Europa

Las razones del mal momento que pasa el socialismo europeo

No gobiernan en los países más influyentes y, elección tras elección, pierden más votos.

François Hollande, expresidente de Francia

El Partido Socialista, del expresidente François Hollande, perdió gran apoyo en las elecciones pasadas.

Foto:

Eric Feferberg / AFP

21 de mayo 2017 , 12:00 a.m.

Tras las recientes elecciones en Francia, en las cuales el Partido Socialista (PS), al que pertenece el expresidente François Hollande, sufrió una debacle histórica al no lograr ubicar a su candidato en la segunda vuelta, se puede observar una tendencia que se generaliza cada vez más en Europa: los partidos socialdemócratas o de izquierda moderada pierden la popularidad de la que habían gozado.

El panorama electoral parece confirmar esta hipótesis. En Alemania, el partido Unión Democrática Cristiana (CDU), de la canciller Angela Merkel, ya le tomó ventaja al Partido Socialdemócrata (SPD) en las elecciones regionales, lo que marca un descenso importante en los resultados que obtuvo este partido en 2012.

En el Reino Unido, la campaña del controvertido líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, ha causado revuelo por sus propuestas radicales en torno a las privatizaciones y los incrementos de impuestos, pero no ha logrado recoger un electorado suficiente como para derrotar al partido conservador, de la actual primera ministra Theresa May.

Y, en el caso de España, el Partido Socialista Obrero Español (Psoe) ha visto cómo su fuerza en el Congreso ha disminuido por la falta de votos desde el 2010, y aunque mantiene una participación importante en el Parlamento, nuevos movimientos le han ido quitando terreno en las elecciones, como Unidos Podemos. Por ejemplo, mientras en 2011 tenían 110 diputados, en 2016 apenas obtuvieron 85.

La conformación de estos partidos ha llevado a una división interna que no les ha permitido construir una verdadera base

La clave está en identificar el origen de la crisis, pues aunque hay una tendencia general, obviamente en cada país se dan particularidades.

El profesor Leo Panitch, de la Universidad de York, aseguró a EL TIEMPO que “la conformación de estos partidos ha llevado a una división interna que no les ha permitido construir una verdadera base”.

La necesidad que tuvieron de acoplarse a un sistema liberal los llevó a cambiar sus programas y a reunir personas de diferentes tendencias políticas, por lo que la base socialista que los caracterizaba se fue suavizando, convirtiéndolos en socialdemócratas.

Además, el profesor de la canadiense Memorial University Steven Wolinetz manifestó a este diario que el contexto de la Unión Europea no ha favorecido a estos partidos, ya que las restricciones que les “imponen a los Estados miembros no les permiten a los socialdemócratas en el poder llevar a cabo medidas diferenciales de la economía mixta”. Estas convicciones, aunque les trajeron nuevos electores, también afectaron su base tradicional.

“Las clases trabajadoras, que eran la base electoral del socialismo, perdieron la confianza en estos partidos”, aseguró Panitch.

También es claro que esta base electoral, que antes apoyaba las políticas de igualdad de los partidos tradicionalmente socialistas, ha cambiado de lado con el discurso de los populistas.

Para Panitch, esto es lo que ha fortalecido a estos movimientos en Europa, ya que debido a los discursos del miedo han cambiado las prioridades de las clases trabajadoras. “El miedo a perder su empleo y su estabilidad económica se ve representado en un discurso antiinmigrante”, apuntó el analista.

Respecto al panorama internacional, existe una tendencia a igualar el surgimiento de los movimientos populistas de Europa con el del actual presidente de EE. UU., Donald Trump, pero, aunque existen similitudes en el discurso, los movimientos europeos vienen de tiempo atrás.

Según Wolinetz, aunque es un nuevo actor que ha cambiado la dinámica política de EE. UU., todavía “no es posible” determinar el impacto que este ha tenido sobre los movimientos populistas europeos, ya que los temas de antiinmigración y antiglobalización vienen siendo un factor común en la política europea desde el siglo pasado.

Uno de los ejemplos más claros es la trayectoria del Frente Nacional en Francia, ya que, no obstante haberse transformado a lo largo de los años, lleva consigo una carga ideológica que no ha cambiado desde su fundación en 1973.

Sin embargo, aunque la crisis de los partidos se ha dado de forma coyuntural, también es claro que cada país tiene circunstancias que los diferencian.

El PS, según Wolinetz, ha “prometido más de lo que puede cumplir”, y, en el caso del Reino Unido, Corbyn ha intentado llevar a los Laboristas, un partido que nunca se ha catalogado como socialista, a un extremo que lo va a alejar de una victoria frente al conservadurismo de May.

Por su parte, en Alemania, el SPD se encuentra mejor posicionado, pero –señaló Panitch– esto no se debe a su estabilidad política, sino a la fortaleza de la economía alemana, que, a diferencia de la de sus vecinos, no se ha enfrentado a una recesión significativa, como en Francia o España.

Sin embargo, los analistas señalan que la tendencia de los socialistas a perder más apoyo va a continuar si no logran unirse internamente para recuperar su base electoral.

JORGE ENRIQUE GÓMEZ
Escuela de Periodismo Multimedia de EL TIEMPO

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