EEUU y Canadá

El pastor que susurraba al oído de los presidentes

Billy Graham logró que casi todos los mandatarios recientes de EE. UU. escucharan sus consejos.

Expresidentes de Estados Unidos con Billy Graham

Los expresidentes Bush padre, Clinton y Carter posan con Graham (en el centro) y el hijo de este.

Foto:

Chris Keane / Reuters

25 de febrero 2018 , 12:28 a.m.

Las honras fúnebres en el Capitolio de Estados Unidos no suceden todos los días. Solo 34 personas han recibido este honor en 166 años, y casi todos han sido para presidentes y militares.

El hecho de que el próximo sea para el reverendo Billy Graham habla claro sobre la relevancia de este hombre.

Más conocido como ‘el pastor de EE. UU.’, murió este miércoles a los 99 años y se esperan multitudes el 28 de este mes, cuando su cuerpo repose por 24 horas en la rotonda del Congreso de este país.

A lo largo de casi siete décadas de predica de la palabra de Dios, a Graham se le atribuye haber evangelizado a más 250 millones de personas en 90 países y ser el consejero espiritual de casi todos los presidentes de estadounidenses desde mediados del siglo pasado.

“Es probablemente el líder religioso más influyente de esta era. Quizá solo comparable con un par de Papas de la Iglesia católica”, como lo define William Martin, historiador de la Universidad de Rice y autor de varios libros sobre este pastor.

Es probablemente el líder religioso más influyente de esta era. Quizá solo comparable con un par de Papas de la Iglesia católica

Nacido en Carolina del Norte, Graham comenzó su carrera de predicador en 1944. Muy pronto entendió el poder de los medios masivos de comunicación y, posteriormente, internet para difundir su mensaje.

Fue eso, en gran medida, lo que lo convirtió en casi un mito para millones de seguidores cristianos.

Su doctrina se enfocaba en que la salvación estaba a la mano de cualquiera –blanco o negro, rico o pobre– siempre y cuando se entregara a Jesús, e impulsó el fin de la segregación racial y la igualdad entre credos, dos ideas revolucionarias para un pastor baptista nacido en el corazón del racismo estadounidense.

También se hizo famoso por las “Cruzadas de Billy Graham”, festivales dedicados al cristianismo que llevó a todos los estados de EE.UU. y decenas de países. Entre ellos Colombia, en 1962, donde visitó Barranquilla y Bogotá.

En sus memorias, Graham recuerda que el alcalde de Barranquilla de la época les canceló el permiso que tenían para hablar en un estadio de béisbol y les tocó mover el evento a los predios de una escuela.

“La decisión del alcalde causó tal malestar por considerarse una afrenta a las libertades religiosas que muchas personas terminaron asistiendo solo por curiosidad. Y terminó siendo uno de nuestros eventos más grandes en Sur América”, escribió Graham.

La última de sus “cruzadas” fue en Nueva York, en el 2005, a la que asistieron más de 230.000 personas.

Hombre de familia, estuvo casado 64 años hasta que su esposa murió en el 2007, y, a diferencia de otros pastores contemporáneos, nunca se vio envuelto en escándalos sexuales o de corrupción. Quizá por eso la veneración que los estadounidenses sienten por él: de acuerdo con Gallup, Graham figuró en la lista de las 10 personas más queridas en EE.UU. en 57 ocasiones.

No obstante, también fue objeto de muchas críticas, especialmente por sus incursiones en política.

Cecil Bothawell, otra historiadora que escribió un libro sobre Graham, dice que le dio su bendición a todas las guerras en las que se ha visto envuelto EE.UU. desde 1950 e incentivó a líderes del país para que combatieran el comunismo pese a saber que la vida de inocentes estaba de por medio.

En el 2012 tuvo que pedir disculpas públicas luego de revelarse una grabación en la que hacía comentarios antisemitas junto al presidente Richard Nixon.

Otros apuntan a su falta de respaldo al reverendo Martin Luther King. También mencionan, por ejemplo, cómo no lo acompañó a la gran marcha a Washington de 1963 y las críticas que le hizo al famoso discurso que pronunció ese día.

El propio Graham, en los años finales de su vida, reconoció que pudo haber hecho más. No obstante, sus defensores creen que lo que hizo durante sus casi 100 años de vida, y dado el contexto, fue histórico.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
Washington

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