EEUU y Canadá

Manual contra abusos sexuales en Congreso de Estados Unidos

El escándalo de acoso saltó de Hollywood al centro del poder en Washington.

Abusos sexuales en Congreso de Estados Unidos

Beverly Young (izq.) acusó al candidato al senado Roy Moore de abuso sexual, cuando ella tenía 16 años (dibujo).

Foto:

Eduardo Muñoz Álvarez / AFP

19 de noviembre 2017 , 02:48 a.m.

Comenzó hace apenas un mes, cuando el diario ‘The New York Times’ reveló las primeras denuncias por abuso sexual contra el productor de cine Harvey Weinstein.

Desde entonces, lo que ha seguido es una escandalosa avalancha de acusaciones que no solo han tocado todos los sectores de la sociedad estadounidense sino que hoy tiene contra la pared a prestigiosos políticos.

De hecho, un reporte de CNN da cuenta de los relatos de 50 mujeres que trabajan en el Congreso de Estados Unidos en los que hablan de los atropellos que padecen a diario.

Según varias, hay un “manual no escrito” que comparten para evitar ser víctimas: ten cuidado con los congresistas que duermen en sus oficinas, no vayas a actos a los que van legisladores y hay alcohol, y, en lo posible, evita montarte sola con un hombre en un elevador.

Al parecer, de acuerdo con sus testimonios, los ascensores son el escenario predilecto para asaltos y obscenidades.

Incluso, dijeron, hay una lista –también no oficial– de los legisladores más “asquerosos” que deben evitar a toda costa. En su mayoría, dicen, hacen parte de la Cámara de Representantes.

El último caso estalló cuando Leeann Tweeden, una presentadora de televisión y exmodelo, acusó al senador demócrata de Minnesota, Al Franken, de “besarla a la fuerza” y tomarse una fotografía mientras ella dormía en la que aparece posando las manos sobre sus senos.

Los hechos ocurrieron en el 2006 cuando ambos participaron en un ‘tour de celebridades’ organizado para entretener a las tropas de EE. UU. en el exterior. Franken, en ese entonces todavía un comediante, escribió un guión en el que ambos debían darse un beso.

Pese a la resistencia de Tweeden, el hoy senador insistió en que debían practicar el beso antes de la función. “Me tomó por la cabeza, me pegó sus labios babosos y me metió la lengua. Lo empujé y le dije que si lo volvía a intentar respondería con más agresividad. Solo recuerdo que fui de inmediato al baño para lavarme la boca y quitarme su sabor”, dijo Tweeden, tras explicar que decidió contar su historia porque nunca dejó de molestarla y en respaldo a las decenas de mujeres que han salido a contar sus historias de abuso y acoso sexual a manos de poderosos.

Algo parecido a lo que se le escucha al presidente Donald Trump decir durante la famosa cinta de ‘Access Hollywood’ en la que afirma que con frecuencia se lanzaba encima a mujeres para besarlas y tocarlas en sus partes íntimas sin que estas pudieran resistirse porque era famoso.

Franken ofreció disculpas y dijo estar “tremendamente avergonzado” por sus acciones. Pero su caso alborotó un avispero que ya estaba a punto de reventar. Legisladores republicanos pidieron su renuncia e incluso los demócratas dieron un paso al costado y pidieron investigarlo.

Muchos piensan que quizá Franken renuncie antes, pues en el ambiente hay poca paciencia para medias tintas.

Esta misma semana siguió creciendo el escándalo en el que se ha visto envuelto Roy Moore, el candidato de los republicanos para la curul que dejó vacante el hoy fiscal general Jeff Sessions en Alabama, tras nuevas acusaciones de una mujer que dice fue víctima de sus abusos hace 40 años cuando ella era una adolescente.

Moore lo niega, pero hasta los republicanos más conservadores le están pidiendo que retire su nombre por el bien del partido.

Y otra bomba: también el jueves, una nueva mujer acusó al expresidente George Bush (padre) de agarrarle el trasero mientras posaban para una foto. Aunque a Bush otras seis mujeres lo han acusado de lo mismo, hasta ahora su entorno lo había explicado como cosas de un abuelo de 92 años que está postrado en una silla de ruedas y cuya mano a veces queda bajo la cintura cuando es retratado desde esa posición. Pero el nuevo señalamiento es de 1992, cuando no solo estaba erguido sino que aún era el presidente del país.Los casos en cuestión, además, parecen solo ser la punta de un iceberg que apenas se asoma a la superficie.

Toman acciones

Esta misma semana, en una explosiva audiencia en el Congreso, varias legisladoras denunciaron un patrón de comportamiento muy común dentro del recinto: hombres que hacen comentarios soeces o buscando favores sexuales de personas de menor rango.

“La cultura del acoso sexual en este congreso es algo generalizado” dijo la representante Jackie Speier, tras describir, sin mencionar aún nombres, la actitud de muchos de sus colegas que la han hostigado a lo largo de los años. La representante también narró casos de decenas de asesoras que han sido víctimas de los avances no solicitados de sus jefes.

Tras la audiencia, la presidencia de la Cámara y el Senado anunciaron que volverán mandatorio cursos sobre acoso sexual no solo para todo el personal sino para los representantes y senadores. Esta historia apenas comienza.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal EL TIEMPO
Washington@sergom68

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