Europa

Un año de la misteriosa muerte de Jacobo Montoya en Alemania

Duró 2 meses desaparecido hasta que su cuerpo fue hallado en un río. Fiscal alemán cuenta detalles.

Jacobo Montoya

Jacobo Montoya estudiaba Historia en la Universidad de Heidelberg, en Alemania, institución que en su memoria

Foto:

Archivo de la familia Montoya Vélez

26 de febrero 2018 , 08:43 a.m.

La llamada de un hombre alertó, en la mañana del jueves 23 de febrero del 2017, a las autoridades de la ciudad alemana de Heidelberg. Dijo que un cuerpo flotaba sobre el río Neckar, cerca de la hidroeléctrica de Wieblingent.

Dos carros de bomberos, tres vehículos de la Policía y una ambulancia se aproximaron a las orillas del río, mientras una lancha atravesó el Neckar. Las autoridades fueron minuciosas en el rescate y en los documentos que le hallaron al cadáver, en avanzado estado de descomposición, se leía claro un nombre: Jacobo Montoya Vélez.

Jacobo era un joven antioqueño de 19 años que había viajado a Heidelberg para estudiar Historia, luego de un paso por Friburgo, donde aprendió alemán en 2015. Atrapado por el impresionante castillo que se erigió en la ciudad, sus calles y la historia de más de 600 años de la institución donde decidió alimentar la pasión por su carrera, era un hombre feliz por el paraíso que descubrió allí, asegura su madre, Ángela Vélez.

El viernes 16 de diciembre del 2016 Jacobo madrugó a la Universidad de Heidelberg, en la cual era conocido por ser el mejor estudiante de su carrera. Allí pasó la mayor parte del día, luego compartió con sus amigos en una casa y tenía previsto ir a una fiesta latina en el bar Ziegler, a escasas cuadras de la institución educativa.

Desde la noche anterior Ángela conocía que tenía planeado ir a esa fiesta; no obstante, pensó que era extraño, pues él siempre prefirió leer libros, los cuales devoraba mientras escuchaba música clásica, que ir a algún bar.

“Mami, voy para la fiesta, voy a llegar a la casa tarde”,
le escribió Jacobo a las 10:08 p.m. (hora alemana) a Ángela, ese mensaje fue el último que recibiría de su hijo.

Pese a que Jacobo le había manifestado que iría a la fiesta, Ángela pudo constatar que él nunca entró al bar. Los amigos de su hijo se lo dijeron, que había llegado al Ziegler pero no ingresó y tomó rumbo hacia su casa, algo alejada tanto de la Universidad como de aquel bar que colindaba con el río Neckar.

El 17 de diciembre fue una total sorpresa para Ángela, pues su hijo, con quien hablaba a diario por Skype y conversaba varias veces al día por WhatsApp no le respondía ninguno de los mensajes en los cuales indagaba cómo le había ido.

Luego de un par de días sin conocer el paradero de Jacobo, sus amigos decidieron buscar ayuda con las autoridades.

La gaceta oficial de la Policía alemana publicó un mensaje: "Estudiante desaparecido. Sus amigos lo vieron por última vez durante la noche entre el viernes y sábado. La persona desaparecida usa el transporte público. No se puede descartar que se encuentre en una posición de impotencia. El señor Montoya Vélez habla español, inglés y francés".

Sus amigos le dijeron a la Policía que Jacobo era delgado y medía aproximadamente 1.70 metros. Tenía el pelo largo, negro y rizado. También, que el día de la desaparición vistió una chaqueta y pantalón de color oscuro, zapatillas deportivas, una gorra y una bufanda, entre blanca y beige, con las cuales se resguardaba del fuerte invierno en Alemania.

Jacobo Montoya

Con la chaqueta que vestía en esta foto, Jacobo fue visto por última vez.

Foto:

Archivo de la familia Montoya Vélez

Sin conocer noticias de su hijo, Ángela no dudó en ir a Heidelberg con su esposo Santiago y su hija Valentina desde Lima (Perú), ciudad donde vivían y a la que el propio Jacobo se mudó cuando era un niño por motivos laborales de sus padres.

Fueron 23 días en los que la familia Montoya Vélez se volcó en esa ciudad para dar con el paradero de Jacobo. Pasaron cada día por los puentes, parques, bibliotecas y calles que frecuentaba el joven antioqueño.

"Lo buscamos en bosques, hospitales, albergues, estaciones de tranvía, en fin, por toda la ciudad. Cada día la esperanza de encontrarlo era nuestro motor, al igual que nuestra fe en Dios, siempre estuvimos fuertes y seguros de que Dios lo aparecería", contó Ángela durante su incansable lucha por hallar a su hijo, a quien enaltece por su alegría, disposición para servir e intelecto.

El lamentó de Ángela ya era conocido en Heidelberg, en la televisión alemana aparecía junto con su esposo e hija justo al frente del bar Ziegler, lugar donde Jacobo fue visto por última vez. Quería buscar respuestas, pistas.

En el bar le preguntaron si podría tratarse de un suicidio. Ella manifestó que no cabía ninguna posibilidad, pues no era un hombre para eso. Aseguró, además, que no se le distinguía por tener afinidad por las drogas, las peleas o ser mujeriego. En cambio, sí por ser un estudiante modelo.

El hallazgo

En cientos de tardes Jacobo contemplaba el río Neckar, un cuerpo de agua grande e imponente. Ángela dice que el río le daba un encanto especial a la ciudad y enamoró al antioqueño. El joven vivía muy alejado del río, pero sus días transcurrían cerca de él.

Jacobo Montoya

Recorrido de Jacobo Montoya.

Foto:

EL TIEMPO


Cuando su cuerpo apareció flotando en el Neckar, las autoridades alemanas de inmediato se comunicaron con sus padres.

"Jacobo amado, ahora estás con Dios. Cumplió su promesa, te devolvió a nosotros y estás en sus brazos para que descanses en paz. Eres un ángel, te amamos y seguimos orando por ti", dice en mensaje de su familia en un grupo de Facebook desde el que se promovía su búsqueda.

Jacobo amado, ahora estás con Dios. Cumplió su promesa, te devolvió a nosotros y estás en sus brazos para que descanses en paz

La Universidad de Heidelberg, un mes después de hallar en cadáver, honró al joven y
estableció el premio Jacobo Montoya Vélez al mejor estudiante en la asignatura de Historia en cada año, con lo que su familia siente viva la memoria de su muchacho.

La investigación

El cuerpo de Jacobo fue sepultado en Medellín solo hasta el 6 de mayo, luego de que las autoridades del país europeo realizaran los respectivos exámenes para determinar las causas del fallecimiento.

Ángela contó que nunca conoció lo que le pasó en realidad a su hijo, pero el día cuando fueron conscientes de la desaparición se tomó de la mano con Santiago y Valentina, elevaron sus súplicas a Dios, acogiéndose a la voluntad de él para enfrentar con unión la situación que fuera.

Florian Pistor, fiscal alemán quien se encargó de asumir la investigación de la misteriosa muerte de Jacobo, le manifestó a EL TIEMPO algunos de los hallazgos tras un año del suceso que despertó la solidaridad de los colombianos con la familia Montoya Vélez.

En una conversación, Pistor señaló que la Policía alemana le transfirió el caso y procedió con la investigación: "lamentablemente, no hemos podido determinar la causa de la muerte. Tampoco nos fue posible aclarar cómo el difunto entró al río".

En su relato, el fiscal agregó que tras la autopsia realizada al cadáver de Jacobo "no se encontró ninguna evidencia de violencia, envenenamiento o enfermedad que pudiera haber causado la muerte".

No se encontró ninguna evidencia de violencia, envenenamiento o enfermedad que pudiera haber causado la muerte

Para Florian Pistor, de la Fiscalía de Heidelberg, en este caso parece obvio que el joven murió por ahogamiento. Sin embargo, "no se encontraron pruebas".

Aunque la muerte de Jacobo continúa siendo un misterio, a Ángela y su familia no la mantiene en vela conocer las causas de su deceso. En dos viajes a Heidelberg no encontraron ni una pista de lo que le pudo haber pasado.

"Saber ahora o más adelante no revive a Jacobo, para nosotros es igual saber o no saber. Es un hecho que nuestro hijo ya descansa en paz en la casa de Dios"
, señaló Ángela.

La mujer, consciente del sufrimiento que vivió durante la desaparición, le envía un mensaje de fortaleza a todas las familias que viven una situación dificultosa como la que afrontó.

Para Ángela, lo más importante es mantener la fe en Dios, en que él no se equivoca y que por más dolorosa que sea la ausencia física del ser querido, el espíritu de este ser, aunque no siga con vida, siempre estará. En el caso de esta familia, lo recuerdan teniendo una buena conversación o sentado en un rincón de la casa leyendo un cuento de antigüedad o alguna de las novelas de ficción que tanto le gustaban.

CRISTIAN ÁVILA JIMÉNEZ
Redactor de ELTIEMPO.COM

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