Asia

Abogados de Pakistán, otro blanco del Estado Islámico

Al menos 70 personas murieron y otras 112 resultaron heridas en Quetta, tras ataque suicida.

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El ataque suicida con bombas contra un hospital de Quetta, en el oeste de Pakistán.

Foto:

REUTERS

09 de agosto 2016 , 10:17 a.m.

Al menos 70 personas murieron y más de un centenar resultaron heridas este lunes cuando un atacante suicida, a nombre del grupo yihadista Estado Islámico (EI), se hizo explotar en medio de una multitud congregada en señal de duelo frente a un hospital del suroeste de Pakistán.

“Un kamikaze del Estado Islámico hizo estallar su cinturón de explosivos durante una reunión de empleados del ministerio de Justicia y de la policía paquistaní en la ciudad de Quetta”, aseguró la agencia Amaq, órgano de propaganda de la organización yihadista.

La explosión produjo una verdadera carnicería frente a la sala de urgencias del hospital civil de la ciudad de Quetta, donde unas 200 personas estaban reunidas para compartir su pena por el asesinato pocas horas antes de Bilal Anwar Kasiun, importante abogado de la región.

“El balance alcanzó a los 70 muertos y 112 heridos”, indicó a la prensa el doctor Masood Nausherwani, jefe de los servicios de salud de la provincia de Baluchistán, cuya capital es Quetta.

“Hay muchos heridos, de modo que el número de muertos podría aumentar”, declaró Rehmat Saleh Baloch, ministro de Salud de la provincia.

Este es el segundo atentado más letal cometido en Pakistán este año, tras el ataque suicida que a fines de marzo mató a 75 personas, entre ellas muchos niños, en un parque de Lahore (este), donde la minoría cristiana celebraba la Pascua.

Una facción de los talibanes de Pakistán, Jamaatul Ahara, vinculada al grupo pakistaní Tehereek-e-Taliban, reivindicó inicialmente el atentado.

Además, una portavoz del grupo amenazó con más ataques “hasta que se imponga un sistema islámico en Pakistán”.
El ejército se desplegó en los hospitales de la ciudad y en sus alrededores, según las autoridades.

Los cuerpos yacían en medio de un mar de sangre y de trozos de vidrio; y los sobrevivientes, en estado de conmoción, trataban de reconfortarse mutuamente. Muchas de las víctimas vestían traje y corbata.

‘Todo se veía negro’

Un periodista que se encontraba a 20 metros del lugar de la explosión cuando ésta se produjo relató que “había una gran humareda negra y polvo (...). Volví corriendo al lugar y vi cuerpos dispersos y muchos heridos llorando. Había muchos charcos de sangre”, añadió.

Miembros del personal médico, también en sollozos, acudieron rápidamente al lugar del atentado aún humeante para ayudar a las víctimas, describió.

Pervez Masi, herido por fragmentos de vidrio, indicó que la explosión fue tan potente que no comprendían lo que pasaba. “Muchos de mis amigos murieron (...), quienes hacen esto son animales”, añadió.

Muchos abogados y periodistas habían acudido al hospital después del asesinato del Anwar Kasi, presidente del colegio de abogados de Baluchistán, abatido por dos individuos armados cuando salía de su domicilio.

El primer ministro paquistaní, Nawaz Sharif, condenó el atentado y ordenó reforzar las medidas de seguridad.
“No dejaremos que nadie perturbe la paz de esta provincia, que hemos conseguido restaurar a costa de tantos sacrificios de las fuerzas de seguridad, de la policía y de la población”, afirmó el jefe de gobierno en un comunicado difundido por su despacho.

Un acto ‘abominable’

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, condenó el “atentado terrorista” y consideró “particularmente abominable” el hecho de que fuera dirigido contra un grupo de personas en duelo. Ban llamó al Gobierno del país a hacer “todo lo posible por garantizar la seguridad de la población y llevar a los responsables ante la justicia”.

En un comunicado, la Unión Europea (UE) dijo que “no hay justificación para este tipo de actos de terrorismo”.

Las fuerzas de seguridad y los edificios gubernamentales paquistaníes son blanco frecuente de los grupos insurgentes.

Los atentados contra hospitales tienen precedentes. En 2010, 13 personas murieron al estallar una bomba en la unidad de emergencias de un hospital de Karachi, donde recibían atención médica las víctimas de un atentado cometido poco antes.

Baluchistán, fronteriza con Irán y con Afganistán, tiene importantes reservas de hidrocarburos, pero es azotada con frecuencia por los yihadistas, la violencia sectaria entre suníes y chiíes y los rebeldes separatistas.

El atentado de la víspera en Quetta es el quinto que golpea este año a Pakistán. En el 2015, otros tres atentados se registraron en ese país, y en el 2014 se presentaron dos.

AFP

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