Europa

¿Es Marx todavía relevante? / Análisis

Una mirada analítica sobre Marx en las reflexiones del experto profesor Peter Singer.

Karl Marx

El 5 de mayo se conmemoró el bicentenario del nacimiento de Karl Marx.

Foto:

Gerard Julien / AFP

06 de mayo 2018 , 12:07 a.m.

Entre 1949, cuando los comunistas de Mao Zedong ganaron la guerra civil en China, y la caída del Muro de Berlín, 40 años después, la importancia histórica de Karl Marx fue máxima.

Casi cuatro de cada diez personas en la Tierra vivían bajo gobiernos que se decían seguidores del marxismo, que también era la ideología dominante de la izquierda en otros países; en tanto, las políticas de la derecha se basaban a menudo en cómo contrarrestarlo. Pero tras la caída del comunismo en la Unión Soviética y sus satélites, la influencia de Marx se desplomó

En el bicentenario del nacimiento de Marx (5 de mayo) no es muy aventurado afirmar que sus predicciones han sido desmentidas, que sus teorías están desacreditadas y que sus ideas se han vuelto obsoletas. Entonces ¿por qué debería interesarnos su legado en el siglo XXI?

La reputación de Marx quedó muy dañada por las atrocidades cometidas por regímenes que se decían marxistas. Pero la razón principal de la caída del comunismo fue que, en la forma en que se lo practicó en el bloque soviético y en la China de Mao, no pudo proveer a la gente un nivel de vida comparable al de la mayoría de las personas en las economías capitalistas.

Estos fracasos no se deben a defectos en la descripción del comunismo según Marx, porque jamás hizo tal descripción: no mostró el menor interés en los detalles de cómo funcionaría una sociedad comunista. Se originan más bien en una falla más profunda: la concepción errada que tenía Marx de la naturaleza humana.

Marx pensaba que el ser humano no tiene una naturaleza inherente o biológica. Según escribió en las Tesis sobre Feuerbach, la esencia humana es “el conjunto de las relaciones sociales”; de modo que si se modifican las relaciones sociales (por ejemplo, cambiando la base económica de la sociedad y aboliendo la relación entre el capitalista y el trabajador) las personas de la nueva sociedad serán muy diferentes a como eran bajo el capitalismo.

Marx pensó que en cuanto los trabajadores poseyeran colectivamente los medios de producción, las “fuentes de la riqueza cooperativa” manarían más abundantemente que las de la riqueza privada; tan abundantemente, de hecho, que el reparto de la riqueza dejaría de ser un problema.

Con la Unión Soviética quedó demostrado que la abolición de la propiedad privada de los medios de producción no cambia la naturaleza humana. La mayoría de los seres humanos, en vez de consagrarse al bien común, seguirán buscando poder, privilegios y lujos para sí mismos y para sus allegados. Irónicamente, la prueba más clara de que las fuentes de la riqueza privada manan más abundantemente que las de la riqueza colectiva puede verse en la historia del único país importante que todavía se proclama seguidor del marxismo.

Bajo Mao, la mayoría de los chinos vivían en la pobreza. La economía de China solo comenzó a crecer rápidamente después de 1978, cuando el sucesor de Mao, Deng Xiaoping (que había dicho que “no importa que el gato sea blanco o negro, lo que importa es que cace ratones”), permitió la creación de empresas privadas. Las reformas de Deng sacaron de la extrema pobreza a 800 millones de personas, pero crearon una sociedad con más desigualdad de ingresos que cualquier país europeo (y mucho más que Estados Unidos).

Pero su influencia intelectual se mantiene. La enseñanza más importante de la visión marxista de la historia es negativa: que la evolución de las ideas, las religiones y las instituciones políticas no es independiente de las herramientas que usamos para la satisfacción de nuestras necesidades, ni de las estructuras económicas que organizamos en torno de esas herramientas ni de los intereses financieros así creados. Si parece una perogrullada, es porque ya hemos internalizado esa idea; y en ese sentido, hoy todos somos marxistas.

PETER SINGER*
© Project Syndicate
* Profesor de bioética en la Universidad de Princeton, y fundador de la organización sin fines de lucro The Life You Can Save.

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