Latinoamérica

Suman 95 los muertos por terremoto en México; afectados reclaman ayuda

Muchas víctimas siguen sin agua, sin luz y durmiendo a la intemperie.

Terremoto y huracán en México

En Juchitán, casas y colegios están partidos por la mitad.

Foto:

Ronaldo Schemidt / AFP

11 de septiembre 2017 , 11:31 p.m.

La cifra de muertos por el terremoto de 8,2 grados que en la medianoche del jueves sacudió a México, el mayor en un siglo, ascendió a 95, después de que el gobierno de Oaxaca anunciara que hay 76 víctimas mortales únicamente en ese estado sureño.

En Chiapas y Tabasco se mantiene la cifra de fallecidos, en 15 y 4, respectivamente, por el impacto del movimiento telúrico, de magnitud 8,2 en la escala de Richter. En Oaxaca "tenemos 76 (muertos) hasta este momento", afirmó en entrevista con Televisa el gobernador del estado, Alejandro Murat.

El Gobierno afirmó que las tareas de auxilio siguen con la distribución de decenas de miles de paquetes de alimentos, víveres, leche, cobertores y despensas en las zonas afectadas, principalmente Chiapas y Oaxaca, donde hay comunidades de difícil acceso por estar enclavadas en montañas.

Pero muchos habitantes, angustiados de ver sus casas reducidas a escombros o a punto de venirse abajo, se desesperan y denuncian que la ayuda llega a cuentagotas.

"Seguimos sin agua y sin luz, dormimos con los niños aquí afuera, nadie ha venido a ayudarnos", explicó a la AFP María de los Ángeles Orozco, madre de una de las numerosas familias que perdió su hogar y que ahora viven en las calles de Juchitán (Oaxaca), con 100.000 habitantes, convertida en el epicentro de la tragedia con decenas de muertos.

La familia de Juana Luis terminó improvisando una vivienda bajo un enorme árbol, luego de que su casa se desmoronara. Recuperaron una mesa, sillas, hamacas y unas cobijas para pasarla lo mejor posible. Pero es difícil.

"Antes comprábamos un pollo en 70 pesos (4 dólares), ahora lo venden a 300 (17 dólares). Me angustia mucho, por más que yo quiera comprarles a mis hijos cuando me piden, no me alcanza ", explica a la AFP la madre de la familia, de 40 años, sin poder contener las lágrimas.

Esta mujer, junto con otras vecinas, salió a "pelear" las despensas del gobierno y lograron que militares les entregaran una pequeña caja con galletas, frijoles, arroz, leche en polvo y café.

En la plaza de la iglesia de Martes Santo se instalaron familias con niños y ancianos, temerosos de que sus casas terminen por desmoronarse
debido a las continuas réplicas –ya van más de 800–. Tampoco van a albergues, vigilan los escombros de su hogar para evitar que roben lo poco que queda.

"La vida no vale nada"

En las calles se sucedían numerosas procesiones fúnebres entre muestras de dolor y una estridente música que tocaban bandas para despedir a los muertos, como marca la tradición en Juchitán, habitada principalmente por indígenas de la etnia zapoteca.

Uno de los funerales más multitudinarios fue el de un policía local, cuyo cuerpo sin vida fue rescatado en la tarde del sábado en el sitio donde se erigía el palacio municipal, una majestuosa construcción derribada por el sismo.

Una camioneta con los restos del policía era seguida por decenas de sus compañeros, familiares y una banda que entonaba una canción ranchera que clama "la vida no vale nada".

AFP

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