EEUU y Canadá

Las exigencias de la OEA a Venezuela

Hasta el momento, hay posibilidades de activar la carta democrática. Análisis. 

Secretario general de la OEA Luis Almagro

Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, (izq.), junto al secretario general de la OEA, Luis Almagro.

Foto:

Lenin Nolly / EFE

09 de abril 2017 , 12:17 a.m.

Nadie sabe aún hasta dónde puedan llegar. Pero de lo que sí no hay duda es de que la Organización de Estados Americanos (OEA) ha comenzado a apretar al gobierno de Nicolás Maduro.

Este miércoles, un grupo de países aprobó una declaración en la que constatan que en Venezuela se ha presentado una alteración del orden constitucional, activando, en la práctica, el llamado artículo 20 de la Carta Democrática: un mecanismo reservado para atender los casos más graves y cuya última instancia es la suspensión de este órgano hemisférico hasta que se restablezcan los principios democráticos acordados cuando los 34 miembros firmaron el documento, en el 2001.

Este artículo se ha invocado en otras 11 ocasiones, siendo, curiosamente, la Venezuela de Hugo Chávez la primera en utilizar el mecanismo, tras el golpe del 2002.

Pero esta vez las cosas son diferentes, pues son otros países los que están activando la herramienta, sin el concurso del gobierno en cuestión. Algo inédito.

La gota que rebosó la copa fue un conjunto de decisiones del Tribunal Supremo de Justicia que revocaron los poderes de la Asamblea (el órgano legislativo, que es controlado por la oposición), al igual que las inmunidades de los diputados. Y aunque algunas de las medidas fueron anuladas el sábado pasado por el mismo Tribunal, el grupo de países de la OEA consideró que aún persisten las alteraciones.

En el texto, que fue aprobado por un consenso compuesto por 19 países (de 23 que asistieron a la reunión), se pide al Gobierno “actuar en los próximos días para garantizar la separación e independencia de los poderes constitucionales y restaurar la plena autoridad de la Asamblea Nacional”. Anuncian, a su vez, que seguirán ocupándose de la situación en Venezuela y que emprenderán gestiones diplomáticas adicionales, entre ellas una posible asamblea de cancilleres.

En lenguaje de la OEA, palabras mayores. Activada la Carta, el proceso hacia el futuro solo tiene dos caminos: se solucionan las causas que llevaron a declarar una alternación del orden constitucional o, eventualmente, se suspende al país de la organización hasta que esto suceda.

Si bien a la OEA se la critica por su falta de ‘dientes’ a la hora de entrar en este tipo de situaciones, la suspensión no es un hecho político de poca monta. No solo por el aislamiento internacional y la categoría de ‘paria’ que implica, sino porque también podría suspenderse el acceso a créditos del Banco Interamericano de Desarrollo y otros organismos financieros. Al igual que sanciones individuales de algunos países, como sucedió luego del golpe de Estado en Honduras del 2009. Y en el contexto de crisis económica que existe actualmente en Venezuela, un golpe como ese podría ser demoledor.

De allí la reacción del gobierno de Maduro, que, si bien suele desconocer a la OEA y sus pronunciamientos, en los últimos diez días ha enviado a la canciller Delcy Rodríguez en dos ocasiones, para tratar de bloquear la embestida.

‘Madurazo’ desnuda fractura del chavismo

Cientos de personas protestan contra la decisión del Tribunal Supremo de asumir las facultades del parlamento venezolano. Dos estudiantes fueron detenidos.

Foto:

AFP / STR

Dicho eso, el camino en la OEA no está despejado. Para poder convocar una asamblea de cancilleres en el contexto de la Carta, se requiere el voto de las dos terceras partes de los países (24). Un número que también es el necesario si se llegara a plantear una suspensión. Y de momento solo hay entre 18 y 20 firmes. Esto, en gran parte por el peso de los países caribeños, que suman 14 y han estado ambivalentes a lo largo del proceso. Pero ya hay un grupo de ellos –Barbados, Jamaica, Bahamas, Santa Lucía– que ha comenzado a sumarse al grupo que aprobó la declaración, y está integrado por EE. UU., Canadá, México y la mayoría de las naciones suramericanas, como Colombia.

“Hace un año no llegábamos a 12 países, ahora ya vamos por 18 o 19, y probablemente esa mayoría jalonará a muchos otros en las próximas semanas y meses”, sostiene una fuente diplomática.

Para el embajador colombiano ante la OEA, Andrés González, el gran logro de los últimos eventos es haber visibilizado un problema que atañe a toda la región.

José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rights Watch, cree que lo sucedido es histórico. “Entramos a una etapa en el que la mayoría de países está reconociendo que en Venezuela se ha roto el orden constitucional, no existe un Estado de derecho y se le están exigiendo cuentas al gobierno de Maduro. Y estos países han llegado a un piso del que no se bajarán hasta que exista un cambio en la conducta del Gobierno”, piensa Vivanco. El jaque en el que se encuentra Venezuela es producto de la confluencia de al menos cinco factores que estaban ausentes hasta hace poco.

La lista la encabeza la llegada de Luis Almagro a la Secretaría General. Desde el comienzo de su gestión, a mediados del 2015, ha estado empujando a los países a que asuman una posición frente a la crisis. El año pasado publicó un duro informe en el que ya invocaba la Carta Democrática –el Secretario también lo puede hacer–, alegando un rompimiento del orden constitucional. Los países, en su momento, lo ignoraron. Pero este año, después de la presentación de un segundo informe en el que ya pedía la suspensión de Venezuela, decidieron actuar.

Igualmente, se agotaron el tiempo y la paciencia en los diálogos con la oposición que venían liderando Unasur, de un lado, y el grupo de expresidentes, por el otro.

Así mismo, sostiene Vivanco, la situación interna ha empeorado. No solo en lo económico y humanitario, sino en lo político, luego de que el Gobierno se movió para bloquear el referendo revocatorio, aumentó los ataques contra sus enemigos e intentó sepultar la Asamblea.

Pero quizá lo que más está pesando es el aislamiento internacional de Venezuela y el retroceso de su influencia a nivel regional. De las épocas en las que Caracas controlaba a las naciones caribeñas a punta de petróleo subsidiado y poseía una estrecha alianza con Brasil, Argentina, Uruguay, Ecuador y Bolivia en Suramérica, se ha pasado a un escenario en el que tiene a Mercosur en contra y sus petrodólares ya no le garantizan respaldos.

El último elemento, y uno que pesa mucho, es la llegada de Donald Trump al poder en EE. UU. y la consolidación del poder republicano, que ahora cuenta con la Casa Blanca y el Congreso. Trump, a diferencia de su antecesor, Barack Obama, posiblemente tendrá mucha menos paciencia tanto con el gobierno de Maduro como con la OEA, si esta no actúa.

Fuentes en Washington le contaron a EL TIEMPO que en las recientes llamadas que hizo el mandatario de EE. UU. a los presidentes de Chile y Brasil, el tema de Caracas ocupó un papel central.

Este es el contexto en el que se llegará a la Asamblea General de la OEA en Ciudad de México, en junio. Un escenario que se considera ideal para abordar la crisis de Venezuela al más alto nivel.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
En Twitter: @sergom68
Washington

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