Europa

Una elección crucial para Francia y para el resto de Europa

Sondeos dicen que la ultraderecha perderá, pero la abstención preocupa.

Marine Le Pen y Emmanuel Macron

La candidata de la extrema derecha Marine Le Pen y el candidato liberal centrista Emmanuel Macron.

Foto:

Guillaume Souvant y Eric Feferberg / AFP

06 de mayo 2017 , 11:10 p.m.

El candidato liberal centrista Emmanuel Macron, del movimiento En Marcha, es el favorito para ganar la segunda vuelta de las elecciones en Francia ante la candidata de la extrema derecha Marine Le Pen y podría convertirse, a los 39 años, en el presidente más joven de la historia del país.

Es así como una sorpresa de última hora estilo Trump o ‘brexit’ en estas elecciones parece improbable de acuerdo con los sondeos que acertaron con bastante precisión los resultados de la primera vuelta. Las cifras finales se ajustaron a las tendencias que los encuestadores habían venido revelando desde hace varios meses.

Para esta segunda vuelta, las encuestas dan una ventaja de 20 puntos a Macron: un poco más del 60 por ciento de las intenciones de voto para el joven prodigio de la política francesa y un poco menos del 40 por ciento para Le Pen, de 48 años de edad.

Macron ha recibido en los últimos días numerosos respaldos valiosos, entre estos el del expresidente Barack Obama a través de un video. Asociaciones, gremios, artistas y personalidades que van desde Zidane hasta el cineasta Luc Besson también han llamado a votar por él, al igual que los derrotados candidatos presidenciales de los dos partidos tradicionales, el de derecha François Fillon (Los Republicanos) y el socialista Benoît Hamon (PS).

En una carta conjunta, 25 premios Nobel de Economía, incluido el francés Jean Tirole, alertaron sobre los riesgos que representan las políticas proteccionistas como las que preconiza la candidata ultraderechista Le Pen. “El populismo económico sería una calamidad para Francia”, reiteró esta semana Tirole en la revista ‘Le Point’.

Le Pen propone financiar el enorme déficit público que ocasionaría su propuesta de sacar a Francia de la Unión Europea (‘frexit’), creando una nueva modalidad de Banco de Francia. “Desde hace mucho tiempo, ningún banco central (excepto los modelos caricaturescos que representan Venezuela y Zimbabwe) ha sido autorizado a ‘poner a funcionar la máquina de fabricar billetes’. Por ello, la inflación que se produciría minaría a Francia y perjudicaría sobre todo a las personas de escasos recursos”, explicó el nobel.

Macron, cabeza fría

Nueve años más joven que Le Pen, Macron se ha impuesto en este contexto inédito para unas elecciones en Francia como el candidato de la razón, si bien él mismo no detalló durante la campaña aspectos esenciales de la puesta en marcha de su proyecto económico.

A pesar de todo, el candidato liberal encarna la opción de la seriedad frente a la improvisación de Le Pen, cuya falta de preparación y carácter impulsivo quedaron demostrados en el debate televisivo del miércoles pasado.

El exministro de Economía y exbanquero ha sido muy criticado por haber aceptado ese enfrentamiento, incluso después de que los analistas y los medios afirmaron de manera unánime que había sido el ganador.

Hace 15 años, Jean-Marie Le Pen, padre de la candidata presidencial y fundador del Frente Nacional, también pasó a la segunda vuelta de las presidenciales. Pero en ese entonces su rival, el conservador Jacques Chirac, se dio el lujo de negarse a sostener el tradicional duelo televisivo. Chirac ganó en 2002 con un 82 por ciento de los votos, mientras que Jean-Marie Le Pen no llegó al 18 por ciento.

El miércoles pasado, los franceses vieron por primera vez a un candidato presidencial de la extrema derecha en el papel que ocuparon antes François Mitterand y Valéry Giscard d’Estaing.

En los días previos a la cita, la mayoría de los medios difundieron escenas de diálogos memorables que han inspirado incluso una obra de teatro protagonizada por grandes actores franceses. Este no fue el caso, en cambio, para estas presidenciales. El debate fue bochornoso, principalmente por la agresividad de Le Pen desde los primeros segundos.

“Usted, señor Macron, es el candidato de la mundialización salvaje, de la precariedad y de la guerra de todos contra todos. Usted ha mostrado durante la campaña la frialdad del banquero que nunca ha dejado de ser”, dijo Le Pen.

Macron, que al parecer no esperaba ser atacado con tanta violencia desde el principio, respondió: “Usted acaba de mostrar que no es la candidata del espíritu de fineza”. La principal virtud del candidato centrista fue resistir estoicamente durante más de dos horas las arremetidas de Le Pen sin salirse de las casillas, aunque en varias oportunidades calificó lo que decía Le Pen de “tonterías”.

El debate fue seguido por 16,5 millones de televidentes, lo que representa el peor resultado en términos de audiencia para este tipo de encuentros desde 1974. Al mismo tiempo, sin embargo, las dos horas de discusión permitieron revelar el talante de los candidatos. Le Pen tenía a la mano carpetas de diferentes colores con hojas que iba sacando para leer. Macron no tenía en cambio nada sobre la mesa. “Señora Le Pen, ordene sus fichas porque está confundiéndolas”, la tomó del pelo en un momento.

“En el debate televisivo se vio que el Frente Nacional es un partido de denuncia y pocas propuestas. Tiene sobre todo un discurso muy radical. Esto es justamente lo que le ha impedido hasta el momento ser el vencedor de elecciones mayoritarias, ya sea a nivel regional o nacional”, explicó a EL TIEMPO el politólogo Gaspard Estrada. Este profesor de Sciences Po subraya también que “algunos analistas vaticinaban que Marine Le Pen ganaría la primera vuelta con un 30 por ciento de los votos, pero no fue así: Macron se impuso con 23 por ciento, y ella llegó en segundo lugar con un 21 por ciento.

Esa estrecha diferencia de dos puntos ha sido clave de forma simbólica para Macron, que ha intentado encarnar el ‘espíritu de conquista francés’, sugiriendo al mismo tiempo que su rival explota sin escrúpulos el sufrimiento de los franceses de escasos recursos.

El propósito del macronismo es alentar a los franceses a salir adelante con optimismo, sin perder de vista las realidades económicas, pero dejando a un lado el derrotismo y la manía de buscar chivos expiatorios para los males domésticos y el declive del país, entre otros, Alemania y Estados Unidos.

“El voto Le Pen se explica por el desempleo, la pérdida de vínculos sociales, la desindustrialización, la falta de formación y cultura, los estragos del alcoholismo en algunas zonas del norte del país y el populismo encarnado en una visión antisistema”, explicó a EL TIEMPO Carlos Moreno, investigador francocolombiano experto en urbanismo y especialista mundial en el concepto de ciudades inteligentes.

En esas poblaciones fragilizadas cala hondo el discurso de Le Pen, a pesar de que, desde el punto de vista programático, es completamente vacío. “Lo que propone Le Pen se reduce a cuatro consignas: inmigración, islam, terrorismo e inseguridad. El Frente Nacional es un partido que no representa los valores republicanos. Sus principales dirigentes se han rodeado de negacionistas, revisionistas, nostálgicos del fascismo y de Petain, antisemitas, antiárabes y homófobos. En general, lo más oscuro de la historia de Francia durante la Segunda Guerra Mundial”, agrega Moreno.

Ruleta rusa

“No juguemos a la ruleta rusa con la democracia”, dijo la ministra francesa de la Educación, Najat Vallaud-Belkacem. Un llamado durante la campaña que numerosos sectores, sin embargo, han rechazado, pues el balotaje Macron contra Le Pen es para muchos similar a tener que escoger entre la peste y el cólera.

Por su parte, el excandidato presidencial de la izquierda radical, Jean-Luc Mélenchon, se negó a llamar a sus seguidores a votar por Macron, dejando abierta la posibilidad de un voto en blanco que, al parecer, será la opción de un tercio de sus electores. Se trata, por lo general, de ciudadanos cansados de tener que votar sin convicción.

Según las encuestas, 30 por ciento de los franceses podrían abstenerse en la segunda vuelta. “Es una abstención políticamente motivada, de un mensaje casi ético; los electores no quieren asociar su nombre a ninguno de los dos candidatos”, explicó a la AFP Jérôme Sainte-Marie, del instituto BVA.

Ese voto ético, minoritario según las encuestas, se apoya en realidad en el voto realista de los que se ensuciarán las manos votando contra sus propias convicciones porque estiman que hay una inmensa diferencia entre votar Macron y votar Le Pen.

La tarea del próximo presidente de Francia consistirá en renovar la política y reconciliar al país, que ha quedado polarizado y al borde de un ataque de nervios. Tarea que quedaría –todo indica– en manos de un político de 39 años desconocido para el gran público hace dos y cuyo movimiento político acaba de cumplir 12 meses.

ÁSBEL LÓPEZ
Para EL TIEMPO
París

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