Latinoamérica

Cruz Verde, la brigada que rescata a los manifestantes en Venezuela

Unos 200 voluntarios –entre médicos, paramédicos y estudiantes– atienden a los heridos en protestas.

Voluntarios de Cruz Verde en Venezuela

En un solo día de protestas en Caracas, los voluntarios de Cruz Verde pueden atender a más de un centenar de personas heridas, generalmente de la oposición.

Foto:

Jaafar Ashtiyeh / AFP

21 de mayo 2017 , 12:24 a.m.

“¡Cruz Verde, bajen por insumos, equipos y merienda!”, grita el doctor Marcial. Prestos, responden al llamado entre 80 y 90 estudiantes de medicina de la Universidad Central de Venezuela y paramédicos profesionales, de un total de 200 que conforman el grupo de primeros auxilios que atiende a los heridos en la primera línea de fuego de las protestas contra el presidente Nicolás Maduro.

Suben de un estacionamiento de sótano con su distintivo casco blanco marcado con una cruz verde oscura y máscaras antigás, bolsas con gasas, vendas, solución fisiológica, alcohol, pomadas contra quemaduras, botellas de agua y ponquecitos de limón, la merienda que les regalaron. Visten ropa quirúrgica. Las muchachas se hacen trenzas, cuentan las medicinas que llevarán y preparan agua con bicarbonato para disipar la picazón que producen los gases lacrimógenos. Los muchachos alistan los equipos en bolsos, doble nudo a los zapatos y listo.

Después ajustan varias banderas blancas en las camionetas que también forman parte del sistema de atención. Están listos para otra tarde de refriega durante una de las marchas convocadas por la oposición, que en menos de dos horas llenará por completo todos los carriles de la principal autopista de Caracas. Antes de salir se toman de las manos y rezan un padrenuestro, un avemaría, se encomiendan. El ritual termina en un aplauso.

“En más de un mes de protestas casi diarias hemos tenido solo un par de salidas tranquilas. En cada jornada atendemos a un montón de personas, uno pierde la cuenta”, dice María Fernanda Vilagut, estudiante de quinto año de medicina. Para tener una idea de la magnitud de los choques, ese día atendieron a 98 lesionados en los servicios de salud del municipio Baruta, y a 93 en Chacao, ambos en el Distrito Metropolitano de Caracas.

El martes, con el fallecimiento de un joven de 15 años en el estado Táchira, se igualó el número de muertos que dejaron las movilizaciones contra Maduro entre febrero y mayo del 2014. Pero el día más triste para la Cruz Verde fue el jueves, cuando una camioneta blindada y sin placas arrolló y mató a uno de sus miembros durante una protesta en el estado Zulia. Se trataba de Paúl Moreno, de 25 años, estudiante de la Universidad del Zulia, quien se convirtió en la víctima número 46 de estas manifestaciones, las más trágicas de los años recientes en Venezuela.

Una dura jornada

En una de las camionetas de la Cruz Verde, los paramédicos Carlos y Libia atendieron a diez heridos en menos de 20 minutos: tres traumatismos de tórax, uno de espalda y uno de rostro, dos de piernas y uno de rodilla, todos por golpes de bombas lacrimógenas. El resto, asfixiados y mareados por los gases. Cada paciente es un mundo para ellos. Aunque lo atiendan solo 45 segundos, el chequeo es exhaustivo.

Los que requieren mayor atención son enviados en motos que colaboran con los centros de salud. Los demás son rápidamente puestos de pie: “Mírame, estás oxigenando bien, no tienes fractura, abre los ojos que te voy a echar agua con bicarbonato. ¿Puedes caminar? ¡Vamo pue!”

Conformado a partir de las protestas del 2014, el grupo de atención de primeros auxilios conocido como la Cruz Verde todavía no tiene estructura jurídica, pero sí una metodología de trabajo.

Los jóvenes han sido entrenados por médicos venezolanos con manuales y cursos de atención prehospitalaria en situación de combate
, conocidos por las siglas TCCC (Tactical Casualty Combat Care), creados por las fuerzas armadas estadounidenses y adoptados luego por países de la Otán.

“También hemos hecho cursos de conflicto armado y de manejo de politraumatismos que nos dan expertos en hospitales o en la universidad”, precisa Vilagut.

En todas las jornadas de protestas contra el Gobierno se organizan en dos o cuatro equipos ‘rojos’ (que llegan hasta la línea de fuego), otros tantos ‘naranjas’ (que avanzan a 100 o 200 metros del centro de la refriega) y las camionetas o equipos ‘verdes’ (que se ubican al borde del área de conflicto).

La “extracción” de los heridos la hacen ayudantes a pie o en motocicletas que entran en coordinación con la Cruz Verde.
Ante la humareda y cuando empieza a picar la piel, se ponen las máscaras antigás y los guantes quirúrgicos. Llegan tan cerca del conflicto que, a veces, ellos mismos son los heridos. En esa jornada, en la que esta periodista estuvo de principio a fin, varios de ellos se desvanecieron entre el coctel de gases, sudor, empujones y los casi 40 grados centígrados de temperatura que subían en forma de vapor desde el pavimento. La calle quemaba.

Cada uno fue sacado de la zona como un herido más y, rápidamente, reemplazado. “Yo no sé qué pasó –contó luego una de las desmayadas–. He atendido en todas las protestas y nunca me había pasado esto. Me atrevería a decir que dispararon un gas más fuerte, otra cosa”. Para ubicarse, dispersarse o reagruparse, los jefes de grupo están en contacto con una “sala situacional”, que los mantiene informados sobre dónde y cómo se desarrolla la protesta. Nadie revela dónde queda.

“Aquí usted no ve bomberos ni defensa civil. Creamos el grupo porque en las protestas del 2014 vimos una necesidad de atención inmediata y de sacar a los heridos de la zona de conflicto. Ahora, esa necesidad se ha exacerbado. Esta es una situación táctica, casi de combate”, explica George Simon, cirujano experto en politraumatismos, quien ese día comandó al equipo ‘naranja uno’.

Los grupos de atención dependientes del Estado, como Protección Civil o el Grupo de Rescate Venezuela, están acuartelados por orden oficial, es decir, no pueden salir a enfrentar ninguna situación a menos que reciban instrucciones precisas, y atender opositores heridos no es una de ellas.

Eso no les impide a algunos rescatistas certificados –que piden mantener sus nombres en reserva– prestar su servicio. “Vengo como un civil más, a ayudar con mis conocimientos y mi equipo; no me voy a quedar sentado –le dijo uno de ellos a EL TIEMPO–. Soy del Grupo de Rescate Venezuela y lo que hago es transportar heridos para que los chamos (jóvenes) los atiendan”.

Con contadas excepciones de policías o guardias nacionales, la mayoría de los más de mil heridos contabilizados por la Fiscalía General son opositores que han participado en las protestas, desde el primero de abril, para exigir elecciones, respeto a la Constitución y la liberación de los presos políticos. Por eso, la Cruz Verde suele ubicarse en las rutas de las marchas opositoras en Caracas, pues las que convoca el chavismo suelen llegar tranquilamente a su destino.

“No somos un grupo politizado: donde los hubiere los atenderíamos, pero pasa que los heridos ahora están cayendo de este lado”, explica Simon.

Sangre y vítores

En un país donde el ciudadano que protesta es un terrorista para los cuerpos de seguridad del Estado –e incluso para el Poder Judicial– y donde no se permite marchar pacíficamente ante las entidades gubernamentales, la aparición de un cuerpo de jóvenes que se arriesga a llegar hasta la línea de confrontación para llevar atención médica genera euforia entre los marchistas.

La mayoría de los insumos médicos son donados por particulares. Cuando avanzan hacia la zona de conflicto, en estricta formación, la gente suele pasarles bolsas con algodón, guantes quirúrgicos o alcohol. No precisan cuánto, pero reconocen que reciben muchos insumos que les envían venezolanos desde otros países.

Al grito de “valientes” y “gracias”, los grupos ‘rojos’ y ‘naranjas’ avanzan impasibles en una marcha dulce, que los baña de elogios, hacia los puestos de la Guardia Nacional y la Policía Nacional Bolivariana. Las bendiciones recibidas en esos minutos son el único escudo que tienen contra los gases lacrimógenos.

Pero, el tiempo es turbulento y el grupo ha sufrido hostigamiento. No obstante estar claramente identificados como un cuerpo de rescate y atención médica, la semana pasada un grupo de motorizados de la Policía lanzó bombas lacrimógenas dentro de una de las camionetas que atienden heridos y golpearon a los socorristas. Según se denunció, dos estudiantes fueron arrastradas por el piso y robadas por los policías. La agresión ocurrió cuando ya se disipaba la protesta y la Cruz Verde daba fin a su jornada.

Después de las tardes de refriega, los voluntarios terminan exhaustos, pero con varias recompensas. Además de la satisfacción por el deber cumplido, a esa hora reciben la comida que donan grupos de mujeres organizadas para eso. “Hay unas mamás que nos tienen consentidos”, celebra Simon. Ese día les hicieron arroz con carne, panquecas de cambur (banano) y minitortillas. Pero lo mejor son los postres, que llegan en vasitos con mensajes: “Son mis héroes”, “Dios te cuide”, “Resistencia”.

VALENTINA LARES MARTIZ
Corresponsal de EL TIEMPO
Caracas

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