Europa

Experimentos con seres vivos, último escándalo que sacude a Volskwagen

Denunciaron supuestos encargos para probar en primates efecto en la salud del dióxido de nitrógeno.

Investigación a Volskwagen

La compañía alemana es señalada de haber realizado experimentos en primates y seres humanos

Foto:

Fabian Bimmer / Reuters

03 de febrero 2018 , 10:00 p.m.

La credibilidad de la industria automotriz alemana volvió a quedar en duda esta semana, por cuenta de un nuevo escándalo que podría superar al que la sacudió en el 2015, cuando se descubrió el uso abusivo de ‘software’ para manipular las emisiones de gases contaminantes por parte de Volskwagen, el mayor fabricante automotor de Europa y el tercer gigante a nivel mundial, después de Toyota y General Motors.

Ese mismo coloso junto con dos más de su misma talla, Daimler y el Bayerische Motoren Werke (BMW), fueron culpados de supuestamente haber encomendado la realización de experimentos en primates y seres humanos, para intentar comprobar el bajo efecto nocivo para la salud en seres vivos del dióxido de nitrógeno (NO2), que se genera en los procesos de combustión a altas temperaturas de vehículos motorizados. La conjetura sobre la supuesta decisión tomada por los altos ejecutivos de Volskwagen, BMW y Daimler fue lanzada el pasado martes por ‘Stuttgarter Zeitung’, un periódico de provincia, en un informe complementario a la información sobre los experimentos en primates que había publicado un día antes el’ New York Times’.

Después del gran debate generado en Alemania, Stefan Seibert, el portavoz de la canciller alemana, Ángela Merkel, anunció el miércoles la explícita condena del Gobierno y exigió abrir investigaciones.

Para ese momento, ya habían comenzado a rodar cabezas de directivos de los consorcios envueltos en las acusaciones. El primero en caer fue Thomas Steg, el jefe de lobistas de Volkswagen, viejo conocido de los barones electorales del partido Socialdemócrata SPD, cuya hoja de vida está ligada a la del excanciller Gerhard Schroeder y a la de Merkel, pues él manejó la información del Gobierno germano en calidad de vocero adjunto, entre 2002 y 2009.

Azarado y tembloroso, Steg ofreció su cabeza públicamente y afirmó estar en capacidad de asumir toda la responsabilidad sobre el escándalo, pero negó que Volkswagen haya participado o pedido experimentos en humanos.

Niegan acusaciones

A la cabeza de Steg le siguieron las de otros dos altos ejecutivos, Udo Hartman y Franz Hansen, quienes fungieron hasta el jueves como jefes de los departamentos de medioambiente y modalidad urbana de Daimler y BMW, respectivamente.

Al igual que Steg, los dos ejecutivos negaron los experimentos en humanos y aceptaron la “posibilidad de que sí se hayan producido experimentos en primates”.

Con la polémica, la mirada colectiva se dirigió al Hospital Universitario de la ciudad de Aquisgrán –un municipio del Estado Federado de Renania del Norte Westfalia–, centro de investigaciones médicas nombrado por el ‘Stuttgarter Zeitung’ como el epicentro de los experimentos en humanos.

El diario se refirió al Instituto para las investigaciones de salud laboral y medioambiental, dirigido por el científico Thomas Kraus, quien en el transcurso de la semana logró comprobar que su personal y sus estudios no tenían nada que ver con la industria automotriz, sino con una examinación, aprobada por el comité de ética médica de Alemania, que buscaba determinar el efecto de la exposición de mínimas cargas de NO2 en lugares de trabajo.

“Este estudio publicado y dado a conocer por el Hospital Universitario, en 2016, se realizó entre 2013 y 2014 y consistió en la exposición por espacio de tres horas a cargas de NO2, comprobadamente menores de las que pueden medirse en oficinas u otros puestos de trabajo. En el estudio, participaron 25 estudiantes de medicina voluntarios, cuyo estado de salud no fue puesto en riesgo”, afirmó.

El comité ético de Alemania corroboró la información suministrada por el científico y despejó dudas e interrogantes sobre el instituto y su supuesta colaboración en experimentos a beneficio de la industria privada.

Desvirtuada esa grave conjetura, el ‘Stuttgarter Zeitung’ se defendió de su error descubriendo que, en realidad, el estudio publicado por los científicos estatales de Aquisgrán habría sido utilizado malintencionadamente por la industria automotriz alemana, como parte de su campaña de lobby, para intentar convencer a la opinión pública del efecto poco nocivo para la salud de los escapes de diésel.

Esa campaña está en manos de la Asociación de Investigadores para el Medio Ambiente y la Salud en el Sector Transportador, un ente privado creado en 2007 y financiado por Volkswagen, Daimler y BMW cuya sede se encuentra en Berlín.

El abuso del estudio científico, debidamente autorizado y transparentemente publicado, fue incluido por la asociación como parte de su portafolio de documentos en defensa de sus automotores operados con diésel.

No obstante, el lobby descomunal y las diversas campañas manipulativas, la prohibición es inminente para Berlín y 25 ciudades alemanas, a partir del segundo semestre del 2018, y será sellada en febrero por el tribunal alemán.

Con respecto a los experimentos en primates, el ‘New York Times’, el diario ‘Bild’ de Berlín y el ‘Suddeutsche Zeitung’ de Münich constataron que sí tuvo lugar y fue encargado y pagado por la asociación de lobistas de Volskwagen, Daimler y BMW.

Durante el mismo, 10 macacos habrían sido sometidos a cuatro horas de exposición continua a escapes de diésel, en diferentes grados de concentración durante cerca de un mes. “Los macacos estaban encerrados en jaulas y, mientras inhalaban las descargas, eran entretenidos con películas de dibujos animados. Nadie sabe, hasta el momento, lo que pasó después con ellos”, publicó ‘Bild’, al citar un informe confidencial de los tres gigantes automotrices.

PATRICIA SALAZAR FIGUEROA
Corresponsal de EL TIEMPO
Berlín (Alemania)

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