EEUU y Canadá

Nikki Haley, la nueva ‘sheriff’ de EE. UU. en la ONU

Hija de inmigrantes, contradictora de Trump en la campaña, es la embajadora que habla duro a Rusia.

Nikki Haley

Haley fue la primera mujer ‘no blanca’ que llegó a la cúpula del gobierno de Trump.

Foto:

Mark Garten / EFE

09 de abril 2017 , 10:04 p.m.

El mundo quedó sorprendido luego de ver la firmeza con la que Nikki Haley, la actual embajadora de Estados Unidos ante Naciones Unidas, se enfrentó el viernes en la ONU a su homólogo ruso, Vladimir Safronkov, en defensa de la decisión del presidente Donald Trump de lanzar 59 misiles Tomahawk a la base siria donde se ubicaban los aviones que supuestamente lanzaron bombas químicas a la localidad de Jan Shijun, hecho en el que murieron 86 personas.

“EE. UU. tomó una decisión mesurada con el ataque a la base aérea. Estamos dispuestos a hacer más, pero esperamos que eso no sea necesario”, enfatizó Haley, quien mostrando fotografías de la masacre encaró con determinación a los demás miembros del Consejo de Seguridad, pese a su falta de experiencia diplomática.

Quienes la conocen saben que no es la primera vez que Haley desafía sin titubear a políticos con mayor trayectoria que ella, como lo ha hecho en distintas ocasiones con Trump, con quien tuvo en el pasado roces producto de sus profundas diferencias ideológicas. Pese a ello, el mandatario decidió nominarla embajadora ante Naciones Unidas, un cargo de muchos quilates que ocupa desde el pasado 25 de enero y que dado el bajo perfil del actual secretario de Defensa, Rex Tillerson, podría proyectarla a tareas políticas mucho más elevadas.

Esto lleva a una pregunta obligada, ¿quién es la nueva ‘sheriff’ de Estados Unidos ante la ONU?

Haley es la primera mujer ‘no blanca’ que llega a la cúpula del gobierno de Trump, a lo que se suma que es hija de una pareja de inmigrantes indios que se trasladaron a Estados Unidos desde Punjab, en 1969. En el 2010, ‘The New York Times’ publicó un perfil en el que asegura que miembros de su familia fueron los primeros indios que algunos vecinos habían visto.

Haley nació con el nombre de Nimrata Randhawa Haley el 20 de enero de 1972 en Bamberg, Carolina del Sur, estado donde también hizo historia: fue la primera mujer y persona perteneciente a una minoría étnica que conquistó la gobernación, cargo que ocupó desde el 2010 hasta el pasado 24 de enero.

Antes ya había batido otro récord: se convirtió en la gobernadora más joven de EE. UU. a sus 38 años, y además ganó su reelección en 2014 con una aprobación de 56 por ciento, entre las más altas para los gobernadores de todo el país.

Masacre de Charleston

Uno de los desafíos que Haley tuvo que afrontar en medio de su gobernación fue el de la masacre del 17 de junio del 2015 en la Iglesia Metodista Episcopal Africana ‘Emanuel’, de Charleston. Aquel día, un joven entró al templo y disparó contra los fieles cobrándose nueve vidas.

Si bien la Policía detuvo e identificó al atacante como Dylann Roof y esclareció que todo se debió a un delito de odio, en su momento Haley vinculó al entonces aspirante presidencial Trump con lo sucedido y advirtió que una retórica divisoria como la de él podría llevar a tragedias como la de la iglesia de Charleston. “Sé lo que puede hacer esa retórica. Lo vi suceder”, dijo en aquel momento a la AP.

Días después, tomó la decisión de arriar la bandera de la Confederación, uno de los principales símbolos del racismo en EE. UU., que estaba izada frente al capitolio estatal de Columbia, algo que desató gran polémica.

Haley fue además elegida para dar respuesta al entonces presidente Barack Obama tras su Discurso del Estado de la Unión en el 2016, honor que solo se le otorga a personas en quienes su partido ve un futuro político prometedor, y allí también lanzó pullas a Trump al alertar sobre la tentación de “los cantos de sirenas de las voces más enfadadas”. A lo que el magnate respondió vía Twitter: “¡Nikki Haley avergüenza a la gente de Carolina del Sur!”.

Paradójicamente, por todos estos gestos, por su talento y por las condiciones que reúne (ser mujer, hija de inmigrantes y joven), sonó como posible aspirante a la vicepresidencia.

Hoy es la voz cantante y a veces disonante de la política exterior estadounidense, porque mientras su jefe, Tillerson, asegura que su objetivo de derrotar al Estado Islámico no pasa por la caída del presidente de Siria Bashar al Asad, ella dijo ayer que este debe abandonar el poder para obtener una solución estable en el país árabe. ¿Cuál de las dos vías tomarán? Es una respuesta que solo Trump podrá dar.

REDACCIÓN INTERNACIONAL

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