África

¿Saldrá Liberia adelante con un crac convertido en presidente?

George Weah ha sido criticado por aliarse con líderes que apoyaron a las dictaduras militares.

George Weah

Weah fue elegido por la Coalición Cambio Democrático.

Foto:

Ahmed Jallanzo / Efe

05 de enero 2018 , 06:01 p.m.

El exastro del fútbol George Weah, de 51 años, el único futbolista africano que ha ganado el Balón de Oro y ha sido galardonado como el jugador del año de la FIFA (1995), futbolista del año en África y Once de Oro (1995) y doble Balón de Oro de África (1989 y 1994), es el nuevo Presidente de la república africana de Liberia. 

Un país del África Subsahariana de más de cuatro millones de habitantes, de los cuales el 60 por ciento son amninistas, el 30 musulmanes y el 10 cristianos. Población que tiene una esperanza de vida de 62 años, el 63,80 por ciento vive bajo el límite de la pobreza y el gasto público en educación solo alcanza el 2,82 por ciento del PIB. Una nación que ha sufridos dos guerras civiles 1989-1996 y 1999-2003, que le costaron la vida a más de 200.000 personas y causaron centenares de desplazados internos y refugiados en naciones vecinas. Como si fuera poco, en el 2014 la epidemia del ébola causó la muerte a 4.716 liberianos.

Este es el país que recibe Weah, quien, como su antecesora, Ellen Johnson-Sirleaf, la primera mujer en llegar a la Presidencia en un país africano, es el primer deportista de fama mundial que logra el más alto cargo de su país. Consiguió el poder tras imponerse en la segunda vuelta de las elecciones del pasado 27 de diciembre con el 61,5 por ciento del total de los votos frente al 38,5 por ciento del actual vicepresidente, Joseph Boakai.

En los años noventa del siglo XX, Weah fue considerado uno de los mejores futbolistas del mundo. Fue estrella del AC Milán, el París Saint Germain, Chelsea, Manchester City, Olimpia de Marsella y el Mónaco. En 1987 empezó a ser muy reconocido, tuvo cinco temporadas brillantes en Europa y se retiró del fútbol en 2002.

Luego, regreso a su país e incursionó en la política. En el 2005, por primera vez, se postuló para la presidencia y perdió. Luego, en 2011 y corrió la misma suerte, pero en el 2014 logró ganar un escaño como senador de su país.

Weah no es el único deportista que ha incursionado en política. En Brasil, Romario fue electo senador, en Colombia Willington Ortiz y la ex medallista olímpica María Isabel Urrutia lograron llegar al Congreso; en Argentina, el ex campeón mundial de motonáutica, Daniel Scioli; en México, la ex medallista olímpica Ana Gabriela Guevara, y en Filipinas, el excampeón mundial de boxeo Manny Pacquiao, entre muchos otros, siguieron este camino.

El reto de Weah, a partir del próximo 22 de enero, será gobernar unas de las naciones más pobres de África, como miembro de la etnia kru, marcada por un profundo arraigo a su etnicidad. Esta etnia, que se resistió a la esclavitud en tiempos de la trata trasatlántica, y a la ocupación de sus tierras por los libertos estadounidenses– representa más del 10 por ciento de la población. Con los krahn y los mano, tienen la preponderancia en la política liberiana.

George Weah

En el Marsella (foto), el PSG, el Milán y otros equipos, Weah siempre fue goleador.

Foto:

Gerard Julien / AFP

12 años tras la presidencia

El nuevo Presidente luchó durante 12 años por alcanzar el poder. En las elecciones del 2005, en la primera vuelta obtuvo el 28,3 por ciento de los votos y logró derrotar a 22 candidatos que disputaron la Presidencia, entre ellos a la premio Nobel de la Paz, Ellen Johnson-Sirleaf, quien sacó 19,8 por ciento. En la segunda vuelta, la formación académica y la experiencia política de Johnson-Sirleaf fueron determinantes a la hora de conformar coaliciones para ganarle el pulso a Weah.

De hecho, Johnson-Sirleaf en aquellos comicios resultó ganadora con el 59,4 por ciento de los sufragios, contra el 40,6 de Weah. Su elección marcó un hito en la historia política africana por ser la primera mujer en ganar unas elecciones presidenciales.

Johnson-Sirleaf, economista, graduada con honores en la Universidad de Harvard, especializada en administración pública, derrotó al novato exfutbolista. Se había destacado como senadora, ministra de Hacienda, vicepresidenta del Citibank, presidenta del Banco de Desarrollo e Inversiones de Liberia, consultora permanente de la Comisión Económica de la ONU para África, presidenta del Partido de Unidad Nacional y ganadora del Premio Franklin D. Roosevelt de la Libertad de Expresión.

Hace doce años, cuando Johnson-Sirleaf llegó a la presidencia, los principales retos fueron la estabilidad política y la reconstrucción económica y social de un país empobrecido por las secuelas de la guerra.

Después de dos mandatos presidenciales, su balance es agridulce. Entrega un gobierno debilitado por las acusaciones de nepotismo, tras el nombramiento de sus hijos Charles, como vicegobernador del Banco Central, y Robert, como presidente de la Compañía Nacional de Petróleo. El primero fue acusado de no declarar sus bienes a las autoridades anticorrupción.

Uno de sus mayores logros administrativos fue restablecer la paz y la estabilidad política, tras más de una década de sangrientas guerras. Inicialmente gobernó un país volátil por las secuelas de los conflictos y con una extrema fragilidad política.

De allí que su principal legado es haber logrado avances en desarrollo económico, y en la estabilidad institucional y política. La esperanza de vida aumentó en su gobierno de 56 a 62 años y el PIB creció 248 por ciento, pasando de 604 millones a 2.101 millones de dólares.

Esta mujer llegó a la Presidencia después de haber sido condenada a 10 años de prisión por el delito de sedición. Liberada meses después, se fue al exilio y regresó en 1997, cuando compitió por la Presidencia pero fue derrotada por Charles Taylor, dictador que hoy purga una condena de 50 años del Tribunal Especial para Sierra Leona por crímenes de guerra.

Taylor y el exdictador de Chad, Hissene Habré son los primeros ex mandatarios africanos condenados por la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad.

Otros lograron que la justicia de sus países o de las potencias les conmuten las penas, como fue el caso en Francia del famoso Emperador de la República Centroafricana, Jean-Bédel Bokassa, en los años 80 del siglo XX.

Estos hechos han generado una especial sensibilidad hacia los dictadores que han gobernado países africanos.

El nuevo presidente, precisamente, ha sido criticado por sus alianzas políticas. La primera, en el 2011, como fórmula presidencial de Winston Tubman, quien como ministro de Justicia hizo parte de la dictadura militar de Samuel Doe. Y ahora, por la escogencia para la vicepresidencia de Jewel Howard Taylor, exesposa del exdictador Taylor.

De esclavos a esclavistas

Liberia es un estado fundado por antiguos esclavos de Estados Unidos en 1817, a través de un proceso de compra y conquista de tierras, impulsada por la Sociedad Americana de Colonización de los negros libertos de Estados Unidos, liderada por políticos y granjeros estadounidenses como Charles Fenton Mercer, Henry Clay y Richar Bland Lee, entre otros.

Dichos esclavos libertos regresaron a sus raíces africanas en busca del sueño de libertad, con los auspicios del gobierno estadounidense y crearon una república a semejanza de Estados Unidos, con una constitución elaborada en la Universidad de Harvard.

Pero estos libertos se hallaron con la sorpresa que el territorio al que desembarcaron no era el mismo de donde desarraigaron a sus antepasados. Su primer impacto fue el rechazo: los nativos los consideraron intrusos. Ese Estado de libertos basado en principios políticos y económicos estadounidenses, con el paso de los años se convirtió en esclavizador de los nativos. Los negros libertos, con el modelo capitalista, se apoderaron de las tierras más aptas para la agricultura, esclavizaron a los nativos e impusieron que sólo los propietarios de tierras tenían derecho a elegir y ser elegidos.

Por la presión de la comunidad internacional, se logró en 1936 que se aboliera el trabajo forzado, y en 1958, que se penalizara la discriminación. Los exesclavos americanos y sus descendientes recrearon el sistema cultural y racial de castas de la sociedad norteamericana del siglo XIX, para convertirse en las élites dominantes de los africanos nativos de clase inferior.

Esa clase dominante controló el poder durante 157 años, hasta 1980. Las relaciones con los nativos fueron de enfrentamiento permanente por el dominio de tierras y el control del poder político.

En 1980, los descendientes de los nativos derrocaron del régimen américo-liberiano, cuando el presidente William Tolbert fue derrocado en un golpe militar y ejecutado con sus trece ministros por el sargento Samuel Doe, quien instauró una dictadura que proscribió los partidos políticos y suspendió la Constitución Política.

Legado de dos guerras civiles

El fin de la hegemonía de los descendientes de exesclavos fue el comienzo de la primera guerra civil, cuando Doe puso fin a su supremacía y dejó el poder en manos de la tribu Krahn, instaurando una dictadura despiadada y brutal.

Sus desmanes generaron esa primera guerra civil en 1989. Las etnias del noroeste, bajo el mando de Charles Taylor, y las del sur, bajo el dominio de Prince Johnson, ambos descendientes de repatriados pero con nexos familiares con etnias más numerosas, se unieron en el Frente Nacional para la Liberación de Liberia para combatir el gobierno de los Krahn, bajo la tutela de los intereses de Estados Unidos; el gobierno de Libia, del extinto Muammar el Gadafi, y algunas potencias de la Unión Europea.

En septiembre de 1990, las fuerzas rebeldes de Prince asesinaron a Doe y asumieron el poder. Luego con la mediación de la ONU se integró un gobierno de Unidad Nacional, liderado por Amos Sawyer. Tres años más tarde los grupos rebeldes acordaron un cese del fuego y, en 1994, se proclamó un gobierno de transición.

Un año después, con la mediación de la ONU, se logró un nuevo proceso de paz que puso fin a la guerra. Las fuerzas rebeldes se disolvieron y se constituyeron en partidos.

Fue así como, en 1997, después de 14 años de guerra, se eligió un gobierno democrático, en cabeza de Charles Taylor, quien por la autocracia que instauró, las violaciones de los derechos humanos y la represión que aplicó a los líderes opositores, desató de nuevo la guerra. Su gobierno había perdido el control de la mayor parte del país y fue obligado a renunciar en el 2003. Luego se le acusó de crímenes de lesa humanidad. Como parte de los acuerdos de paz, se exilió en Nigeria para poner fin a la guerra de 14 años.

Tras el exilio de Taylor, Gyude Bryant fue nombrado presidente del Gobierno de Transición y se convocaron las elecciones, en las que fue elegida, en 2005, Johnson-Sirleaf.

Así, Weah asume el tercer gobierno en tiempo de paz.

JOSÉ E. MOSQUERA
Periodista y escritor, autor del libro ‘Travesía por la historia de África’
Especial para EL TIEMPO

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