Europa

El barniz de Marine Le Pen / Análisis

Marine Le Pen ha eclipsado a su padre, al convencer al 21,3 por ciento de los votantes franceses.

Marine Le Pen, candidata a la presidencia en Francia

La candidata de la extrema derecha, Marine Le Pen.

Foto:

Ian Lansgsdon / EFE

06 de mayo 2017 , 11:22 p.m.

Recuerdo vívidamente la primera aparición televisiva de la candidata presidencial Marine Le Pen. Fue apenas antes de la campaña presidencial del 2002 y yo tenía que moderar un debate en la televisión pública francesa. Para un equilibrio político, necesitábamos un representante del Frente Nacional (FN), de extrema derecha, por entonces encabezado por el padre de Le Pen, Jean-Marie. Bruno Gollnisch, director de la campaña de Jean-Marie y su aparente heredero, rechazó nuestra invitación y ofreció, en cambio, enviar a Marine.

Fue obviamente una treta que Gollnisch le jugó no solo a un medio considerado hostil, sino también a la propia Le Pen, una rival con la que se sentía molesto porque, en su opinión, había sido indebidamente promovida por su padre en el aparato del FN.

Le Pen era una abogada de 33 años prácticamente desconocida y con poca experiencia, aunque con un instinto evidente para las frases de impacto. Al final, el plan de Gollnisch quizás produjo un efecto indeseado: a los pocos días, el titular en una revista semanal decía: ‘¿Qué hay de nuevo en el FN? ¡Marine!’

El 21 de abril del 2002 (una fecha que todavía resuena en la memoria política francesa), Jean-Marie Le Pen, de 73 años, recibió el 17 por ciento de los votos en la primera ronda de la elección presidencial, dejando fuera de la segunda ronda al ex primer ministro socialista Lionel Jospin. Pero ciudadanos de todas las tendencias luego votaron en contra de Le Pen en un llamado ‘frente republicano’, lo que le dio al candidato conservador Jacques Chirac una victoria contundente.

Quince años más tarde, Marine Le Pen ha eclipsado a su padre, al convencer al 21,3 por ciento de los votantes franceses de elegirla para el Palacio del Elíseo. Pero, para ganar la segunda vuelta tendrá que derrotar a Emmanuel Macron, el candidato de centro que terminó delante de ella en la primera. No le resultará más fácil de lo que le resultó a su padre. Considerando que tanto el republicano François Fillon como el socialista Benoît Hamon salieron a apoyar a Macron después de la primera vuelta, podría estar gestándose otro ‘frente republicano’, aunque de menor escala. Pero Le Pen es dura y una gran creyente en su propio destino. Sus esfuerzos por modernizar la imagen del FN ya lo han transformado, al pasar de ser un movimiento marginal para convertirse en una fuerza política importante. Aunque abandonó su intención de rebautizarlo como ‘Bleu Marine’ (Azul Marina), debido a la atracción del nombre original entre sus votantes de más edad, esa estrategia refleja el culto a la personalidad que ha alimentado, caracterizado por la eliminación del disenso y hasta de su propia sobrina, Marion Maréchal Le Pen, una estrella política en ascenso.

El éxito de Le Pen refleja un tipo de lavado ideológico, que ha llevado adelante con su asesor más cercano, Florian Philippot, un refinado conocedor de los medios. En verdad, la dupla ha revestido al FN con varias capas de pintura fresca.

Desde temprano, Le Pen hizo campaña como su padre: utilizó su estructura pesada y su ceño fruncido para intimidar a los oponentes, forzó su voz de fumadora para hacer conocer su punto de vista y nunca jugó ‘la carta de la mujer’. Pero descubrió que podía desempeñar otro papel. Más delgada, mejor vestida y con un tono más suave, desarrolló una suerte de carisma que le permitió llegar a una variedad más amplia de seguidores, desde jóvenes desempleados hasta la clase media desencantada; desde policías preocupados por perder el control hasta segundas y terceras generaciones de inmigrantes que quieren cerrarles las puertas de Francia a los extranjeros.

El proceso de ‘desdemonización’ del FN exigió que Le Pen abandonara no solo la retórica pestilente transmitida por su padre, sino también a su propio padre.

En el verano del 2015, Marine expulsó a Jean-Marie del partido que él mismo fundó en 1972.

Por supuesto, aun si Le Pen ha abandonado los pronunciamientos antisemitas, la nostalgia por la Francia de Vichy, las reminiscencias orgullosas de la guerra de Argelia y hasta a su propio padre, ha seguido alimentando la hoguera populista. Hizo campaña en contra de la inmigración, el islam, la globalización, el multiculturalismo, la Otán, las élites, el “sistema”, los mercados, los medios y, por sobre todo, la Unión Europea.

No importa que esté siendo investigada por malversación de fondos públicos.

Para muchos franceses, la angustia por el estatus, el enojo por la situación económica y el miedo al terrorismo son mucho más importantes.

Le Pen también se ha esforzado en fortalecer su estatus internacional. En enero esperó en vano en Nueva York con la esperanza de ser abrazada por Donald Trump, un hombre que, según ella, copió parte de su fórmula política para ganar la presidencia de Estados Unidos. Y en Moscú se reunió con el presidente ruso, Vladimir Putin.

Al frente de las encuestas de opinión semana tras semana, Le Pen y su nuevo FN parecían haberle encontrado la vuelta. Pero el barniz comenzó a cuartearse hace unas semanas. Sus mítines se volvieron más eléctricos y su discurso, más brutal. En la misma sintonía que su padre, negador del Holocausto, dijo que Francia no era responsable por deportar judíos a los campos de concentración nazis. ¿Fue un lapsus, fatiga de campaña o un intento deliberado por garantizarles a los viejos militantes del FN que la jefa no se descarriló?

Sea como fuere, unos 7,6 millones de votantes han reconocido a Le Pen como la persona correcta para liderar a Francia (un total probablemente favorecido por un atentado terrorista en los Campos Elíseos tres días antes de las elecciones). Y si bien su combinación de reformulación y demagogia probablemente no sea suficiente para garantizarle la presidencia, Le Pen ya logró transformar el rostro y la psiquis de Francia durante un largo tiempo por venir.

CHRISTINE OCKRENT
Exdirectora ejecutiva de France24 y Radio Francia Internacional
© Project Syndicate
París

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