EEUU y Canadá

Trump vs. Clinton: el primer round presidencial

El debate del lunes se asimiló a una pelea entre dos boxeadores intercambiando golpes en un 'ring'.

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El primer debate presidencial de EE. UU. se llevó a cabo el pasado lunes 26 de septiembre.

Foto:

Paul J. Richards / AFP

29 de septiembre 2016 , 11:05 p.m.

Se dice que los debates presidenciales no sirven de mucho: aquellos que los miran con atención ya tienen definido su voto y buscan en el discurso de su candidato preferido algunas razones para terminar de convencerse, mientras que los indecisos, muchas veces, abandonan el antes del final y terminan cambiando de canal. Lo cierto es que los debates televisivos son un ejercicio difícil. Y no solamente para los candidatos, para los televidentes también: son largos (1h30), hablan de temas importantes en términos abstractos (seguridad y empleo para esta edición) y son filmados en un monótono plano fijo. He aquí algunas razones para encontrarlos aburridos.

Los únicos momentos de acción son cuando los candidatos se atacan uno al otro y es aquí cuando todos despertamos: incluso los periodistas que parecen ansiosos por contar los puntos resultantes de la “pelea” entre dos adversarios que se asimilan a unos boxeadores en el ring. Cada uno en su esquina (Hillary de rojo, Trump de azul) se alista para meter golpes, lanzar ataques personales o pegar con acusaciones. Es normal que exista daño en este ejercicio. Las cifras y los ejemplos sirven de respaldo a los ataques que se dan a diestra y siniestra. La impresión de agresividad que genera esta dinámica de combate es bastante clara y traduce la imposible reconciliación de las visiones que dividen a Clinton y Trump sobre el destino de Estados Unidos.

De manera general, los dos candidatos se ubican en unos registros emocionales y modales diametralmente opuestos. Mientras Hillary hace uso de la modalidad del “querer”, Donald Trump se enfoca en la del “poder”, o más precisamente del “no poder”. La mayoría de los términos que usa el candidato republicano hacen referencia a esta pérdida de poder que protagoniza el país y al cual propone devolver su grandeza. “Fracaso”, “infierno”, “desastre”, “pérdida” son algunos de los términos que usa recurrentemente Trump para hacer referencia a la situación del país, mientras que la secretaria de Estado usa un vocabulario más positivo con palabras como “confianza”, “futuro”, “progreso”, “valores” y “prosperidad”. Cuando ella habla de “amigos” en el Medio Oriente, él le contesta con “enemigos”. Cuando ella invoca restaurar “la confianza” entre policías y comunidades negras”, él urge restaurar “la ley y el orden”. Dos mundos se oponen en estos discursos y parecen irreconciliables.

Pero lo que se dice no es lo único que importa en el discurso. La comunicación no verbal también tiene su importancia y resulta siendo incluso la más importante. Muy poco de lo que dicen los candidatos será recordado por un público cansado a esa hora de la noche. Las sensaciones que experimentan los televidentes al escuchar a los candidatos son las que mejor se recordarán del largo ejercicio y, más que argumentos, lo que quedará en la mente son sensaciones. Los asesores en comunicación política suelen decir que olvidamos, la mayoría de las veces, qué es lo que dijeron los políticos, incluso qué hicieron, pero que nunca olvidamos lo que nos hicieron sentir. Trump juega sobre un sentimiento muy fuerte y movilizador que es el miedo (miedo a los extranjeros, a los terroristas, a los inmigrantes), mientras que Clinton intenta generar esperanza (alrededor del futuro y de las posibilidades del país esencialmente). Trump es nervioso (aunque intenta controlarse), mueve mucho las manos y hace muecas, frunce el ceño cuando escucha a su adversaria y la interrumpe bastante. Clinton parece más serena, sabe que no puede responder a la provocación sino con sonrisas y hasta con risas.

Cada uno quiere dar lo mejor de sí mismo en el ejercicio, intenta ganar el show y sumar puntos, que son muy pocos los que hay de diferencia ahora entre los dos candidatos. Cada uno le habla a una América diferente, a su América. Cada uno se dirige a una porción del país que se reconoce en sus discursos y en sus historias. Y los periodistas son los felices árbitros de este diálogo de sordos que, apenas terminado el combate, disfrutan debatir alrededor de los golpes disparados y de quien puede haber ganado este primer round presidencial. Apostamos que no fue la democracia estadounidense que salió victoriosa del combate del lunes, sin duda las propuestas y las ideas resultaron maltratadas por tantos golpes que se robaron el show.

EUGÉNIE RICHARD
Docente-Investigadora de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia

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