Europa

La pobreza: la bomba de tiempo de Europa

En una sociedad desigual, tener menos no significa carecer de medios para vivir dignamente.

Pobreza

La pobreza representa una forma extrema de polarización de la renta, pero no es lo mismo que la desigualdad.

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Project Syndicate

19 de febrero 2018 , 09:05 a.m.

Los pobres a menudo no deciden las elecciones en el mundo avanzado; y, sin embargo, ellos están siendo cortejados fuertemente en la actual campaña electoral de Italia. El ex primer ministro Silvio Berlusconi, el líder de Forza Italia, ha propuesto una “renta de dignidad", mientras que Beppe Grillo, el comediante y líder en la sombra del Movimiento 5 Estrellas, también ha pedido una “renta de ciudadanía”.

Ambas propuestas – que implicarían pagos mensuales generosos para los desfavorecidos – son cuestionables en términos de su diseño. Pero, estas propuestas, por lo menos, arrojan luz sobre el problema que se agrava rápidamente respecto a la pobreza generalizada a lo largo de toda Europa.

La pobreza representa una forma extrema de polarización de la renta, pero no es lo mismo que la desigualdad. Incluso en una sociedad profundamente desigual, aquellos que tienen menos no necesariamente carecen de los medios para vivir una vida digna y satisfactoria. Pero, aquellos que viven en la pobreza sí carecen de dichos medios, porque sufren de exclusión social total, y hasta pueden llegar a la indigencia absoluta. Aún en las economías avanzadas, los pobres a menudo carecen de acceso al sistema financiero, y luchan arduamente por pagar alimentos o servicios públicos, y mueren prematuramente.

Por supuesto, no todos los pobres viven tan miserablemente. Pero muchos lo hacen, y en Italia su peso electoral se ha tornado en innegable. Casi cinco millones de italianos, o aproximadamente el 8 % de la población, tienen que luchar arduamente por comprar bienes y servicios básicos. Y, en solo una década, esta cohorte casi se ha triplicado en tamaño, concentrándose particularmente en el sur del país. Al mismo tiempo, otro 6 % vive en pobreza relativa, lo que significa que no tiene suficientes ingresos disponibles para beneficiarse del nivel de vida promedio del país.

La situación es igualmente preocupante a nivel continental. En la Unión Europea en el año 2016, 117,5 millones de personas, o aproximadamente un cuarto de la población, se encontraban en riesgo de caer en la pobreza o en un estado de exclusión social. Desde el año 2008, Italia, España y Grecia han sumado casi seis millones de personas a ese total, mientras que en Francia y Alemania la proporción de la población que es pobre se ha mantenido estable, en alrededor del 20 %.

Tras la crisis financiera del año 2008, la probabilidad de caer en la pobreza aumentó de manera general, pero aumentó especialmente entre los jóvenes, debido a los recortes en los beneficios sociales no relacionados con las pensiones y por una tendencia en los mercados laborales europeos relacionada a preservar los empleos para quienes ya son parte de la compañía. Desde el 2007 al 2015, la proporción de europeos entre 18 y 29 años de edad en riesgo de caer en la pobreza aumentó del 19 % al 24 %; para los mayores de 65 años, cayó del 19 % al 14 %. La proporción de jóvenes que ahora experimentan privaciones materiales severas, en el 12 % de la población total, es casi el doble que la de los ancianos. Como Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional, señaló en la reunión del Foro Económico Mundial en Davos este año, los jóvenes europeos “están poniendo sus sueños en espera”.

Aunque la actual recuperación económica podría en parte revertir la tendencia en la pobreza juvenil, los factores estructurales que subyacen al problema se mantendrán. Las habilidades de los trabajadores pueden deteriorarse irreparablemente durante periodos de desempleo de larga duración, o pueden repentinamente tornarse obsoletas debido a los rápidos avances en la tecnología. Para muchas personas pobres, volver a unirse a la fuerza de trabajo será imposible o les exigirá que se conformen con empleos precarios y mal remunerados que los hacen vulnerables a la próxima recesión. Según la OCDE, el 14 % de la población en edad laboral en España y Grecia en los últimos años está empleada, pero aún vive en pobreza.

En las sociedades desiguales, los recursos se pueden redistribuir de los muy ricos al resto a través de impuestos progresivos, transferencias monetarias y topes salariales. Pero, eliminar la pobreza requiere algo más que la mera reasignación del pastel económico. Los pobres también deben ser empoderados nuevamente y reintegrados en sociedades que los han empujado a los márgenes. En definitiva, no es sólo un asunto de estabilidad política y equidad económica, sino es un asunto de dignidad humana.

De cara al futuro, los Estados de bienestar de Europa necesitarán reformarse para abordar las realidades actuales. Los ancianos ya no son los miembros económicamente más vulnerables de la sociedad europea, pero aún reciben la porción más grande del pastel. Los gobiernos deberían reducir los beneficios de las pensiones para favorecer de los pobres, los desempleados y los jóvenes. Estos tres grupos, que a menudo se superponen, tienen una necesidad desesperada de asistencia financiera, capacitación y políticas favorables a la familia.

Los gobiernos europeos también deberían revisar sus sistemas impositivos para hacer que los trabajadores de mayor edad contribuyan más, así como deberían ofrecer incentivos fiscales a las empresas que contratan trabajadores desfavorecidos y deberían avanzar hacia el establecimiento de un esquema de seguro de pobreza en toda la UE. Y, los empresarios y las empresas privadas deberían invertir más en programas sociales en las comunidades donde están activos.

Si bien Berlusconi (quien no puede postularse para un cargo) y Grillo se han enfocado en el problema de la pobreza, las soluciones que ellos proponen no son nada más que soluciones a corto plazo. Un esquema de renta básica podría brindar algún alivio financiero inmediato a los pobres, pero no abordaría las causas estructurales de la pobreza. Peor aún, dado que ninguna propuesta alienta seriamente a los desempleados a buscar trabajo o programas de capacitación, los pobres podrían terminar dependiendo de la asistencia estatal por siempre. Y, no es como si tales políticas fueran neutrales al presupuesto. Por el contrario, tendrían que ser financiadas por aumentos de impuestos políticamente impopulares o recortes de gastos.

Aun así, tal como Berlusconi y Grillo han dejado en claro, los líderes europeos ya no pueden darse el lujo de ignorar el problema de la pobreza. Tendrán que ofrecer soluciones reales, no esquemas simplistas. Tal como las élites ajenas a la realidad a menudo aprenden a la mala, los pobres aguantarán su suerte, sólo por un período de tiempo determinado.

EDOARDO CAMPANELLA
Edoardo Campanella is a Future of the World Fellow at the Center for the Governance of Change of IE University in Madrid.
Traducción del inglés: Rocío L. Barrientos.

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