Europa

Felipe de Edimburgo, la sombra de la reina Isabel II

Este militar renunció a muchas condiciones para ser el esposo de la soberana. Anuncia jubilación.

El príncipe Felipe

El príncipe Felipe, duque de Edimburgo, se retira de la actividad pública a los 95 años.

Foto:

Stringer / EFE

10 de mayo 2017 , 10:34 p.m.

Londres. A pesar de su avanzada edad –cumplirá 96 años el próximo mes–, la noticia de que el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, se retira de sus compromisos reales a partir de agosto, tomó por sorpresa a los británicos. 

Solo un día antes, el esposo de la reina Isabel II de Inglaterra había asistido a la inauguración de un nuevo pabellón del estadio de críquet, en Londres.

Las noticias recientes sobre su estado de salud no apuntaban a una decisión de esta naturaleza.

De hecho su agenda pública solo sufrió algunas modificaciones en diciembre, cuando tanto él como la reina Isabel, dejaron de asistir a los servicios religiosos de Navidad y fin de año debido a un fuerte resfriado que los mantuvo alejados de sus tradicionales compromisos familiares durante al menos dos semanas.

La última vez que la salud del esposo de la reina generó preocupación fue en el 2013, cuando estuvo 11 días en el hospital por una cirugía abdominal exploratoria.

Aunque en su momento se especuló que se trataba de algo más grave, lo cierto es que él nunca volvió a presentar una recaída que se derivara de esa situación particular.

El comunicado del Palacio de Buckingham anunciando el retiro del duque de Edimburgo fue enfático en dejar claro que no había ninguna recomendación médica de por medio, sin embargo es evidente que después de 70 años de servicio a la corona británica, que lo convierten en el consorte más longevo en la historia, su deterioro físico se comienza a notar; circunstancia que a su vez empieza a generar preguntas sobre cuándo será el turno de la reina Isabel quien el pasado 21 de abril cumplió 91 años.

“La reina Isabel seguirá cumpliendo con el mayor número de eventos que pueda. La palabra abdicar no está contemplada de ninguna manera, atendió más de 300 compromisos el años pasado y se han cambiado algunas condiciones logísticas para facilitar su desplazamiento y asistencia a varios compromisos por su avanzada edad, pero la reina seguirá al frente de todos sus deberes aunque sin la compañía permanente de su esposo”, dijo el constitucionalista y experto de la monarquía Richard Fitzwilliams a EL TIEMPO.

(Lea también: Así es la reina Isabel II como conductora en las calles de Londres)

Los deberes reales que deja el príncipe Felipe serán distribuidos entre los duques de Cambridge, Guillermo y Catalina, quienes en septiembre se moverán de manera permanente al palacio de Kensington, en Londres, actualmente en proceso de remodelación para recibir a los nuevos huéspedes permanentes.

También el príncipe Henry tendrá que atender más compromisos de las cerca de 800 organizaciones benéficas de las que el esposo de la reina sigue siendo patrón o miembro.

El príncipe Felipe

El príncipe Felipe, consorte de la reina Isabel II de Inglaterra, renunció a su nacionalidad y profesión para estar al lado de ella.

Foto:

Stringer / EFE

El príncipe griego

Felipe de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg nació el 10 de junio de 1921 en la isla griega de Corfú, residencia de verano de la familia real de Grecia.

Era el quinto hijo y único varón del príncipe Andrés de Grecia y Dinamarca y de la princesa Alicia de Battenberg. Su infancia no fue precisamente un cuento de hadas.

Felipe y sus cuatro hermanas mayores tuvieron una niñez marcada por los problemas económicos de sus padres y los dramas derivados del exilio de su familia, que se marchó de Grecia en 1922.

Su madre, que había nacido sorda y sufría problemas de salud mental, ingresó en una clínica psiquiátrica donde permaneció dos años; su padre tampoco estuvo muy presente durante su infancia porque se la pasaba en el sur de Francia, así que creció casi huérfano.

En 1928, fue enviado al Reino Unido para asistir a la escuela Cheam.

Su abuela, Victoria Mountbatten y su tío George Mountbatten se encargaron de su educación, este último fue quien terminó influyendo para que ingresara a la marina británica.

En 1939, cuando el rey Jorge VI visitó el colegio naval de Dartmouth con su familia, Felipe, de 19 años, conoció a la entonces princesa Isabel, quien solo tenía 13 años.

Todos los relatos sobre su historia, dicen que fue amor a primera vista; la princesa quedó encantada con el atlético y apuesto militar de la marina que gozaba de gran popularidad entre las mujeres.

De hecho sus biografías aseguran que fue la princesa heredera del trono británico la que dio el primer paso y decidió escribirle una primera carta con la que se dio comienzo a una relación que durante meses se mantuvo gracias al correo postal en plena Segunda Guerra Mundial.

La relación de Isabel y Felipe al comienzo no tenía la total aprobación de la familia real; primero porque el Rey Jorge VI consideraba que su hija estaba demasiado joven para casarse y segundo, por los propios orígenes de su novio.

Desde ese entonces Felipe ya sabía que su amor por Isabel estaría marcado por una serie de sacrificios.

Isabel y Felipe se comprometieron el 9 de julio de 1947 y se casaron el 20 de noviembre del mismo año en una gran ceremonia que se realizó en la abadía de Westminster ante más de 2.000 invitados.

Felipe se convirtió en consorte de la futura reina de Inglaterra y recibió los títulos de duque de Edimburgo, conde de Merioneth y barón de Greenwich. Para ello, tuvo que renunciar a sus apellidos (asumió el de sus abuelos, Mountbatten) y a su nacionalidad, convertirse al anglicanismo y dejar su carrera militar.

De la unión matrimonial nacieron cuatro hijos: Carlos, Ana, Andrés y Eduardo.
Son abuelos de 8 nietos y bisabuelos de cuatro niñas y un niño.

(Vea aquí: Lo que pasará el día que la reina Isabel II muera)

Hasta los más notables republicanos del Reino Unido, entre ellos el líder de la oposición, Jeremy Corbyn se deshicieron en elogios ante el duque de Edimburgo destacando el gran papel que ha jugado durante sus 70 años de matrimonio con la reina Isabel, siendo su soporte, caminando siempre dos pasos detrás de ella, llamándola señora en público, pero con una gran capacidad de influencia que la propia monarca ha reconocido en innumerables ocasiones.

Fuerte e impertinente

Su biógrafo Philip Eade contó en su libro, El príncipe Felipe: la turbulenta vida temprana del hombre que se casó con la reina Isabel II, cómo la falta de su familia, las figuras de su madre y su padre, marcó su temperamento convirtiéndolo en un hombre fuerte y amable, pero al mismo tiempo impertinente.

“Tiene un carácter abiertamente masculino, franco e inquieto, el príncipe Philip no estaba hecho para ser segundo violín de nadie, pero lo hizo. Creo que en su turbulenta infancia se encuentran pistas más reveladoras sobre su compleja naturaleza”, dijo Eade en una columna escrita para el diario Daily Telegraph.

Fueron más de 22.000 compromisos, 5.493 discursos y 637 visitas al exterior, entre ellas una que realizó a Colombia en febrero de 1962, dentro de una gira por varios países de Suramérica. Fue el primer miembro de la familia real británica que visitó Colombia.

Su retiro obedece a su deseo de evitar que su creciente fragilidad física se exponga en público y a que cree que su deber ya está cumplido.

“Es mejor salir antes de llegar a su fecha de caducidad”, dijo el propio duque de Edimburgo en una entrevista con la BBC cuando cumplió 90 años.

Del duque se dice que es el hombre más políticamente incorrecto de la familia británica, pero es un lujo que se puede dar.

Al mismo tiempo que ha recibido críticas por algunas de sus impertinentes observaciones, se ha ganado el cariño del público británico, que le reconoce no solo su vocación de servicio sino la templanza de sus decisiones.

No era fácil para un hombre de su juventud y con la proyección que tenía como militar, renunciar hace 70 años a sus aspiraciones personales por apoyar las de su esposa.

“Aunque a él le hubiera gustado tener un papel más activo, no lo hizo, renunció a cualquier gesto de publicidad para dedicarse completamente a apoyar a la reina y eso los británicos se lo reconocen y agradecen”, Fitzwilliams

El retiro formal del duque es un proceso que terminará en agosto próximo.
Por ahora seguirá cumpliendo con los compromisos adquiridos y lo que podría denominarse un ‘Tour de despedida’, que incluye una cena y recepción para despedirse de la organización de los premios que llevan su nombre, la fiesta anual en los jardines del palacio de Buckingham, el desfile del cumpleaños oficial de la reina en junio y la visita de estado de los reyes de España, prevista para el 12 de julio, entre otros eventos que todavía debe atender.

Una vez cumplida esa agenda, la reina y el duque se irán, como es tradición, a su casa de descanso en Balmoral (Escocia), durante el otoño y desde entonces el príncipe consorte aparecerá públicamente solo cuando él así lo desee.

CLAUDIA GAONA
Para EL TIEMPO

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