África

Tras la dimisión de Mugabe, ¿qué viene para Zimbabue?

Se espera que el vicepresidente Mnangagwa asuma por 3 meses y luego sea candidato presidencial.

Zimbabue

Los habitantes de Harare, la capital de Zimbabue, salieron a celebrar la dimisión de Mugabe. Fin de una era.

Foto:

Philimon Bulawayo / REUTERS

21 de noviembre 2017 , 10:39 p.m.

Con la muy posible designación del destituido vicepresidente Emerson Mnangagwa como nuevo mandatario podría llegar a su fin la crisis política de Zimbabue, luego de que su presidente por 37 años y héroe de la independencia, Robert Mugabe, finalmente cedió a las presiones y redactó su carta de dimisión.

Creo que el destituido vicepresidente Mangagwa, quien cuenta con el apoyo del comité central del partido, regresará (al país) en las próximas 24 horas y sería juramentado como presidente por 90 días”, dijo el vocero del partido oficialista ZANU-PF, Simon Khaya Moyo.

“Quiero felicitar al pueblo de Zimbabue por alcanzar este momento histórico. Juntos aseguraremos una transición pacífica hacia la consolidación de nuestra democracia y daremos un nuevo comienzo para todos los zimbabuenses y fomentaremos la paz y la unidad”, indicó Mnangagwa desde Sudáfrica en declaraciones al portal NewsDay.

El exfuncionario explicó que está preparando su regreso a casa y que está deseoso de abordar los “retos políticos y económicos” que tiene que enfrentar su “amado” país.

La noticia, largamente esperada en un país que llegó a pensar que Mugabe solo se iría del poder en un sepulcro, o como dijo su esposa Grace, que incluso cadáver seguiría siendo presidente, fue vista con esperanza dentro y fuera del país, pues se siente que se abre una nueva etapa para que Zimbabue vuelva a ser el país próspero y pujante que fue.

La gente salió a celebrar a las calles de las principales ciudades y desde varias capitales del mundo se hicieron llegar mensajes de felicitación.

“Es una oportunidad histórica para el pueblo de Zimbabue y para poner fin al aislamiento del país africano”, dijo este martes la portavoz del Departamento de Estado de Estados Unidos, Heather Nauert. “El pueblo de Zimbabue debe decidir el futuro en una elecciones libres y justas”.

En el mismo sentido se expresó la primera ministra del Reino Unido, Theresa May, quien opinó que se abre la oportunidad de “forjar un nuevo camino”, libre de “opresión”, en la antigua colonia británica. “En los últimos días hemos visto el deseo de los ciudadanos de Zimbabue de unas elecciones libres y justas y de tener la oportunidad de reconstruir la economía del país bajo un gobierno legítimo” (...). Haremos todo lo posible para apoyar eso, trabajando con nuestros socios internacionales y regionales para ayudar al país a lograr el futuro brillante que merece”.

Mugabe dimitió para evitar la ignominia de ser cesado, mientras se celebraba una sesión conjunta de la Cámara baja y el Senado en la que tanto el partido gobernante como la principal formación opositora, el Movimiento por el Cambio Democrático (MDC-T), iban a aprobar el proceso de su destitución.

El presidente del Parlamento, Jacob Mudenda, interrumpió la sesión por una carta urgente que le habían hecho llegar, firmada en el palacio presidencial. Cuando pronunció las palabras “notificación de dimisión”, todos los diputados y senadores estallaron en júbilo.

La carta

“Yo, Robert Gabriel Mugabe, por la presente ofrezco formalmente mi dimisión como presidente de Zimbabue con efecto inmediato”, indicaba la misiva que puso fin oficialmente a esta caída a cámara lenta de un jefe de Estado que, a sus 93 años, parecía decidido a retener el poder el máximo tiempo posible.

De hecho, la sorpresa fue total, ya que en la noche del domingo, en su última aparición televisada y la primera desde que los militares tomaron el control del país la semana pasada y lo confinaron en su residencia, Mugabe no solo no dimitió sino que pidió una vuelta a la normalidad en el país y el inicio de una nueva etapa sin espíritu de venganza. No quedó claro si se refería a una etapa con o sin él al frente, pero lo cierto es que se abre una nueva era en un país que durante mucho tiempo fue identificado por la comunidad internacional como la finca personal del que muchos consideraban un dictador.

“Estoy tan contenta de que Mugabe se haya ido, 37 años bajo su dictadura no es una broma”, dijo Tinashe Chakanetsa, de 18 años. “Tengo esperanza por un nuevo Zimbabue dirigido por el pueblo y no por una persona”, añadió.

La renuncia pone fin a una semana de incertidumbre sin precedentes que comenzó cuando los militares tomaron el control tras la destitución por Mugabe del vicepresidente Mnangagwa y sus esfuerzos para colocar a su esposa Grace al frente del país.

Era claro que los militares y amplios sectores no querían que se instaurara en el país una especie de reinado familiar dirigido por Grace, que se perfilaba como la posible sucesora del mandatario y que con la destitución de Mnangagwa parecía perfilarse para tal fin.

La expulsión de este fiel del régimen, héroe de la lucha de la liberación de Zimbabue, provocó la intervención de las Fuerzas Armadas, que controlan el país desde el 15 de noviembre.

El objetivo del nuevo gobierno será reconducir una economía totalmente atrofiada por la nefasta política de los últimos años, que provocó que el país perdiera hasta su propia moneda tras la terrible hiperinflación de 2008.

Mientras Zimbabue celebra, los resortes de la política nacional no tienen ni un momento para descansar: un portavoz de la ZANU-PF, Kenneth Mandaza, apuntó que el poder se debe “descentralizar” para que no recaiga de nuevo en “un solo centro”.
A pesar de haberle vuelto la espalda a su fundador y líder, la formación reconoció “el trabajo que el presidente Mugabe hizo por Zimbabue” y el liderazgo “fuerte” que mantuvo durante la mayor parte de su carrera política, aunque “desafortunadamente” le falló en esta recta final, en palabras del portavoz.

Mandaza mencionó como motivo de esta cuesta abajo “la influencia de la gente que le rodeaba”, un claro dardo a Grace Mugabe y a los miembros de la llamada facción G40, que apoyaban los planes de la primera dama. Todos ellos fueron expulsados el domingo de la ZANU-PF en una reunión de su Comité Central donde Mugabe fue desplazado de la cabecera del partido para poner a Mnangagwa, quien también ha sido nominado ya candidato presidencial para las elecciones de 2018.

Por su parte, el jefe del Ejército, Constantine Chiwenga, ofreció una breve rueda de prensa en la que pidió a los ciudadanos que mantengan la paz en las horas posteriores a la dimisión del ya expresidente.

Hoy, por primera vez en 37 años, Zimbabue ya no es Mugabe: aunque se resistió hasta que no tuvo más opción, el presidente que prometió gobernar hasta los cien años ha puesto fin a su reinado y abre una nueva era en la que los ciudadanos esperan conseguir, por fin, una democracia plena en la que poder prosperar.

AFP y EFE​

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