Latinoamérica

‘Colombia puede liderar una salida en Venezuela'

Entrevista de María Isabel Rueda al politólogo, académico y exembajador Fernando Cepeda Ulloa.

Fernando Cepeda Ulloa

Fernando Cepeda Ulloa ha sido ministro y también embajador en el Reino Unido, Naciones Unidas, Canadá, la OEA y Francia.

Foto:

Claudia Rubio / EL TIEMPO

02 de abril 2017 , 10:37 p.m.

¿Qué significa la rápida reversa de Maduro en el tema del cierre de la Asamblea de Venezuela?

Lo que ha quedado demostrado es que se puede hacer, deshacer, decir, desdecir, fallar, revocar los fallos en cuestión de horas en Venezuela. Con lo cual ha quedado más evidente todavía que no hay separación de poderes. Es decir, lo que pasó es más de lo mismo, pero mucho peor.

¿Cree que la presión de la comunidad internacional ayudó?

Sin duda. La presión fue un factor decisivo. Pero puso en evidencia que la manera como se toman las decisiones de enorme importancia en el sistema político venezolano es sorprendente, algo no visto en el mundo. ¿Cómo un tribunal puede reversar una decisión en cuestión de horas? No conocemos el alcance total del cambio que se introdujo a la primera decisión, pero así no funciona un tribunal en el mundo.

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¿Será que con este reversazo Maduro considera que le cumplió a la OEA, que ya concedió, y resulta que volvemos al punto de partida?

Peor. Peor, porque esto lo que ha demostrado es que mañana también podrían pronunciarse en un Consejo que mencionan por ahí y cambiar nuevamente la decisión. ¿Cuál es la seguridad jurídica de ese Estado? ¿En qué se puede creer? ¿Cuál es la autonomía del Tribunal? Eso acabó de confirmar que el régimen político venezolano no respeta las mínimas reglas de un sistema democrático.

El régimen de Maduro demostró que no tiene límites…

Ya llegó a una situación en la cual, de una manera muy contundente, el Tribunal Superior resolvió quitarse todas las máscaras y decir que los poderes legislativos los asume la Sala Constitucional del Tribunal y punto. El Ejecutivo controla el Tribunal, el Tribunal le quita las facultades a la Asamblea, entonces no queda sino un solo poder que es el del Presidente. Siempre ha sido algo así, pero ahora quedó por fin registrado, consagrado, escrito en una sentencia, que al día siguiente de expedida reversan.

¿Maduro le estaba midiendo el aceite a la comunidad internacional en cuanto a su tolerancia de sus decisiones dictatoriales?

Pues yo creo que la situación en Venezuela ha ido sistemáticamente empeorando y realmente la crisis de hambre y de medicinas, la situación de descontento y desagrado, y con el debate internacional creciente, pues seguramente lo llevó a crear una coyuntura de situación extrema, como fue dejar sin poderes a la Asamblea. Una situación extrema interna y externa. Aunque todavía internacionalmente quedan pasos por dar, digamos que por primera vez ya hay países que han levantado su voz y han dicho, por ejemplo, que retiran a su embajador en Caracas, como dijo el presidente peruano Pedro Pablo Kuczynski. Y luego, en la reunión de la OEA, ya hay un grupo de catorce países, incluyendo a Colombia, que dicen que hay que tomar algunas medidas. Eso es importante. Si en la OEA se llega a un consenso sobre la situación venezolana, eso tiene una consecuencia: la comunidad internacional habría llegado a la conclusión por la vía de la decisión de la OEA, que se extendería a otros grupos multilaterales, de que en Venezuela realmente no hay democracia, que se rompió el orden constitucional, que se rompió el orden democrático, y eso crearía las condiciones para que ocurra cualquier cosa. La pregunta es qué es cualquier cosa.

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¿Qué significado tiene que la Fiscal haya hecho un pronunciamiento tan duro? Porque ella es chavista, puede que no madurista porque ella es más bien de Diosdado Cabello. ¿Pero es algún indicativo de que por dentro están también muy divididos?

Yo creo que en Venezuela sin duda hay tendencias, sin duda hay competencia por el poder. Es posible que haya una fracción que tiene la fuerza militar, otra que tiene los grupos milicianos o colectivos, otra que maneja la política social, etcétera. Pero hay un consenso: el de que no van a permitir que la ‘revolución bolivariana’, que el socialismo del siglo XXI, sea desalojado del poder.

Pero esas tensiones internas pueden llevar a que se peleen por el poder las distintas facciones chavistas…

Ellos pueden estar dispuestos a que se dé, por razón de estas tensiones, una renovación interna, pero lo que no creo que vaya a ocurrir es que por las tensiones internas se permita que fracase el socialismo del siglo XXI. Yo he llegado a plantear, no ahora, sino inclusive años atrás, que la única salida que tiene Venezuela es lo que en algún momento llamé “un chavismo sin Chávez”. En ese momento estaba Chávez en el poder.

Pero hoy está muerto…

La propuesta sigue siendo válida. No es posible, creo yo, construir una salida política en Venezuela que excluya totalmente a las fuerzas chavistas. Ese es el tema: cómo reconciliar esas dos corrientes políticas para que la sociedad venezolana encuentre un camino político.

¿Y Colombia qué puede hacer mientras tanto?

Es un tema que tenemos que tratar con el mayor respeto por la autonomía del señor presidente Santos en el manejo de la política exterior. Respetando eso al máximo, yo diría lo siguiente: en el hemisferio, desde Canadá hasta la Patagonia, Colombia es el país que tiene más razones para jugar un papel muy importante, yo diría que realmente de liderazgo, para ayudar a encontrar una salida.

¿Para ayudar a Maduro?

No en ayudar a Maduro, no. Tampoco en ayudar a la oposición, no. Sino en ser un protagonista, un actor neutral que contribuya no a un diálogo, que eso ya fracasó, sino a una negociación seria, de verdad. Con opciones, con salidas, que les permitan a los venezolanos, que son nuestros hermanos, encontrar una fórmula política que le dé gobernabilidad democrática a ese país.

¿Cuáles serían las razones y, sobre todo, la legitimidad para jugar ese papel?

Colombia es el país que tiene la frontera más larga, más porosa, casi que es un terreno común en muchas partes de las fronteras, criminalizada en algunos de los sectores, particularmente en el Catatumbo. Y fenómenos de crimen organizado muy variados, que afectan tanto a Venezuela como a Colombia, y fenómenos que se han ido agudizando y que explican por qué en algunos casos se cierra la frontera por meses, se abre por momentos. Esto es de una complejidad enorme.

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Usted habla de una fórmula que incluya la neutralidad de Colombia. ¿No es lo que hemos hecho todo el tiempo por cuenta del proceso de paz? Agachar la cabeza, hablar pasito, no molestar, andar en puntas de pies para no provocar al vecino...

Claro. Eso es un punto. Pero Colombia debe decir con toda claridad que lo que ocurre en Venezuela es de vital importancia para ella. Una explosión, una crisis en Venezuela, tiene gravísimas consecuencias para Colombia, no solamente en la frontera. Esas consecuencias muy graves pueden afectar la implementación del proceso de paz, al cual Venezuela ha ayudado muy bien y por años a Colombia con persuasión, diálogo, negociación, para la suscripción de un acuerdo con un grupo guerrillero. Colombia quiere ahora ayudar a Venezuela, de frente, a superar un conflicto muy complejo, que tiene con una oposición desarmada. Como ustedes lo hicieron con nosotros, nosotros queremos hacerlo con ustedes. La región toda, aún Europa, verían esa posición abierta de Colombia como legítima, como apenas natural, como normal. Ser el intermediario, el gestor que puede realmente contribuir a encontrar un camino en Venezuela.

¿Con qué disculpa se inmiscuiría Colombia en los asuntos internos de Venezuela?


Con la misma del proceso de paz: que es de los colombianos y la última solución la teníamos que dar los colombianos, pero no estuvo mal que Venezuela ayudara. Así mismo, la última solución es de los venezolanos, pero estamos dispuestos a contribuir.

¿No será que el presidente Santos debería comenzar primero por hacer lo mismo en Colombia? ¿Un diálogo Gobierno-oposición en su propia casa, en lugar de estar arreglando problemas en las casas de otros?

Ese puede ser un argumento, pero digamos que el nivel de confrontación, de polarización que hay en Colombia hoy no ha llegado al desconocimiento del orden democrático; la situación polarizada en Colombia no ha llevado a una crisis humanitaria, a una hambruna como en Venezuela. ¿No es paradójico que en Colombia tengamos por fin unas droguerías decentes, las Farmatodo, que son de venezolanos, que nos proporcionan un servicio excelente, incluso 24 horas en muchas partes, mientras en Venezuela no hay ni un remedio, ni un medicamento? Es realmente muy triste que los venezolanos, lo que nos ofrecen en Colombia, no lo tengan en Venezuela.

Nadie niega que Venezuela ha sido un país muy generoso con Colombia...

Ha acogido a millones de colombianos, tantos que no sabemos cuántos realmente. Hoy hay miles de estudiantes venezolanos en Colombia y está bien que sea así. Esa situación de Venezuela y Colombia de mucho tiempo atrás ha sido compleja, pero siempre hemos tenido los canales de comunicación y las herramientas para encontrar salidas, tanto allá como aquí, que faciliten un mejor estar. Eso es lo que creo que hay que propiciar ahora, con la legitimidad que surge de esa experiencia, de esa tradición. Pero además, Colombia puede demostrar ejemplos de reconciliación como el Frente Nacional, que es un ejemplo descomunal, de dos partidos enfrentados radicalmente que hicieron la paz.

¿Entonces Colombia no debe actuar dentro del bloque de los 14 países que han aceptado enfrentar el tema venezolano, sino buscar la fórmula para convertirse en el intermediario del conflicto del país vecino?

Colombia debe proclamar: tengo un interés vital en la superación de la situación que está viviendo Venezuela, política, económica, social, y quiero poner todos mis esfuerzos para ayudar en eso. Y convocar a los demás países a que ayuden. Y lo harían de mil maneras. Pero asumir ese liderazgo sí, porque Colombia tiene esa vocación natural y debe proclamarla, no esconderla ni disimularla. Debe hacer un buen uso de una tradición histórica que nos une, que nos ha distanciado, que nos ha generado fricciones, pero que siempre hemos superado, aun en circunstancias muy difíciles.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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