EEUU y Canadá

Protección a inmigrantes, la primera batalla del presidente en el 2018

Trump ha dicho que reforma migratoria deberá ir con aprobación de fondos para muro con México.

Inmigrantes en Estados Unidos

Gloria Mendoza fue una de las ‘dreamers’ que llegó a Estados Unidos siendo muy joven, y se ha manifestado en Nueva York en defensa del programa Daca.

Foto:

Lucas Jackson / Reuters

13 de enero 2018 , 10:40 p.m.

La política migratoria de Estados Unidos, y dentro de ella la suerte de cientos de miles de indocumentados, se convirtió esta semana en la primera gran batalla entre republicanos, demócratas y el presidente Donald Trump en el arranque de este 2018.

Y no es asunto de poco monta. Ambos partidos se la están jugando a fondo pues de su resultado bien podría depender el mapa electoral que surja en las próximas elecciones legislativas.

El “choque de trenes” lo creó Trump en septiembre del año pasado cuando decidió acabar con el Daca, un programa de la era del ex presidente Barack Obama que ofrecía residencia temporal y permisos de trabajo a personas que habían llegado al país de manera ilegal cuando aún eran muy jóvenes.

De acuerdo con el presidente, Obama se atribuyó funciones que no le correspondían y le dio seis meses al Congreso para encontrar una solución antes que se inicie la deportación de los beneficiarios por el Daca.

Desde entonces ha sido la guerra Troya. Los demócratas han exigido que se apruebe una ley para dar amparo a jóvenes que no conocen país distinto a EE.UU. y han prometido bloquear la aprobación del presupuesto federal si los republicanos no los apoyan en ese esfuerzo.

Y aunque son minoría tanto en Cámara como en Senado, tienen el sartén por el mango en la cámara alta, donde los republicanos solo tienen 51 curules y se necesitan 60 votos afirmativos para poder aprobar cualquier ley que implique la apropiación de recursos.

Dado que los fondos para financiar las operaciones del gobierno federal se acaban este 19 de enero, el tema se ha vuelto urgente. En otras palabras, la amenaza demócrata es que si no aprueban el Daca, el gobierno tendrá que cerrar sus puertas a finales de esta semana que comienza.

Pero el tema no es así de simple. Tanto el presidente Trump como los republicanos en el Congreso han estado “abiertos” a discutir el Daca siempre y cuando los demócratas acepten algunas concesiones en cuanto a política migratoria. Y sus cartas también son fuertes pues saben que si los demócratas fuerzan un cierre del gobierno por defender a ilegales, podrían pagar un alto costo político.

Y, aunque las negociaciones vienen desde finales del año pasado, se retomaron a comienzos de esta semana sin que por el momento exista solución. El gran problema de fondo es que no hay ni siquiera consensos al interior de ambos partidos. Especialmente entre los republicanos, que son los que tienen el poder tanto en el ejecutivo como en el legislativo.

Entre ellos existe un grupo encabezado por el senador Lyndsey Graham, sensible al elemento humanitario, que plantea y consciente que el partido debe acercarse a la comunidad de inmigrantes, en particular hispanos, si quieren tener viabilidad a futuro. Y conocen, por supuesto, las encuestas nacionales donde una gran mayoría de estadounidenses dice respaldar a los llamados ‘dreamers’.

Pero incluso ellos saben que el tema no vende bien entre la base del partido y por eso han pedido que cualquier solución incluya un paquete para fortalecer la seguridad fronteriza, y medidas que eleven los controles para asegurarse que no se le de empleo a indocumentados.

Así mismo, han propuesto acabar con un sistema que ofrece visas de residencia a través de una lotería y que se limite la “cadena migratoria”, para que los nuevos inmigrantes solo pueden reclamar la ciudadanía de padres y hermanos como máximo.

Luego están los republicanos de mano dura. Para estos, cualquier ley que ofrezca un camino a la ciudadanía para ‘dreamers’, equivale a una amnistía. Palabra que cae muy mal en sus estados, por lo general fronterizos y que podría provocar una fractura con la base.

Y entre estos mismos hay facciones. Una que jamás votará a favor del camino a la ciudadanía y otra que solo quiere ofrecer un paliativo.

“El mejor camino para esto es no ofrecer ciudadanía a largo plazo sino simplemente la legalización de su estatus”, sostiene Mark Walker representante a la Cámara por uno de los grupos más conservadores en este órgano del legislativo.

Y luego está el presidente Trump que, si bien llegó a la presidencia con bandera antiinmigrante, ha mostrado algo de compasión frente a los ‘dreamers’ siempre y cuando en cualquier arreglo al que se llegue estén incluidos los fondos para construir un muro en la frontera con México. Y por el momento ha pedido US$ 18.000 millones de dólares para financiar la obra. Trump, lo dijo esta semana, podría hasta “pagar las consecuencias” con su base –que se opone a cualquier amnistía–, si le dan los fondos para su muro.

Pero eso es algo que los demócratas rechazan de plano pues consideran que es un gasto innecesario –muchos republicanos coinciden– y no quieren darle al presidente un triunfo legislativo que lo consolide.

Para enredar aún más las cosas, también esta semana un juez de California bloqueó temporalmente la orden de Trump sobre el Daca y le pidió renovar los permisos de residencia y trabajo para sus beneficiarios.

En la práctica y dado que el tema será resuelto en su fondo probablemente por la Corte Suprema de Justicia, el fallo del juez lo que hizo fue desactivar, en el plazo inmediato, la premura ante el inicio de las deportaciones en marzo. Y nadie sabe, con precisión, qué impacto tendrá en las negociaciones que se adelantan.

Hacia finales de la semana se abrió una ventana luego que un grupo bipartidista de senadores anunciaran un acuerdo para solucionar DACA y algunos de los otros temas pendientes. Pero no es claro si tendrán votos para aprobarlo y si en la Cámara, donde el control republicano es aún más fuerte, exista si quiera chance.

En todo caso los pronósticos, para los simpatizantes de DACA, no son los mejores.

Como dice Danny Bahar, del Brookings Institution, el tema migratorio es uno de los temas polémicos del país y lleva décadas enfrentando a unos con otros.

Sostiene Bahar: “Si la administración de Barack Obama no pudo aprobar una reforma pese a contar con un Congreso demócrata durante sus dos primeros años, tampoco es muy viable que se logre ahora, cuando los republicanos -que por lo general se han opuesto- están en el poder”.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
Washington
En Twitter: @sergom68

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