disparan a mansalva y bueno; los primeros estudiantes que murieron, estamos convencidos de que los mataron paramilitares porque los disparos que recibieron fueron tiros en la frente.

Creemos que en parte son pandillas que han ido a reclutar. También han dejado salir delincuentes de la cárcel y los que están al mando creo que son exretirados del Ejército, excombatientes sandinistas fanáticos de Daniel Ortega a quienes han convencido de que este es un golpe y ellos salen a defender a su comandante.

El pueblo nicaragüense es más bien pacífico, pero también aguerrido cuando ha tenido que luchar

¿Existen similitudes con la situación de Venezuela?

Sí y no. Porque el gobierno de Daniel Ortega cabe dentro de esa definición de Gobierno populista que hay en Venezuela, donde usando un lenguaje democrático y mecanismos democráticos supuestamente hacen asambleas constituyentes y elecciones, pero todo está totalmente malversado y la oposición siempre está en desventaja. Sin embargo, aquí la diferencia es que hay una insurrección masiva. Aquí no es solo en Managua, sino cada pueblito rebelándose contra Ortega. El Gobierno perdió el control.

Usted estuvo en las filas del sandinismo. ¿En algún punto se imaginó que llegaría una crisis como la de hoy?

Yo siempre dije cuando Daniel empezó a gobernar que estaba haciendo una ‘dictablanda’, pero que el peligro era que tenía ya todos los hilos en sus manos para hacerlo, porque no había reprimido a la gente de la manera en que lo está haciendo ahora, pero al primer desafío ha mostrado que está dispuesto a apagar esta rebelión a sangre y fuego.

Además, esta es una dictadura dinástica con una esposa vicepresidenta y además ocho hijos, es mucho más de lo que tenía Somoza. Para mí, esa fue una de las grandes revelaciones de Ortega: estuvo dispuesto a reformar la Constitución en la que no existía la reelección para establecerla de manera indefinida.

También cometió atrocidades como un pacto con uno de los hombres más corruptos del país, el expresidente Arnoldo Alemán, que estuvo preso por corrupto. El pacto consistía en que se bajara el porcentaje electoral, necesario para que Daniel ganara las elecciones, del 45 al 35 por ciento. Así ganó en 2007.

Yo veo casi imposible que Ortega vuelva a recuperar el control sobre este país porque el pueblo está decidido a que se vaya y está decidido a seguir en la lucha de ciertas formas

¿Cuál ha sido el error más grave cometido por Ortega?

El abuso sexual a su hijastra (Zoilamérica), quien denunció en los 90 que Daniel había abusado de ella desde que tenía 11 años y Rosario se puso del lado de él y no de su hija.

Pero hay otras cosas, una serie de muertes extrañas como la del mejor amigo de Ortega, que cuando se rebeló contra él y amenazó con revelar actividades que conocía, lo mataron cuando iba llegando al estudio de TV donde trabajaba.

Otra es la de Herty Lewites, candidato electoral del 2006 que había sido también sandinista, de la órbita de Daniel. Lewites se rebeló en contra y montó una órbita privada que se llamaba Movimiento Renovador Sandinista, pero también murió en circunstancias misteriosas y la familia de él asegura que fue asesinado.

Y bueno, cosas como que este hombre no ha dado una conferencia de prensa en 11 años, que no se pasó a vivir a la Casa de Gobierno, sino que decidió hacer todo desde la sede de su partido. Además, cambió los códigos militares que se hicieron para que el Ejército y la Policía fueran apartidarios y ha mantenido en el poder a gente que está de su lado. Todo el que no está con él recibe vituperios y campañas que lo acusan de todo. Así es que Daniel sembró vientos y está cosechando tempestades.

¿En qué queda la ideología sandinista?

El sandinismo más que una ideología fue un partido que se propuso para derrocar la dictadura somozista, usando toda una concepción antiimperialista que heredamos de Augusto César Sandino. Nosotros tratamos de hacer un país diferente, de derrocar a Somoza y lo logramos, pero luego vino todo el ataque de Estados Unidos a Nicaragua y vivimos nueve años con una contrarrevolución que obligó a toda una militarización de la revolución que no era lo que queríamos.

Pero también hubo mucho verticalismo, la dirigencia sandinista fue muy militar y, por eso, cuando perdimos las elecciones en los 90 reclamamos democracia, una renovación del partido a lo que Daniel se opuso y empezó a hacernos la guerra a los que la habíamos planteado. Nos llamó conflictivos y traidores, y por eso yo, por ejemplo, salí del frente en 1994. Presenté mi renuncia junto con (el poeta y sacerdote) Ernesto Cardenal y una serie de gente. Nos salimos por Ortega y su estilo autoritario, vertical y muy dogmático.

Luego, Daniel fue evolucionando hasta que prácticamente dejó de ser de izquierda. Su izquierda es solamente un discurso porque en la práctica se alió con la empresa privada y eso le permitía estabilidad. Después usó el dinero de Venezuela a su arbitrio porque ni siquiera pasaba por el presupuesto nacional.

Escribió hace poco una carta a Rosario Murillo...

El papel que ha tenido Rosario Murillo en esta situación es muy grande, porque ha manejado y manipulado los sentimientos populares de los nicaragüenses de una manera atroz. Ella adquirió tanto poder que quitaba y ponía alcaldes como mejor le parecía, aunque hubiesen sido elegidos popularmente. Es una mujer cínica que ahora está haciendo toda una campaña para acusar al pueblo rebelado de ser bandas delincuenciales de la derecha, terroristas y tenebrosos.

Yo cuento eso en mi carta porque la manipulación ha sido tremenda. Esta situación del incendio que hubo en el que murió una familia entera, ellos dijeron que era una familia sandinista, y nada más lejano de la realidad. La única sobreviviente tiene una grabación donde dice: ‘Yo maldigo a Daniel Ortega y a toda su descendencia’.

¿Por qué Rosario pasó de luchar por el pueblo a villana?

Ella ya tenía ese problema, por eso yo le digo al final de la carta que yo ya la conocía. Cuando estuvimos en la revolución y trabajamos en la Asociación Sandinista de Trabajadores de la Cultura, ella hizo una guerra contra Cardenal, entonces ministro de Cultura, para quedarse con toda la administración. Mintió sobre lo que hacíamos nosotros, nos acusó a los escritores. Es decir, yo conozco sus prácticas desde hace rato y ahora solo creo que las ha maximizado.

Ella es un producto de la cultura patriarcal. No todas las mujeres que están en el poder tienen una mentalidad feminista. Ella, por ejemplo, ha puesto a muchas mujeres en el Gobierno, pero ninguna de ellas tiene poder, solo están presentes como fichas para mostrar que Nicaragua es un país representado por mujeres.

Si se oye hablar a Rosario en la radio, que lo hace todos los días, habla de la familia y está contra el aborto. Nos vendieron a las mujeres para ganarse a la Iglesia católica y prohibieron el aborto terapéutico, que era un derecho en Nicaragua desde el siglo XIX.

¿Hasta cuándo esta revolución?

Yo veo casi imposible que Ortega vuelva a recuperar el control sobre este país porque el pueblo está decidido a que se vaya y está decidido a seguir en la lucha de ciertas formas. No queremos ir a una guerra, esto es algo sin precedentes en América Latina, es una revolución pacífica. Hemos entrado en desobediencia civil. También tenemos el apoyo internacional y la documentación de todos estos crímenes que está cometiendo Ortega. Además tenemos gente buena que está tomando la vanguardia.

¿Gente?

Sí, está la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, donde están representados todos los sectores: estudiantes, mujeres, empresarios, campesinos, pequeños productores, los ganaderos, intelectuales y actores de las universidades independientes. Esa alianza es la que está sentada en el diálogo nacional y la que está empezando a convertirse en una posible futura junta de gobierno que organizaría unas elecciones libres.

¿Algún personaje dentro de la alianza con la fuerza para liderar el país?

Hay que recordar que cuando el sandinismo ganó, no fue Daniel Ortega el que ganó, teníamos nueve dirigentes en ese momento. Ahora hay una tendencia muy fuerte hacia la organización horizontal, que es una cosa novedosa, la gente se ha organizado por sí misma y autoconvocada, vamos a ver qué sale de ahí. Pero claro, todos nosotros tenemos un poco el concepto del caudillo, del héroe, pero de aquí van a salir muchos héroes y vamos a ver un nuevo sistema de dirección de un país. Ya la gente está harta de los partidos políticos tradicionales y creo que de aquí puede salir una formulación distinta de una dirección popular y a la vez democrática y libertaria.

¿Todo esto le está dando mil ideas para escribir?

No tantas. Siempre hay una necesidad de distanciarse de la realidad cuando uno la tiene tan cerca y tan emocional. Yo pienso es en que nos salvemos todos, en ver qué hacemos, cómo nos comunicamos bien con la gente y en aportar desde lo que pueda.

MARÍA DEL MAR QUINTANA CATAÑO
Redacción Internacional
En Twitter: @MariaQC8

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