EEUU y Canadá

Primer año de un huracán llamado Donald Trump

Analistas dicen que su liderazgo ha minado la influencia estadounidense en el mundo.

Primer año de Donald Trump en la Casa Blanca

Donald Trump, presidente de Estados Unidos, ha tenido un primer año agitado y ha estado en medio de varias polémicas.

Foto:

Saul Loeb / AFP

13 de enero 2018 , 10:45 p.m.

Aunque con matices, las presidencias en Estados Unidos suelen tener un ritmo más o menos parecido: un primer año de ‘luna de miel’ que viene impulsado por la victoria en las urnas, seguido por otro más “pragmático” donde el de turno concreta algunos temas de su agenda y luego un tercero y cuarto que se caracterizan por dificultades y quizá algunos escándalos. Pero en el caso de Donald Trump parece estar sucediendo todo lo contrario.

En estos primeros 365 días, que se cumplen el sábado 20 de enero, no ha pasado semana sin que el mandatario republicano se haya visto involucrado en alguna polémica o disputa hasta con sus supuestos aliados.

Por momentos han sido asuntos triviales que por lo general nacen y mueren con trinos en las redes sociales. Pero otros han involucrado decisiones de gran calado y con enormes repercusiones tanto para EE. UU. como para el mundo. Especialmente las que apuntan a un repliegue del liderazgo mundial que por décadas ha comandado Washington en temas tan sensibles como seguridad, comercio, medio ambiente y Derechos Humanos.

En el proceso, además, Trump no solo ha roto con todos los esquemas tradicionales de la política sino que ha provocando un sismo, racial y social, que tiene al país más dividido que nunca. Prueba de ello es la tormenta que desató este jueves cuando llamó “agujeros de mierda” a naciones de África y el Caribe y se quejó por estar dando amparo a sus ciudadanos en lugar de abrir la puerta a otros provenientes de países nórdicos como Noruega.

El viernes Trump lo negó, pero el senador Dick Durbin, uno de los que participó en la reunión donde se debatió ese tema, dijo que esas habían sido exactamente sus palabras.

Cierto o no, ese tono irreverente y hasta burdo ha sido la constante en la presidencia de Trump.


“Suena muy mal, pero no nos debería sorprender. Si algo ha dejado claro en este año es que es la misma persona que vimos durante la campaña y con las mismas creencias que tanto resonaron en la base del partido republicano”, dice Elaine Kamarack, del Brookings Institute.

Como menciona la analista, lo que sí es un hecho es que el presidente ha estado tratando de cumplir a cabalidad con la agenda ultranacionalista y antiinmigrante que lo llevó a la victoria.

Trump, por poner ejemplos, se estrenó con una polémica orden ejecutiva con la que bloqueó el ingreso de los ciudadanos de seis países de mayoría musulmana desatando protestas mundiales por su aparente sesgo religioso.

Y de allí en adelante el tono ha sido más o menos el mismo: Durante el año acabó con un programa que permitía la permanencia en EE. UU. de unas 700.000 personas que llegaron al país de manera ilegal cuando eran muy jóvenes y decretó el fin de otro que daba residencia a cientos de miles de centroamericanos y africanos víctimas de desastres naturales y del conflicto en sus países. Y son diarias las redadas para detener y expulsar a indocumentados.

Esa agenda nacionalista también se ha visto desplegada en lo comercial donde puso freno a las negociaciones para integrar la Alianza Transpacífica (TPP por su sigla en inglés) y forzó una polémica renegociación del Nafta que aún está sobre la mesa y es fuente de tensión con México y Canadá.

En la arena internacional su gestión ha sido igual de polémica: dio reversa al Sí de EE. UU. en el acuerdo de París sobre cambio climático, descertificó el pacto que se había alcanzado con Irán para poner freno a sus ambiciones nucleares, está enfrascado en una retórica belicista con Corea del Norte –que tiene al mundo en ascuas– y ha cuestionado en repetidas ocasiones la viabilidad de la Otán y la ONU, retirándose de la Unesco y de un acuerdo reciente sobre migrantes que llevaba la firma del planeta entero.

Por no hablar de su reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, algo que ningún otro presidente se había atrevido a decir en 70 años y que cayó como una bomba en Oriente Próximo.

En la gran mayoría el cumplimiento de sus promesas de campaña han llegado por vía de las órdenes ejecutivas y no del Congreso, donde a pesar de contar con la mayoría en ambas Cámaras, ha sido muy poco lo que ha podido conseguir.

Buena parte del año se le fue empujando una reforma al sistema de salud que no prosperó
y tampoco pudo conseguir los fondos para invertir en infraestructura o construir el muro en la frontera con México.

Pese a ello sus seguidores, que son fervientes, han aplaudido su gestión y apuntan a los indicadores económicos como la prueba de éxito.

Según las últimas estadísticas del departamento del Trabajo la cifra de desempleo de EE. UU. está en el 4,1 por ciento, la cifra más baja en 18 años mientras todo el mundo habla de bonanza en el mercado de valores.

Aun así, entre un buen sector de los republicanos hay alta preocupación pues la llegada de Trump a la presidencia ha provocado una fractura al interior del partido que podría salirles cara en las elecciones legislativas del 2018 cuando los demócratas esperan recuperar al menos una de las cámaras del Congreso.

Las salidas en falso del presidente y su falta de coherencia frente a algunos temas, también han despertado nuevas dudas sobre su capacidad para estar al frente de la principal potencia del mundo. Algo que se agravó tras la publicación de del libro ‘Fuego y furia’del periodista Michael Wolff, donde pinta al presidente como una persona errática y carente de las condiciones mínimas para el cargo que ejerce.

No en vano el tema de un posible “juicio de destitución” (‘impeachment’) o una invocación de la enmienda 25 de la Constitución Nacional –que prevé la remoción de un presidente por discapacidad–, son temas recurrentes en la capital estadounidense. Y en ese sentido en nada ayuda la sombra que lo acompaña desde el primer día de su mandato por una posible colaboración con Rusia para incidir en las presidenciales del 2016.

Aunque nada se ha probado, Trump complicó las cosas cuando decidió destituir a James Comey, el director del FBI que estaba a cargo de la investigación. Tan escandaloso fue el incidente que el departamento de Justicia tuvo que nombrar a un Fiscal Especial para que se encargara del caso. Desde entonces esta trama rusa no ha dejado de amenazar su presidencia.

A la fecha ya son cuatro las personas que se han declarado culpables o han sido acusadas en este contexto. El más relevante de todos, Michael Flynn, su exasesor de Seguridad Nacional, admitió haber mentido al FBI sobre sus contactos con funcionarios de Moscú cuando aún Trump no era presidente en ejercicio. Y en la mira están su hijo Donald Jr. que al parecer también mintió, y Jarred Kushner, su yerno.

De hecho, ya se habla de que el Fiscal estaría trabajando en un caso de obstrucción a la justicia contra Trump, y no por eso no dejan de sonar los paralelos con el ‘Watergate’, escándalo que le costó el puesto al expresidente Richard Nixon.

Al margen de esto, dice Nicholas Burn, que se desempeñó como subsecretario de Estado en la administración de George W. Bush, lo más grave es que las acciones de Trump están teniendo un efecto concreto en el posicionamiento mundial de EE. UU., donde está siendo sustituido por rivales como China y Rusia. “Lo que estamos evidenciando es un debilitamiento real del liderazgo y la credibilidad de EE. UU. en el mundo”, dijo Burns, una voz reconocida del partido republicano.

Lo que estamos evidenciando es un debilitamiento real del liderazgo y la credibilidad de EE. UU. en el mundo

Aunque Trump sigue contando con apoyo entre los sectores más radicales del país, su baja popularidad es un signo de que los estadounidenses han tomado nota de su tumultuoso primer año.

Hace algunos días la Universidad de Quinnipiac, experta en sondeos y mediciones electorales, publicó una encuesta en la que le pedía a los estadounidenses definir, con una sola palabra, el primer año de la presidencia de Donald Trump.

Las más repetidas fueron “desastroso” y “caótico”. En esa misma muestra también se les pedía darle una calificación a su mandato. En promedio Trump obtuvo un 1,5 entre 5 puntos posibles. En otras palabras, si se tratara de un examen, el presidente lo estaría perdiendo de forma estrepitosa.

Los sondeos sobre popularidad también apuntan en la misma dirección. De acuerdo con el promedio de encuestas de Real Clear Politics, la gestión de Trump es aprobada solo un 39 por ciento de los estadounidenses (un 56 por ciento la desaprueban). Se trata del número más bajo que ha registrado un presidente a estas alturas de su mandato en lo que va de la historia de este tipo de mediciones.

Para ponerlo en contexto, actualmente el neto de Trump (la diferencia entre los que lo apoyan y los que lo rechazan) es de negativo 20 puntos.

Bill Clinton, el presidente que le sigue en la lista de “malas calificaciones”, tenía un positivo de 11 puntos casi un año después de sentarse en la Oficina Oval.

Quienes defienden a Trump insisten en que las dificultades que enfrenta son producto de la puja con un establecimiento de Washington que nunca aceptó su victoria y se niega a soltar poderes que lleva décadas controlando. Un establecimiento que incluiría a la prensa tradicional a la que acusan de manera permanente de crear ‘noticias falsas’ o ‘fake news’.

Afirman, además, que sus supuestas salidas en falso hacen parte de una estrategia de negociación que Trump ha trasladado del mundo empresarial donde se movía antes y en el que a veces hay que dar un manotón en la mesa para conseguir ganancias. Y hasta lo excusan cuando ha utilizado términos soeces (como cuando llamó “hijos de puta” a los jugadores del fútbol americano que se arrodillaron durante el himno nacional), alegando que Trump dice en voz alta lo que todos piensan y no se atreven a decir.

En cualquier caso, el 2018 no pinta mejor de lo que fue el 2017. Para bien o para mal.


El año se estrenó con una tremenda disputa por el tema migratorio y la amenaza del cierre del gobierno federal esta semana si no logran ponerse de acuerdo Trump y los legisladores de ambos partidos frente a Daca y otra serie de temas muy explosivos.

Así mismo, se espera que tanto el Congreso como el Fiscal Especial concluyan sus investigaciones sobre la intervención de Rusia en la campaña (y el rol, si alguno de Trump y su círculo más estrecho), y la perspectiva –cada vez más alta– de que el presidente se retire de Nafta, una decisión de enormes repercusiones comerciales para todo el continente. Por no hablar de Corea del Norte y la posibilidad de una guerra nuclear, hasta hace un año algo inimaginable.

Lo que sí tienen claro analistas y expertos es que es muy poco probable que el Trump que el mundo conoció el año pasado cambie de aquí en adelante. En otras palabras, que el rumbo de Estados Unidos, al menos en los años que le restan en el poder seguirá impredecible.

Puntos a favor y en contra

Reforma tributaria

Este fue uno de los pocos logros y cumple con uno de sus programas de gobierno como candidato de Trump. La gran apuesta de la iniciativa es que las empresas se ven beneficiadas con una rebaja de impuestos del 35 al 21 por ciento, como una motivación para que el sector empresarial lleve a cabo más inversiones y genere empleo.

No a transgéneros

En julio del 2017, Trump anunció que las Fuerzas Armadas no permitirían que personas transgénero prestaran servicio en sus filas por los “tremendos” costos y alteraciones que suponen, según él. Sin embargo, en diciembre, la Justicia obligó al presidente a aceptar, a partir del primero de enero, las solicitudes de ingreso de personas de esa condición.

Contra ‘Obamacare’

La principal plataforma de gobierno de Trump ha sido tratar de desmontar el ‘Obamacare’, la reforma de salud de su antecesor, Barack Obama. Sin embargo, su proyecto no ha tenido éxito en el Congreso; en cambio, el mandatario ha tratado de marchitar dicha iniciativa mediante decretos que limitan la cobertura, especialmente a los más pobres.

Pelea con los medios

Casi no ha pasado un día de su gobierno en el que el mandatario estadounidense no haya atacado a los medios de su país y extranjeros. Considera que todo lo que dicen de él y su gobierno son inventos y que no se fijan en sus logros ni en sus genialidades. Trump ha señalado con nombre propio a los medios como “propagadores de mentiras”.

Libro que incomoda

Una de las últimas controversias que se desató en Estados Unidos fue la publicación de ‘Fire and Fury’ (‘Fuego y furia’), un incendiario libro sobre la vida en la Casa Blanca en la era Trump. Michael Wolff, su autor, sostiene que muchos califican a Trump de ser “un imbécil, un idiota” y que “hay una competición para llegar al fondo de quién es este hombre”.

Frenazo con Cuba

Otra de las promesas de campaña de Trump era echar abajo casi toda la apertura en las relaciones con Cuba. Se restringieron los viajes de ciudadanos estadounidenses. Las visitas solo pueden autorizarse dentro de 12 categorías. También prohibió la relación comercial con el conglomerado militar y de seguridad del régimen y varias empresas en la isla.

En Twitter

@realDonaldTrump

“Kim Jong-un dijo que el ‘botón nuclear está en su escritorio todo el tiempo’. ¿Alguien de su agotado y hambriento régimen le informa que yo también tengo uno, más grande y poderoso que el suyo? ¡Y mi botón funciona!”

“No es solo en Pakistán donde pagamos miles de millones de dólares en vano, sino también en muchos otros países. Por ejemplo, les pagamos a los palestinos CIENTOS DE MILLONES DE DÓLARES al año y no recibimos ninguna apreciación o respeto...”.

“Deberíamos hacer un concurso para ver cuál cadena, además de CNN y sin incluir Fox, es la más deshonesta, corrupta y distorsionada en la cobertura política de su Presidente favorito (yo). Todas son malas. ¡El ganador recibirá el TROFEO DE NOTICIAS FALSAS!”

“Ahora que esa colusión rusa, después de un año de intenso estudio, ha demostrado ser un engaño total al pueblo estadounidense, los demócratas y sus perritos falderos, los grandes medios de noticias falsas, están sacando el viejo manual de Ronald Reagan y alegando estabilidad mental e inteligencia”.

“La prohibición de viajar a los Estados Unidos debería ser mucho más grande, más dura y más específica, pero estúpidamente, ¡eso no sería políticamente correcto!”

“El Gobierno de EE. UU. no aceptará ni permitirá individuos transgénero en el Ejército. Nuestros militares deben estar centrados en la victoria y no pueden cargar con los tremendos costos médicos y la alteración que (estos) supondrán”.

“En el Este (de EE. UU.), esta podría ser la víspera de Año Nuevo MÁS FRÍA registrada. Tal vez podríamos usar un poco de aquel calentamiento global por el que nuestro país (pero no otros) iba a pagar BILLONES DE DÓLARES para protegerse. ¡Abríguense!

“Nunca dije nada despectivo de los haitianos más allá de que Haití es, obviamente, un país muy pobre y con problemas. Nunca dije ‘Sáquenlos de aquí’. Inventado por los demócratas”.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
Washington
En Twitter: @sergom68

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