EEUU y Canadá

El único que no cree en la injerencia rusa es el presidente Trump

Para el mandatario, reconocer la influencia de Moscú es aceptar que su triunfo pudo ser ilegítimo.

Richard Gates

Richard Gates (de barba), una de las figuras claves para desentrañar la injerencia rusa en las elecciones de EE. UU. Se declaró culpable de conspiración.

Foto:

Mark Wilson / AFP

25 de febrero 2018 , 12:35 a.m.

“Incontrovertible e incuestionable”. Así de claro tiene el asesor nacional de Seguridad de EE.UU., general H.R. McMaster, que Rusia intervino en la elecciones presidenciales del 2016. Y lo mismo piensan todas las agencias de inteligencia del país, incluida la CIA, el FBI y la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI), que la semana pasada lo corroboraron ante el Congreso indicando, además, que piensan volver a inmiscuirse en los comicios del 2018.

Una conclusión a la que ya habían llegado en enero del 2017 cuando presentaron un primer informe al respecto y que se reforzó con el hecho de que Richard Gates, un exasesor del Presidente, se declaró el viernes culpable de conspiración y de mentir a los investigadores, y se comprometió a asistir al fiscal especial Robert Mueller en el caso sobre la injerencia rusa en las presidenciales.

El único que al parecer no está convencido es el propio Donald Trump. Se volvió a pelear la semana pasada hasta con sus propios funcionarios por darle validez a esa certeza y siguió desacreditando al FBI por insistir en una investigación que a su juicio es una “farsa”.

McMaster, para ponerlo en contexto, dio sus declaraciones el sábado durante una cumbre de seguridad en Múnich en la que destacó la apertura de un proceso criminal contra 13 ciudadanos rusos a los que se les acusa de manipular los comicios para enlodar a la candidata demócrata Hillary Clinton y favorecer a Trump. Un proceso adelantado por Mueller, a quien se le encomendó investigar el rol de Moscú en las elecciones y si existió algún tipo de coordinación con Vladimir Putin.

Pero el Presidente, en lugar de condenar la intervención y anunciar medidas para que no vuelva a repetirse, lo que hizo fue criticar a McMaster por no decir que esa documentada injerencia rusa no tuvo un impacto en el resultado de las elecciones.

Pero peor cayó un trino en el que intentó sacarle provecho político a la matanza de 17 personas en una escuela de la Florida el miércoles de la semana pasada. “Es muy triste que el FBI no se haya percatado de los muchas señales que dejó el asesino. Es inaceptable. Están gastando mucho tiempo tratando de demostrar una coordinación de Rusia con la campaña Trump que no existió. Vuelvan a sus raíces y hagan que nos sintamos orgullosos”, dijo Trump.

John Kasich, gobernador republicano de Ohio, catalogó su argumento como “absurdo” y lo mismo hicieron varios miembros del Congreso. Y con razón. En el FBI trabajan 35.000 personas bajo un presupuesto de US$ 10.000 millones de dólares y son menos de 20 los que se dedican a la investigación de Rusia.

Los ataques de Trump contra la comunidad de inteligencia y su aparente defensa del Kremlin no son nuevos. Hace un mes, por ejemplo, la Casa Blanca decidió no ejecutar una ley aprobada por el Congreso, de mayoría republicana, en el que exigían sancionar a rusos que se inmiscuyeron en las elecciones.

En noviembre del año pasado dijo que le creía a Putin cuando este decía que no era cierto. Además, es bien conocida su admiración hacia el presidente ruso, y que ha hecho hasta lo imposible por descarrilar la investigación que adelanta Mueller. Lo que es novedoso es lo lejos que parece estar dispuesto a llegar con tal de asfixiar el tema ruso.

Para David Frum, exfuncionario de la administración de George W. Bush, se trata de una actitud no solo inexplicable sino que genera sospechas. Aún así lanza dos razonamientos posibles. El primero está basado en lo que define como el “narcisimo maligno” del presidente. En otras palabras, Trump es incapaz de reconocer que Rusia interfirió en su favor, pues eso sería admitir que su triunfo es ilegítimo.

“EE.UU. está siendo atacada por un peligroso rival que busca destruir nuestra democracia y tenemos a un presidente que no le importa, pues primero está su imagen”, afirma Frum.

EE.UU. está siendo atacada por un peligroso rival que busca destruir nuestra democracia y tenemos a un presidente que no le importa, pues primero está su imagen

La otra explicación es aún más compleja. Que Rusia, como se ha especulado, sí tiene información muy delicada sobre Trump, lo que explicaría sus esfuerzos por defender al Kremlin.

En el proceso, sin embargo, el presidente –según Frum– está debilitando las instituciones del país y creando precisamente las fisuras que Rusia se propuso. Lo peor, sostiene, es que nada está haciendo para evitar que se vuelva a repetir.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal EL TIEMPO
Washington
En Twitter: @sergom68

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