Asia

El príncipe Naruhito se perfila como nuevo emperador de Japón

Las dificultades de Akihito por su edad pusieron a pensar en el futuro de una institución milenaria.

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El principe Naruhito y la princesa Masako de Japón.

Foto:

AFP

14 de agosto 2016 , 01:21 a.m.

Desde hace varias semanas circulaba en Japón el rumor de una decisión muy importante que sería tomada por el actual emperador, Akihito, en cuanto a las funciones propias de su muy simbólico cargo, bastante atenuadas tras las imposiciones de la Constitución de 1947, con la que se refundó Japón tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial.

(Además: Japón, cerca de una transición imperial)

Y el pasado martes, el mismo monarca, de 82 años, dirigió un mensaje al país en el que sugirió que le iba a resultar más que difícil la tarea de continuar asumiendo sus responsabilidades como líder de la familia imperial. “Cuando veo que mi estado físico está empeorando poco a poco, me preocupa que pueda ser difícil para mí llevar a cabo mis funciones como el símbolo del Estado con todo mi ser, como he hecho hasta ahora”, dijo.

Tras este pronunciamiento, se abre paso la posibilidad de hablar sobre una eventual reforma constitucional para que los emperadores puedan abdicar cuando su estado de salud les impida continuar ejerciendo, ya que, por ley, el emperador solo puede delegar funciones cuando se vea totalmente impedido de cumplirlas.

De hecho, Akihito asumió muchas de las funciones de su padre, Hirohito, cuando éste ya se encontraba muy enfermo del cáncer de páncreas que padecía y que lo llevó a la muerte el 7 de enero de 1989.

Dada esta situación, Japón estaría abocado no solamente al cambio del ocupante del Trono del Crisantemo, sino a uno en las pétreas leyes que rigen su monarquía actual.

Por lo pronto, despunta la figura del príncipe Naruhito, de 56 años, para que se convierta en el nuevo símbolo de la identidad nacional, como así asumen los japoneses la figura del emperador, otrora revestida de carácter divino.

(Lea también: Emperador de Japón admite 'dificultad' para ejercer su cargo)

Un hombre de paz

El politólogo y especialista en asuntos asiáticos Fernando Barbosa, quien conoce al príncipe, le aseguró a EL TIEMPO que “el carácter de Naruhito es muy similar al de su padre y desde temprana edad ha sido preparado para ser el próximo emperador”.

Según Barbosa, Naruhito cuenta con una visión internacional muy amplia. “El haber estudiado en Oxford (Reino Unido) le abrió una visión sobre el mundo actual. Ha sido un hombre partidario de los temas sociales apoyando a los débiles y marginados, que busca acercarse más al pueblo. Es un defensor de la paz”.

Precisamente, este es un asunto en el que coincide con su padre, ya que el término con el que se identifica la era de Akihito (y que reemplazará su nombre terrenal cuando muera) es ‘Heisei’, que significa “consecución de la paz y la armonía”.

Otra característica que comparte con su padre es haberse casado con una plebeya. Naruhito contrajo nupcias el 9 de junio de 1993 con Masako Owada, economista con título magna cum laude de la Universidad de Harvard. De esta unión nació en el 2001 su hija, la princesa Aiko. El hecho de que la pareja tenga solo una hija genera incertidumbre respecto a la sucesión, pues constitucionalmente solo los hombres pueden convertirse en emperadores.

El siguiente sucesor en la línea dinástica es el príncipe Fumihito, hermano menor de Naruhito. Casado con Kiko Kawashima, tiene como hijo varón al príncipe Hisahito, de 10 años de edad. Hisahito, por el momento, es el tercero en la línea al trono, pero de aprobarse una reforma en cuanto a la sucesión femenina, perdería este lugar, ya que la princesa Aiko tendría derecho a ser emperatriz.

A lo largo de la historia, “más o menos la mitad de los emperadores han abdicado y ha habido ocho emperatrices entre los 125 líderes imperiales que han ocupado el cargo, pero todo esto sucedió antes de la occidentalización de Japón, antes de la reforma de 1947 que limitó más el poder simbólico de la figura del emperador”, añadió Barbosa.


Los retos de Naruhito
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abdicacion del emperador de japon akihito perfil de principe naruhito

Foto:

De subir al trono, el mayor reto que tendría que enfrentar el nuevo soberano sería manejar una eventual reforma a la Constitución, que se tendrá que delinear desde la casa imperial y en conjunto con el primer ministro, lo cual podría arrojar cambios drásticos.

El profesor e investigador universitario, especialista en Asia, Jaime Barrera le explicó a El TIEMPO que estas modificaciones necesitarán pasar por un amplio debate que involucre tanto al Gobierno como a los diferentes sectores de la opinión pública. “En ese escenario se deben debatir unos cuestionamientos importantes sobre la función del emperador como símbolo del pueblo y del Estado”, agregó Barrera.

Uno de los puntos que la reforma debe analizar es el de la inclusión de las mujeres en la línea dinástica y el que los hijos no necesariamente sean de sangre real. Como ejemplo de ello está el mismo Yoshihito, el padre de Hirohito, quien fue el fruto de la unión del príncipe Matsuhito y su concubina, la dama de honor palaciega Naruko Yanagiwara.

(Además: Ocho claves de la 'futura' abdicación de Akihito)

Para Enrique Posada, director del Instituto Confucio del Observatorio de Asia y Pacífico de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, la reforma de la Ley de Sucesión Imperial no es difícil ni traumática para un pueblo que entiende las razones del emperador. “Es una oportunidad de cambio, tal como sucedió con la abdicación del papa Benedicto XVI”.

“Ya se perfiló una opinión favorable ante el pronunciamiento del emperador Akihito, lo que indica que la reforma será rápida, pero depende también de que vaya ligada a la otra, que es la de permitir que una mujer reine”, añadió Posada.

Para Naruhito, superar la imagen de su padre no le será fácil. El emperador ‘Heisei’ se ha ganado el cariño de su pueblo, con el que hizo mucho esfuerzo para conectarse.

La alocución del martes pudo haberse visto como un llamado de Akihito al pueblo para que considere su estado y su deseo de ceder el cargo, pero también como el comienzo de una despedida en la que abre una puerta para que Naruhito se meta en el corazón de los japoneses, lo que presupone cambios grandes, acordes con los nuevos vientos que soplan en el país del Sol Naciente y su sociedad.

SANTIAGO FELIPE MUNÉVAR
Para EL TIEMPO

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