EEUU y Canadá

Stephen Paddock, el hombre del terror en Las Vegas

El autor de la peor masacre en EE. UU. había comprado 33 armas en el último año.

Masacre en Las vegas

Familiares y amigos de las víctimas de la masacre han homenajeado a los fallecidos.

Foto:

Robyn Beck / AFP

07 de octubre 2017 , 11:00 p.m.

Qué llevó a Stephen Paddock a cometer la peor masacre en la historia reciente de EE. UU. es una pregunta que aún hoy, casi siete días después, trasnocha a investigadores y estadounidenses.

A diferencia de casos anteriores, donde pronto se estableció un nexo con el terrorismo internacional o un desequilibrio mental claramente expresado en cartas o redes sociales, lo que desconcierta en el caso del asesino de Las Vegas es la ausencia de un motivo. Quizás con el paso de los días comenzarán a surgir más pistas que expliquen semejante acto de barbarie.

De momento lo que existe es el perfil de un jubilado de 64 años que, aparte de su obsesión por las armas, no despertaba mayores sospechas.

Desde hacía varios años, Paddock vivía en una comunidad de retirados a 100 kilómetros de Las Vegas, ciudad a la que asistía con frecuencia para disfrutar del juego, su gran pasión.

Con su carrera de contador, durante la que trabajó para el gobierno federal y la multinacional Lockheed Martin, había acumulado una pequeña fortuna que se estima en unos 5 millones de dólares. Parte de ella proveniente también de un negocio inmobiliario que tenía con su hermano Eric. Además, al momento de su muerte, Paddock poseía una serie de propiedades en Florida y Nevada.

Aunque se casó en dos ocasiones, nunca tuvo hijos, lo cual le permitió probablemente llegar a la edad de jubilación con fondos suficientes para alimentar sus ‘hobbies’, entre los que estaban la caza y la aviación. De hecho se conoció que Paddock contaba con una licencia para volar avionetas, dos de ellas registradas a su nombre.

Desde hacía algunos años, este hombre mantenía una relación sentimental con Marilou Danley, de 62 años, y compartía una casa con ella en Mesquite, Nevada, en una tranquila comunidad para mayores de 55 años que tenía canchas de golf y piscina.

Las primeras declaraciones, dadas por su hermano Eric, lo pintaban como alguien tranquilo, sin filiaciones políticas o convicciones políticas radicales.

Era como vivir al lado de nadie

“No sabemos nada. Si me dijeran que un asteroide se cayó, significaría lo mismo para mí. No tiene absolutamente ningún sentido, no hay razón por la que haya hecho esto. Era un tipo que vivía en Mesquite, jugaba a las cartas, comía burritos. Nada fuera de lo común”, dijo Eric a varias cadenas de televisión.

Pero con el paso de los días han surgido detalles que infieren una vida aún más sobria.

Varios de sus vecinos lo describieron como una persona en extremo reservada que no se metía con nadie. “Era como vivir al lado de nadie. Uno puede ser al menos gruñón o algo. Pero no era nada (de eso). Tranquilo, nunca salía siquiera al patio trasero a disfrutar de la naturaleza”, explicó uno de sus vecinos.

Otra empleada de un casino al que solía asistir con su novia dijo a las autoridades que Paddock maltrataba verbalmente a Danley en público y narró un episodio en el que este le recriminaba por gastarse su dinero.

Un dato que tampoco concuerda con el giro de 100.000 dólares que, al parecer, le hizo días antes a su novia a Filipinas, supuestamente para que comprara allí una casa, quizá ya anticipando su fatal destino.

Aparte de una infracción de tránsito, su récord criminal también estaba limpio y no se ha podido encontrar información que apunte al tratamiento de alguna enfermedad mental que pudiera explicar su estallido.

El único dato en ese sentido es el de su padre, Benjamin Hoskins Paddock, de quien se sabe estuvo en la lista de los más buscados por el FBI en la década de los sesenta y fue descrito por los investigadores de la época como un psicópata. Pero el padre, que fue acusado de robar varios bancos y fugarse dos veces de prisión, nunca hizo parte de la vida de los Paddock.

Según Eric, Hoskins Paddock abandonó a su madre cuando eran muy jóvenes y nunca más volvieron a saber de él.

Pero varios expertos han hecho notar que enfermedades mentales como la que supuestamente tenía el padre son hereditarias y probablemente eso explique la frialdad y el desapego que sintió al apuntar sus rifles contra los miles de desconocidos que asistían a un concierto de música ‘country’ en Las Vegas.

Lo otro que también está bien claro es que Paddock planeó meticulosamente el atentado.

Tan solo en el último año había comprado 33 armas de fuego y miles de municiones y se tomó el tiempo de montar cámaras de video a la salida de su habitación para detectar la llegada de las autoridades.

A su vez, las autoridades han logrado precisar que posiblemente había identificado otros conciertos como posibles blancos. Entre ellos, el de Lollapalooza, un megafestival de rock que se realiza en Chicago.

Y por eso no se descarta que Paddock se haya inspirado en el ataque terrorista durante un concierto en París en el 2015 o en el de mayo de este año en Manchester (Reino Unido) al final de una presentación de la cantante Ariana Grande.

Aún sin precisarse un objetivo claro, lo que esto indica es que su intención era causar el mayor daño posible. Y los conciertos parecen blanco perfecto.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
En Twitter: @sergom68
Washington

Un tímido debate en el Congreso

Legisladores republicanos admitieron esta semana estar dispuestos a discutir una prohibición del mecanismo que transforma fusiles en armas automáticas, piezas de venta libre que permitieron a Stephen Paddock matar el domingo pasado a 59 personas y herir a más de 500, en Las Vegas.

“Es algo que debemos analizar”, dijo el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Paul Ryan, en referencia a la venta libre de un dispositivo que multiplica la capacidad de disparo de armas largas y permite centenas de tiros por minuto.

Sin embargo, los líderes republicanos se mantienen firmes en su rechazo a cualquier tipo de control a la venta de armamento, e insisten en que no es el momento adecuado para discutir el asunto. Según el líder de la bancada republicana en el Senado, Mitch McConnell, es “completamente inapropiado politizar ahora esta cuestión”.

AFP

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