EEUU y Canadá

La de Trump es la política migratoria más dura en décadas

Retomó línea original de retórica antiinmigrante, pero su propuesta choca con plan de buscar votos.

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El candidato republicano Donald Trump se encontró este miércoles con el presidente mexicano Enrique Peña Nieto.

Foto:

REUTERS

01 de septiembre 2016 , 10:13 p.m.

Antes que suavizar su polémica posición antiinmigrante –como algunos alcanzaron a pensar–, el candidato republicano Donald Trump dejó claro el miércoles en la noche que le sigue apostando a una guerra frontal contra cualquiera que pretenda o haya ingresado ilegalmente a Estados Unidos.

Durante un esperado discurso en el estado de Arizona, en el que presentó su propuesta migratoria, el magnate volvió a insistir en que construirá un gigantesco muro entre México y EE. UU. que sería pagado por los vecinos del sur y que deportará a todo aquel que sea capturado y esté ilegalmente en el país.

Casi una copia calcada de la propuesta que lo catapultó a la nominación del partido y que ha tenido gran resonancia entre las bases más conservadoras. (Lea también: Las fuertes críticas a Peña Nieto por visita de Donald Trump a México)

El candidato, incluso, reiteró que realizaría un “examen ideológico” a todo extranjero que pretenda asentarse en EE. UU. para determinar si el fondo de sus ideales son adecuados. “Es nuestro derecho como nación soberana escoger a inmigrantes que nos van a querer y que creemos que se pueden adaptar a nuestro país”, afirmó el candidato en alusión a su controvertida propuesta de vetar a personas de origen musulmán.

Así mismo, volvió a decir que desde el primer día de su gobierno anularía las órdenes ejecutivas de Obama y que han permitido la permanencia en el país de los llamados dreamers o personas que llegaron ilegalmente siendo aún niños.

En su discurso, Trump hizo énfasis en que los indocumentados con récord criminal serán los primeros en ser deportados (algo que ya sucede bajo la administración de Obama), mas no fue claro con respecto a la suerte que correrían todos aquellos que viven en el país sin papeles, pero no han cometido crímenes. (Además: Una ola de indignación inunda las redes por reunión entre Peña y Trump)

De acuerdo con analistas, este fue el único punto en el que Trump se desvió un poco de sus planteamientos anteriores, ya que había prometido deportar de inmediato a los 11 millones de indocumentados que se estima viven en el país. Sin embargo, dejó claro que no existirá ningún tipo de amnistía para ellos y que si son sorprendidos serán también expulsados.

“Solo hay un camino para ellos, y solo uno. Que regresen a sus países de origen y apliquen para el reingreso como todo el resto bajo el nuevo sistema migratorio que estoy proponiendo. Todo aquel que esté como ilegal, será sujeto a deportación”, afirmó.

Las reacciones, por supuesto, no se hicieron esperar, especialmente entre los grupos que defienden los intereses de los latinos y los indocumentados. (También: Donald Trump, el beneficiado tras encuentro con Enrique Peña Nieto)

“Tanto su discurso del miércoles como el plan de inmigración que ya había publicado encierran las políticas más restrictivas y antiinmigrantes planteadas por cualquiera de los dos partidos en las dos últimas generaciones. No hay cambios ni ablandamiento. Simplemente la reiteración de los más oscuros sentimientos que existen en la política de hoy”, afirma Simon Rosenberg, del Centro de Pensamiento NDN.

A lo largo de los últimos 15 días se venía especulando que Trump pensaba dar un giro hacia el centro, dado el resultado de encuestas recientes en las que su desventaja frente a Hillary Clinton venía en ascenso.

Sobre todo en los llamados “estados oscilantes”, que suelen definir las elecciones presidenciales en EE. UU. Así mismo, por su imagen negativa entre hispanos y otros grupos minoritarios que también han comenzado a pesar mucho en los comicios. (Lea: )

Todo indica que su cálculo fue el contrario. De acuerdo con David Cochel, asesor de los excandidatos Jeb Bush y Mitt Romney (republicanos), Trump, al parecer, ya decidió que le queda imposible crecer entre las minorías y los votantes de corte moderado. Por eso le ha apostado a la clase blanca y obrera que lo llevó a la nominación republicana.

“Se trata de una apuesta muy arriesgada, pues es un grupo de votantes cuya participación electoral se viene reduciendo en un dos por ciento cada ciclo (mientras se expanden en igual porcentaje los grupos a los que les da la espalda)”, sostiene Cochel. (Además: Iñárritu calificó invitación de Peña Nieto a Trump como 'traición')

Pero Trump, y lo dijo el miércoles cuando se refirió a las encuestas de esta semana que ya lo ponen a dos puntos de Clinton, cree que serán suficientes para llevarlo a la Casa Blanca.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
En Twitter @sergom68

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