EEUU y Canadá

Las diferencias Trump-Merkel escalan hasta la economía

Trump actuará contra superávit comercial alemán. La canciller anuncia acercamiento a India y China.

Diferencias Trump-Merkel escalan hasta la economía

Ángela Merkel y Donald Trump han entrado en un franco distanciamiento, lo que se notó en las cumbres de la Otán y G-7.

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Philipe Wojazer / AFP

30 de mayo 2017 , 07:48 p.m.

A pesar de que el martes la Casa Blanca dijo que la relación entre el presidente Donald Trump y la canciller alemana Ángela Merkel es “bastante impresionante”, los gestos y las palabras de cada uno de los mandatarios, uno el líder del país más poderoso del mundo, y la jefa de la locomotora económica europea, dicen todo lo contrario.

Las posiciones de Trump como candidato, presidente electo y luego ya en el poder no daban muchas esperanzas de que sus socios al otro lado del Atlántico fueran a estar cómodos con la relación que se les aproximaba. Y el tiempo se encargó de comprobarlo. En las recientes reuniones de la Otán y la de las siete economías grandes del mundo (G-7) se evidenció la falta de química entre el jefe de la Casa Blanca y los demás dirigentes del selecto club.

La propia Merkel lo dijo: “Los días en que Europa podía contar con otros como Estados Unidos y el Reino Unido están terminando”. La mandataria anunció que buscará mayor acercamientos a la India y China.

Los puntos de desencuentro quedaron patentes durante la primera gira internacional de Trump, pues se negó a respaldar el pacto climático de París, diciendo que necesitaba más tiempo para decidirlo.

Luego, en la cumbre de la Otán, Trump intensificó sus acusaciones acerca de que algunos países de la alianza militar no están gastando lo suficiente en defensa y advirtió sobre más ataques como el perpetrado en Mánchester el lunes de la semana pasada, a menos que la alianza haga más para detener a los yihadistas. Y si de tacto se trata, Trump tampoco se midió, como cuando empujó al primer ministro de Montenegro para quedar al frente del grupo para una foto.

La raíz

Existe un telón de fondo que explica la reciente tensión diplomática entre Estados Unidos y Alemania: Trump critica el déficit comercial con Berlín, que a su vez defiende sus inversiones más allá del Atlántico.

Respondiendo a la canciller Merkel, que cuestionó el liderazgo estadounidense, Trump volvió a tocar este tema en un mensaje en la red social Twitter, asegurando que Estados Unidos tenía “un masivo déficit comercial con Alemania”. “Es muy malo para Estados Unidos, esto cambiará”, escribió el mandatario.

Por muchos años, Washington ha acusado a Berlín de un fuerte déficit comercial de 67.700 millones de dólares en el 2016, relacionado sobre todo al comercio de bienes más que de servicios.

Esta cifra, menor que en 2015, convierte a Alemania en el segundo mayor responsable del déficit comercial de Estados Unidos, detrás únicamente de China y sus descomunales 309.000 millones de dólares, de acuerdo con la información del Departamento de Comercio.

En realidad, Estados Unidos es el mayor mercado de exportación para alemanes, que colocan allí bienes destinados a la industria de manufacturas por 39.400 millones de dólares en el 2016 y sus famosos automóviles por una cifra de 32.100 millones de dólares.

¿Qué alega EE. UU.?

El gobierno de Trump ha cambiado radicalmente el enfoque estadounidense sobre el comercio: ahora cualquier déficit comercial es visto como un desbalance dañino que debe ser corregido, incluso aunque este pueda reflejar el dinamismo de las relaciones económicas entre los dos países.

China y México han sido los principales objetivos de EE. UU., pero tampoco Alemania se ha librado de esa situación. Incluso antes de ser investido, ya Trump puso en el centro del torbellino a los fabricantes alemanes de vehículos. “Pueden construir vehículos para EE. UU., pero por cada uno que llegue al país deberán pagar un impuesto de 35 por ciento”, declaró al periódico alemán Bild a mediados de enero.

Esta amenaza no ha sido cumplida, pero su gobierno ha abierto otro frente contra Berlín al acusarlo de beneficiarse de un “euro fuertemente devaluado” para aumentar sus exportaciones.

Alemania quiere asegurarse de que los intercambios comerciales sean beneficiosos para ambos. Los estrechos vínculos comerciales entre ambos países hacen que Alemania sea una importante fuente de inversión directa en Estados Unidos (255.500 millones de dólares en 2015), donde sus empresas y sus filiales norteamericanas emplean 677.000 personas, de acuerdo con el Departamento de Comercio.

Así, la mayor fábrica en el mundo del gigante BMW no está en Alemania sino en Carolina del Sur, en la ciudad de Spartanburg. “Estados Unidos y Alemania son importantes socios que se benefician de mercados abiertos y florecientes en un clima de confianza comercial”, se puede leer en un reciente reporte de RGIT, que representa al comercio y la industria alemanes en Estados Unidos.

En su viaje a EE. UU. la semana pasada, la ministra alemana de Economía, Brigitte Zypries, fue más agresiva al sugerir que las empresas estadounidenses deberían trabajar más si quieren reducir el déficit. “La economía estadounidense debe, sobre todo, ser más competitiva y exportar más”, dijo la ministra.

INTERNACIONAL Y AFP

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