Europa

Angela Merkel dice que ya no confía en Estados Unidos y el Reino Unido

Sin mencionar a Donald Trump, la Canciller dijo que Europa debe luchar por su propia cuenta.

Donald Trump y Angela Merkel

Sin mencionar a Donald Trump, Angela Merkel, la canciller alemana, dijo que los tiempos de confianza con los aliados están terminando.

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Miguel Medina / AFP

29 de mayo 2017 , 12:00 a.m.

Europa ya no puede confiar completamente en sus aliados, dijo este domingo la canciller alemana, Angela Merkel, destacando las heridas que dejaron las reuniones de los países del G-7 y de la Organización del Atlántico Norte (Otán) realizadas el fin de semana.

Merkel no mencionó directamente al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien criticó a países aliados de su país en la Otán y se negó a aprobar un acuerdo global sobre cambio climático, aunque dijo que los días en que Europa podía contar con otros estaban “terminando”. “Lo he experimentado en los últimos días. Los europeos tenemos de verdad que tomar nuestro destino con nuestras propias manos; por supuesto, en amistad con Estados Unidos, con Reino Unido y, como buenos vecinos, donde sea posible también con otros países, incluso con Rusia”, agregó Merkel en una cervecería repleta en Múnich.

“Pero tenemos que saber que debemos luchar por nuestro futuro por nuestra cuenta, por nuestro destino como europeos”, sostuvo la canciller en el marco de un acto de campaña de cara a las elecciones federales de septiembre.

La cumbre de dos días del G-7 realizada en Italia enfrentó a Trump con los líderes de Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, Canadá y Japón en varios asuntos.

El mandatario estadounidense respaldó el sábado el compromiso de luchar contra el proteccionismo al final del G-7, pero se negó a respaldar el pacto climático, diciendo que necesitaba más tiempo para decidirlo.

Y en la cumbre de la Otán realizada el jueves, Trump intensificó sus acusaciones acerca de que algunos países de la alianza militar no están gastando lo suficiente en defensa y advirtió sobre más ataques como el perpetrado en Mánchester el lunes de la semana pasada, a menos que la alianza haga más para detener a los yihadistas.

Dura realidad

En Sicilia, Donald Trump escuchó los complejos debates del G-7 sobre comercio y cambio climático, sonrió ante las cámaras y se abstuvo en gran medida de enviar tuits provocativos. En Bruselas, no obstante, criticó a los socios de la Otán por no gastar más en defensa, empujó al primer ministro de Montenegro y reanudó sus ataques contra el superávit comercial de Alemania con Estados Unidos.

Los aliados de Estados Unidos fueron testigos de las dos caras de Trump en su primer viaje al extranjero como presidente, una gira de nueve días que comenzó con un baile de espadas en Arabia Saudita y vagas promesas en Israel de llevar la paz a Oriente Medio.

Mientras Trump se dirigía de vuelta a casa, los líderes europeos se quedaban con sentimientos encontrados: alivio por la paciencia que mostró al escuchar sus argumentos e inquietud por una figura a lo Jekyll y Hyde que aún trata de encontrar su propio estilo en los grandes asuntos políticos.

“Todo encaja con su visión estratégica de ambigüedad en la vida”, dijo Julianne Smith del Centro para una Nueva Seguridad Americana. “Puede hacer maravillas cuando se trata de adversarios, pero no funciona cuando se trata de aliados”, añadió.

Los líderes del G-7 no lograron despejar las diferencias con el gobierno de Trump sobre relaciones comerciales, los vínculos con Rusia y el cambio climático.

El comunicado final del G-7 reconoció una división entre Estados Unidos y sus seis socios en lo relacionado con el cumplimiento del acuerdo de París de 2015 sobre cambio climático. Sin embargo, en cuestiones comerciales, Trump se inclinó ante la presión de los aliados para mantener una promesa de luchar contra el proteccionismo. Y en cuanto a Rusia, no insistió en eliminar –como algunos aliados habían temido– la amenaza de sanciones adicionales por la intervención de Moscú en Ucrania. “Lo encontré muy dispuesto a participar, muy curioso, con capacidad y ganas de hacer preguntas y aprender de todos sus interlocutores”, dijo el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, anfitrión de la cumbre del G-7.

Las críticas más duras contra Trump se reservaron para la aparición del mandatario en la sede de la Otán en Bruselas, que fue calificada de “desastre” por más de un funcionario europeo.

Mientras los líderes de los países socios de la Otán permanecían detrás de él como colegiales, Trump los reprendió por no gastar más en defensa y repitió la acusación de que algunos miembros debían “grandes cantidades de dinero”, aunque las contribuciones de los países aliados son voluntarias.

La aparición de Trump en Bruselas fue particularmente dolorosa para los alemanes, que después de meses de estrechos contactos con el presidente estadounidense –entre ellos la invitación de Merkel a su hija Ivanka para participar en una cumbre femenina del G-20 en Berlín– se vieron atacados por él.

Trump criticó el superávit comercial de Alemania en una reunión privada con altos cargos de la Unión Europea. “Si Trump quiere ir por el camino de aislamiento, solo acelerará el ascenso de China a la cima”, sostuvo un alto funcionario alemán.

REUTERS

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