África

George Weah y un reto más difícil que marcar un gol: mantener la paz

Su país, Liberia, vivió una guerra civil que dejó 150.000 muertos en 11 años. 

Para Weah viene algo más difícil que marcar un gol, mantener la paz

George Weah (c)es el primer exjugador de categoría mundial que logra ser presidente.

Foto:

Olivier Laban-Mattei / AFP

30 de diciembre 2017 , 09:10 p.m.

El exfutbolista George Weah, el único jugador africano que ha conseguido ganar un Balón de Oro (1995), considerado por la Fifa el mejor jugador africano del siglo XX y recordado en especial por su etapa en el Milan de Italia, equipo con el que ganó dos ligas en los 90, necesitó de dos intentos para convertirse en presidente. El primero fue en 2005. En aquella ocasión fue derrotado en una ajustada segunda vuelta por la actual presidenta, la nobel de la Paz Ellen Johnson-Sirleaf.

Weah se negó a aceptar los resultados de una votación que “fue de todo menos democrática, libre y transparente”, según dijo, pero la presión internacional, que pretendía evitar una nueva crisis en Liberia, lo hizo retractarse.

Sin embargo, esa derrota no mermó sus aspiraciones políticas y en 2011 concurrió de nuevo a los comicios, en esta ocasión como número dos de Winston Tubman, sobrino de William Tubman, el presidente más longevo del país (1944-1971), aunque resultó perdedor una vez más.

Pero Weah perseveró. En las elecciones de este año, el exfutbolista partió de su cargo de senador por la circunscripción de Montserrado, en la cual ganó con un 78 por ciento de los votos ante el hijo de la presidenta, Robert Sirleaf.

Fue precisamente la experiencia de haber derrotado a un político cercano a la Presidencia lo que le infundió esperanza de victoria, aunque los sondeos le advertían en sentido contrario, anticipando un nuevo fracaso. Pero el pasado mes de octubre, en la primera vuelta de las presidenciales, su partido, el Congreso para el Cambio Democrático (CCD), venció en 11 de los 15 condados del país, incluyendo el de Montserrado, el más poblado.

Weah vio campo abierto hacia una victoria que se consumó con el 61,5 por ciento de los votos obtenidos en la segunda vuelta, en una reedición política de su gloria deportiva. No obstante, su próximo cometido será más complicado que el de marcar goles al equipo contrario.

El exdelantero, quien marcó 268 goles en 528 partidos, deberá continuar con la herencia de Johnson-Sirleaf, bajo cuyo mandato se consiguió la retirada de la misión de paz de la ONU en Liberia, activa de 2003 a 2016, así como la retirada de todas las sanciones que Naciones Unidas había aplicado al país por el conflicto.

Liberia sufrió dos guerras civiles (1989-1996 y 1999-2003) que costaron la vida a más de 150.000 personas y causaron centenares de miles de desplazados y refugiados, por lo que la labor del nuevo presidente será mantener la paz que tanto ha costado conseguir.

También deberá hacer frente a la pobreza (el 50 por ciento de la población vive por debajo de su umbral), eliminar la corrupción y revitalizar la economía, que lleva tres años en contracción, desde que la epidemia de ébola más grave de la historia mató a casi 5.000 personas en Liberia.

Otros no llegaron tan lejos

La proclamación de Weah representa la máxima fusión entre fútbol y política, ya que por primera vez un exjugador que ganó el Balón de Oro se convierte en jefe del Estado de un país. Weah dio un paso más de los que protagonizaron otros exjugadores, como los brasileños Pelé y Zico, que llegaron a ser ministros de deportes de su país. Pero hasta la fecha, y al margen del actual presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, que jugó en el club Kasimpasa y estuvo próximo a fichar por el Fenerbahce antes de entrar en política, ningún jugador con la trayectoria de Weah había llegado tan lejos.

La máxima expresión de la relación entre exfutbolistas y política se quedaba en esos nombramientos como ministros de deportes, asesores, alcaldes, concejales y diputados o senadores.

Entre los regidores, uno de los más recientes es otro exmilanista, el georgiano Kakha Kaladze. En octubre de este año, Kaladze ganó las elecciones municipales y se convirtió en alcalde de Tiflis. También ejerce de alcalde el mexicano Cuauhtémoc Blanco, referente de la selección de su país y mundialista en Francia 1998, Corea-Japón 2002 y Sudáfrica 2010, aunque desde esta semana pesa contra él una orden de inhabilitación judicial por incumplimiento de pago.

Igualmente en Brasil, años más tarde, Romario fue elegido senador de Río de Janeiro y Bebeto entró en la Asamblea Legislativa. El camerunés Roger Milla, figura del fútbol de su país en los mundiales de 1982, 1990 y 1994, ocupó cargos en el ministerio de Deportes después de asumir la dirección administrativa de su selección.

El italiano Gianni Rivera, considerado entre los 100 mejores de la historia del fútbol, es diputado del Parlamento Europeo; el ucraniano Oleg Blokhin, Balón de Oro en 1975, fue diputado en el parlamento de su país en dos etapas previas a su carrera como técnico y el belga Marc Wilmot fue elegido senador en el año 2003, puesto para el que también fue elegido el mundialista polaco Grzegorz Lato.

EFE

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