EEUU y Canadá

Creadora de alas, el inusual negocio de una amante de las aves

Alexis Noriega es tan famosa que celebridades como Lady Gaga pagan hasta 6.000 dólares por un par.

Alexis Noriega

Alexis Noriega muestra cómo pega las alas en su negocio The Crooked Feather (La pluma torcida) en Arizona (EE. UU.).

Foto:

Beatriz Limón / EFE

22 de diciembre 2017 , 10:39 p.m.

El negocio de Alexis Noriega es literalmente dar alas a la gente y entre su clientela hay tanto figuras del espectáculo y la moda, Lady Gaga incluida, dispuestas a pagar hasta 6.000 dólares por un par, como personas corrientes que se disfrazan de ángeles o superhéroes en Hallowen y Carnaval.

Noriega, de 31 años, fundó hace cuatro años "The Crooked Feather" (La pluma torcida), un negocio dedicado exclusivamente a la confección de alas por encargo, que primero funcionó por internet y hoy tiene un local-taller en Tempe (Arizona).

Amante de las aves y sus plumas desde niña, esta artesana puede lograr que las alas que crea brillen, tengan luces y colores, se muevan y casi cualquier otra cosa salvo, por ahora, hacer volar al que se las ponga.

El encargo más caro que ha recibido hasta ahora fue por 6.000 dólares, pero "hay alas que cuestan alrededor de 800 dólares", todo depende de "lo que quiera el cliente", dijo a Efe Noriega.

La empresaria, que distribuye de forma personalizada hacia diferentes confines del mundo, está complacida de haber alcanzado el éxito con una idea poco al uso.

"Cuando era niña siempre me sentí atraída por las aves; me gustaban los pericos, los búhos, las gallinas, los patos, en resumen los animales que portaran plumas. Amo mucho a las aves, por eso decidí crear mi primer set de alas", explica Noriega.

En una ocasión acudió a un centro de convenciones con alas confeccionadas por ella y la gente no paraba de preguntarle dónde las había conseguido, recuerda con orgullo.

"Explicaba que yo las había hecho y luego me pedían mi tarjeta. La verdad, no tenía una tarjeta de presentación. Es así como decidí hacer un negocio formal", agrega.

Noriega inició la elaboración de alas como algo alternativo en su vida, pero empezó a recibir tantas órdenes que decidió dedicarse de "de lleno a esto", apunta. Primero abrió su negocio en internet como una manera de ganarse un dinero extra desde su casa y hace unos meses estableció su taller en Tempe, donde también recibe clientes.

"Cuando monté mi negocio en línea empezaron a llegar las órdenes. Primero (fluyó) despacio, pero luego no daba abasto. Me inicié con varios diseños y formas, hasta que llegó el punto en que la gente hacía pedidos especiales o personalizados. Fue así como empecé con otros diseños, como las alas con movimiento", explica.

Debido a la demanda de sus productos "emplumados", ella misma consiguió, a base de motores, que las alas tuvieran movimiento. En su taller se aprecia un área electrónica dedicada a la implementación de motores, que la joven ensambla de manera autodidacta.

Actualmente el trabajo de Noriega es reconocido por bailarines, modelos, músicos y en ferias y convenciones. También tiene clientes que quieren ser "el doble" de su súperhéroe favorito y no dudan en pedir las alas de un X-Men. Su fama ha llegado lejos y celebridades como Lady Gaga y el cantante, compositor y productor R. Kelly han solicitado sus servicios.

De acuerdo con los pedidos, que suelen ser muy específicos, la artesana utiliza material sintético o natural. "Supe que en Estados Unidos unas tres personas nos dedicamos a crear alas. Es un quehacer laborioso que puede llevar entre 60 y 120 horas hasta el acabado. Es un trabajo de amor que se tiene que hacer con paciencia", explica.

Noriega envía sus productos a casi todo Estados Unidos, México, Argentina, Brasil, China, Japón, Francia, Australia y Canadá, entre otros. "En Halloween pasado no dormí de tantos pedidos. No paraba con la cantidad de alas que me pedían para personajes y disfraces", recuerda esta laboriosa mujer graduada de Enviromental Science (Ciencia Medioambiental) por la Universidad de Arizona.

Creando alas, la joven gana lo mismo que ganaría trabajando de su profesión, según sus propios cálculos. "Es un negocio que me permite pensar constantemente en nuevas cosas, para mantener el interés de la gente, y creo que sería feliz si puedo continuar haciendo alas por el resto de mi vida, pero estaré bien si no puedo hacerlo", señala.

EFE

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