Europa

El reto de Macron es incentivar la sociedad francesa

El domingo asume el mandatario más joven en ese país.  La elección legislativa de junio es clave.

Macron

Macron, el presidente electo de Francia, continuará la lucha interna y externa contra el terrorismo cuando estén en juego los valores históricos de Francia.

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Patrick Kovarik / AFP

08 de mayo 2017 , 11:28 p.m.

El triunfo del candidato del movimiento de centro ¡En Marcha!, Emmanuel Macron, protege a Francia y a Europa del extremismo político. 

El resultado final en la segunda vuelta reeditó el triunfo en el 2002 del expresidente Jacques Chirac contra el fundador del partido de ultraderecha Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen, y padre de la candidata Marine. En esta ocasión, Macron obtuvo el 66,10 por ciento contra el 33,90 por ciento de Le Pen.

Empero, más allá de los datos electorales que pasan a la historia de las estadísticas de estos certámenes democráticos, es necesario indicar que el triunfo de Macron tiene múltiples lecturas desde la perspectiva local.

La primera surge en el campo de los partidos políticos que quedan exangües en esta justa electoral. Tanto el partido de derecha Los Republicanos como los socialistas quedaron por fuera de la lucha por la presidencia. Esta nueva mise en scène francesa debe verse con detenimiento por ser la primera vez desde la instauración de la Quinta República en 1958 que ocurre un fenómeno de este tenor.

Un segundo aspecto tiene que ver con el compromiso que adquiere Macron de continuar la lucha contra el terrorismo islámico, luego de la oleada de ataques sufridos desde el 2015. Aún se encuentran en la retina de los franceses los atentados contra la redacción de Charlie Hebdo, el supermercado Kosher, el teatro Bataclan en París y el ataque contra civiles en la ciudad de Niza, que dejaron 239 muertos y sembraron tantas heridas y desconfianzas en el alma francesa.

Sobre esto, no solo las ciencias sociales se han encargado de explicar lo ocurrido y formular hipótesis y escenarios futuros, también dos novelas maravillosas y complejas han intentado dar cuenta de los miedos ante las nuevas sociedades totalitarias: Sumisión, del francés Michel Houellebecq (2015), y 2084, del argelino Boualem Sansal (2015).

En otros campos del conocimiento, se encuentra el inteligente libro Terreur dans l’Hexagone, genèse du djihad français, (2015) del politólogo francés Gilles Kepel, que aborda, sin caer en la malsana coyuntura, la génesis del extremismo musulmán en Francia.

Por esta razón, Macron continuará, como lo recordó en su primer discurso después de la elección, la lucha interna y externa contra el terrorismo cuando se pongan en juego los valores de Francia. Sobre eso, el nuevo jefe de Estado sabe, por su formación humanista –fue asistente de investigación del filósofo de la memoria Paul Ricoeur–, que no puede correrse el riesgo de perder la esencia francesa frente a una globalización sin rumbo y con caminos inciertos.

Esta postura alivia a la derecha y a la centroderecha y se ajusta a la política de seguridad que implementó el gobierno socialista de François Hollande y su primer ministro, ahora al lado de Macron, Manuel Valls.

(Lea: Francia y la Unión Europea respiran con el triunfo de Macron)

Un tercer asunto que Macron deberá abordar es la recuperación económica del país, que a pesar de los casi 10 años de crisis económica, no levanta cabeza. En la actualidad, la tasa de desempleo está en el 10 por ciento. Para el nuevo presidente, la meta es reducirla al 7 por ciento, renegociar las famosas 35 horas y disminuir las cargas fiscales de las empresas para incentivar la economía, sin desmantelar el histórico Estado social. La desconfianza y temor han puesto en cintura la demanda en el circuito económico.

(Además: Las bolsas de valores responden a la victoria de Macron)

Todos estos hechos han incorporado la palabra ‘crisis’ en el imaginario colectivo francés. El reto para Macron es incentivar la sociedad francesa. Recordemos que el filósofo alemán Jürgen Habermas señaló que Macron “personifica la antítesis del quietismo”. Esa lógica debe llevar a la dirección de una sociedad desorientada tras un gobierno errático de Hollande, del cual Macron formó parte y del que renunció por la multiplicidad de divergencias que encontró en su función. Macron simplemente utilizó la fórmula del disenso inventada desde hace muchos siglos.

Europa y Macron

El mundo estaba pendiente de esta elección por el riesgo de disolución de Europa que traía el triunfo de Le Pen. Un error del electorado francés y se hubiera trastocado no solamente un modelo económico y político, sino la estructura cultural que ha marcado el devenir europeo.

En el campo económico, el euro, a pesar de todas las críticas, debe preservarse a como dé lugar. Pensar en la refundación monetaria de los miembros de la Unión Europea como lo planteó Le Pen pondría de rodillas a la economía francesa.

(Además: Terrorismo y desempleo, los duros retos que enfrenta Macron en Francia)

La propuesta de Macron –fue ministro de Finanzas– se afinca en la búsqueda de una Europa cohesionada a partir de una hoja de ruta en torno a cuatro aspectos: medioambiente, industria, migración y presupuesto europeo. Este último punto, según Macron, debe ser dirigido por un ministro de la Unión experto en ese campo.

En cuanto a la inmigración, Macron la reconoce como alternativa para su país. No hay que olvidar que Francia ha sido tierra de acogida de millones de personas durante toda su historia. Esta realidad, más allá de delicuescentes análisis de la ultraderecha, debe continuar con el propósito de articular un país que requiere mano de obra y talento, y así pensar en una Francia multicultural y plural.

Del mismo modo, la solidaridad frente a miles de inmigrantes debe llevar a que Alemania y Francia profundicen sus lazos, dejando que su liderazgo le permita a Europa enfrentar estos nuevos desafíos. Allí, en esos encuentros, estos dos países deberán concitar el respaldo de los miembros de la UE para concretar la salida del Reino Unido, poniéndole coto al aplazamiento gestionado desde Londres por la limitada primera ministra Theresa May, y encabezar una coalición europea para hacerles frente a la situación en Siria y a las complejas y tensionantes relaciones con Rusia y Turquía.

Por el lado del medioambiente,Macron lo pone al frente de sus prioridades. En efecto, el compromiso logrado en París en el 2016 –COP-21– debe llevar a Francia a liderar este tema, sobre todo, tomando en consideración la llegada a la presidencia en Estados Unidos de Donald Trump, quien es reticente a toda propuesta de mejorar el medioambiente a través de intervenciones estatales.

Ultraderecha en ascenso

Pero no solo caben esperanzas en esta elección. También está el aumento de la votación de Marine Le Pen. El 33,93 por ciento es una alarma respecto al crecimiento que ha tenido ese partido en el espectro electoral francés. Recordemos que en ninguna elección, el partido de ultraderecha y antieuropeo había conseguido estar por encima del 30 por ciento. Del mismo modo, se presentó la segunda tasa de abstención más alta en una segunda vuelta presidencial luego de 1969: 24,89 por ciento. Estos datos plantean dos explicaciones.

La primera tiene que ver con el desencanto de los partidos tradicionales, que han aburrido a sus electores con movimientos timoratos en temas económicos, gestión del terrorismo interno y en su manejo de Europa, lo que ha llevado a que un grupo importante de franceses busque en salidas extremas la solución a sus problemas. La fórmula ya existe. Un poco de posverdad, otro poco de pesimismo y una generación masiva de temor al porvenir y el daño se causa con facilidad. De eso ya fuimos conscientes en Estados Unidos y el Reino Unido.

La segunda razón es el aumento del nacionalismo, la xenofobia y la aporofobia –odio a los pobres–, que invita al cierre de fronteras por encima de ideas de globalización. De nuevo, como recordaba Stefan Zweig y Bertrand Russell, el nacionalismo y la exclusión comienzan a ser los temas de moda. En esencia, un debate reeditado entre el liberalismo y el antiliberalismo que se gestiona académicamente con la división de derecha e izquierda, recordado en su momento por el profesor italiano Norberto Bobbio.

Más allá de estas explicaciones, lo cierto es que es muy apremiante que un 34 por ciento del electorado opte por una tendencia que ataca lo que en Francia se denomina el ‘pacto republicano’.

Quinta República

Queda, entonces, una sociedad francesa preocupada por el aumento de los sufragios por el Frente Nacional, pero también activada por un gobierno de centro que buscará, como lo intentó hace 4 años el centrista François Bay-rou, equilibrar la balanza entre socialistas y republicanos. La idea de proteger a Francia por virtud de la defensa de una idea republicana fue constatada con esta elección. Francia sigue siendo el motor europeo y sus valores continúan irradiando al mundo entero. Ahora los ojos se ponen en las elecciones parlamentarias del próximo junio, donde de nuevo los movimientos y partidos políticos pondrán todas sus cartas en la mesa para hacerle frente a Macron y así dibujar mayorías partidistas.

Lo evidente es que la negociación política de Macron será la regla y no la excepción.
Sin embargo, el más joven presidente de la historia de la República francesa no podrá eludir sus bases, a los jóvenes y a quienes aburridos de lo mismo recuerdan las palabras del director de Mediapart, Edwy Plenel, en su libro Dire nous (2016): “Tienten, persistan, perseveren, sean fieles a ustedes mismos, enfrenten las catástrofes y al poder injusto, manténganse de pie”.

Ese mensaje lo tienen los electores, Macron lo sabe.

El presidente electo debe ampliar su base de centro en las legislativas

París (Reuters). Cuando asuma el próximo domingo como el presidente más joven en la historia de Francia, Emmanuel Macron, de 39 años, enfrentará el desafío inmediato de conseguir una mayoría en las elecciones parlamentarias del 11 y 18 de junio para tener la oportunidad de implementar sus planes de reducir el gasto estatal y reformar los sistemas tributario, laboral y de pensiones. Luego de que los dos principales partidos del país –Los Republicanos de centroderecha y los socialistas– no lograron llegar a la segunda vuelta, las posibilidades del mandatario electo de conseguir una mayoría que le permita llevar a cabo sus promesas electorales dependerán de que pueda ampliar su base de centro.

Este lunes, miembros claves del ala centrista de Los Republicanos parecían dispuestos a trabajar con Macron, a pesar de que los líderes del partido llamaban a la unidad para oponerse al nuevo presidente.

Le Pen, en tanto, invitó a “todos los patriotas a unirse a nosotros” para constituir una “nueva fuerza política”.

Igualmente, Macron dejó ayer la presidencia de su movimiento ¡En Marcha!, que cambiará su nombre por el de ‘La República en marcha’.

FRANCISCO BARBOSA
* Ph. D. en Derecho Público, Universidad de Nantes (Francia); investigador y docente de la Universidad Externado de Colombia.

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