África

El hambre, la catástrofe más mortal y evitable de la humanidad

En la última hambruna de Somalia murió casi el equivalente a la población de Armenia, Quindío.

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Los menores de edad también son internados con graves casos de diarrea e infecciones intestinales. Por la fragilidad de la salud pueden permanecer en esas condiciones por varios días sin la atención.

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Feisal Omar / Reuters

25 de abril 2017 , 10:56 a.m.
Miles de somalíes en busca de alimentos y aguaMiles de somalíes en busca de alimentos y agua
Somalia

Más de 6 millones de personas se enfrentan a inseguridad alimentaria aguda en Somalia, requiriendo asistencia humanitaria urgente, pues de lo contrario se podría repetir la hambruna ocurrida en este país del Cuerno de África en 2011 cuando murieron más de 250.000 personas, casi el equivalente a la población total de la ciudad de Armenia (Quindío).

“La gravedad de la situación en Somalia depende de dos factores: natural y político. En contra de la naturaleza no hay nada que hacer, pero en cuanto a lo político, la realidad es que el país lleva más de 26 años sin una autoridad central real, además, el accionar de grupos islámicos insurgentes como Al- Shabab incrementan los casos de hambruna en la población”, aseguró a ELTIEMPO.COM Monseñor Giorgio Bertini, presidente en Somalia de la organización humanitaria Caritas.

Aunque Somalia es uno de los países más afectados por la sequía de este año, no es el único. Sudán del sur, Yemen y Nigeria también se encuentran en riesgo de hambruna. Según un informe de la ONU y la Unión Europea, la combinación de precios récord, conflictos y condiciones climáticas extremas aumentaron el número de personas afectadas por el hambre en el mundo, hasta los 108 millones en 2016.

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Una mujer desplazada descansa fuera de su refugio. La somalí debió migrar debido a la sequía y hambruna extrema en zonas como Baidoa, cerca de la capital de Somalia.

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Feisal Omar / REUTERS

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Una gigantesca tormenta de arena golpeó un campamento temporal en el oeste de la capital somalí, Mogadiscio, el campamento era hogar de cientos de desplazados por la hambruna en el país africano.

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Los desplazados son de todas las edades, los adultos mayores son unos de los más sufren por la inclemencia de las condiciones áridas.

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Feisal Omar / REUTERS

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Los menores de edad también son internados con graves casos de diarrea e infecciones intestinales. Por la fragilidad de la salud pueden permanecer en esas condiciones por varios días sin la atención.

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Las condiciones de los centros médicos no siempre son las más propicias para la atención provocando complicaciones en los menores que son atendidos.

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Familias enteras han abandonado sus viviendas para buscar zonas con agua potable y sin sequía. La mayoría de los somalíes tienen como destino el campo provisional de Baidoa, al oeste de Mogadiscio.

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Feisal Omar / REUTERS

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Los animales, que en su mayoría sirven como alimento para los habitantes, también sufren la inclemencia del ambiente. Una encrucijada que les obliga a priorizar el agua para ellos y sus animales.

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Dai Kurokawa / EFE

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Otras zonas del país también sufren con la situación. Muchos desplazados se movilizan a campamentos a las afueras de Qardho, en la región semiautónoma somalí de Puntland.

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Dai Kurokawa / EFE

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Las familias incluso optan por atar a sus hijos al interior de las viviendas y garantizar su seguridad mientras salen a buscar agua potable y alimentos. 

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Dai Kurokawa / EFE

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La crisis alimentaria se ha visto incrementada por la falta de lluvias. La Cruz Roja ha dicho que intentarán recaudar 13,8 millones de dólares para facilitar alimentos a decenas de miles de personas.

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Desde 2015 el fenómeno de ‘El Niño’ ha afectado crudamente el país.

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Dai Kurokawa / EFE

Marginación y desplazamientos

“Muchas de las tribus somalíes son pastores, por lo que cuando el agua se seca en un lugar se mueven a otro. Este movimiento de personas también dificulta que los grupos humanitarios respondan adecuadamente”, afirmó en diálogo con este diario Lane Bunkers, representante de la organización Catholic Relief Services en Somalia y Kenia.

Además, en este país muchas tribus minoritarias son estigmatizadas por las tribus mayoritarias, quienes son las que terminan recibiendo la mayor parte de la ayuda humanitaria. Sumado a lo anterior, las zonas más castigadas por la escasez de agua están controladas por el grupo yihadista Al Shabab, que impide en muchos casos el acceso a las poblaciones más necesitadas.

La escasez de agua ha incrementado también los casos de cólera en el país, pues la población termina bebiendo agua no apta para el consumo humano. El Fondo de la ONU para la Infancia (Unicef) alertó que los casos de cólera y de enfermedades diarreicas agudas detectadas en Somalia durante los primeros meses de 2017 se elevan a más de 20.000, una cifra que supera los 15.600 contabilizados en todo el año pasado.

Estos casos ponen en evidencia el alto riesgo, en especial para los menores, pues de los más de 250.000 muertos que dejó la crisis humanitaria del 2011, al menos 130.000 eran niños, quienes son más propensos a contraer enfermedades como cólera y sarampión. 

Unicef hace un llamado para aumentar la financiación para sus operaciones en Somalia hasta 147 millones de dólares, de los cuales se ha recibido el 46 % de lo solicitado.

Se debe controlar la ayuda internacional que debe ir realmente a la gente necesitada.

“La lección principal de lo que pasó hace seis años fue que la alerta temprana no se tradujo en acción temprana, y aún hoy, con las medidas que se están tomando, miles de personas se encuentran en riesgo de morir por hambre”, le dijo a ELTIEMPO.COM Feargal O’Connell, director regional para el Cuerno de África de la ONG irlandesa Concern Worldwide.

Asimismo, más de 3.000 personas al día se ven obligadas a abandonar sus hogares en busca de agua y alimentos, en lo que ya es el mayor desplazamiento desde la hambruna de 2011, según datos del Consejo Noruego para los Refugiados (NRC)

“Somalia necesita una paz verdadera para lograr un progreso real, que los niños puedan ir a la escuela y la gente puede acceder a la atención médica y los servicios sin riesgo de conflicto y violencia. Se debe invertir en proyectos a largo plazo que requieren inversiones considerables y que no se trate únicamente de ayudar en momentos de crisis humanitarias”, afirma O’Connell.

Sin duda para resolver estos problemas estructurales se debe erradicar primero el hambre, pues como lo aseguró el periodista polaco Ryszard Kapuściński en una entrevista al periodista y escritor Martín Caparros: “La pobreza no es sólo material: es también social y psicológica. El pobre no lucha, porque para luchar por algo se necesita poder imaginarse un objetivo, un futuro mejor. Y el que tiene hambre no tiene tiempo ni ánimo para imaginar nada que no sea como pasar el día de hoy, de dónde sacar la próxima comida.”

Finalmente, para Bertini, la comunidad internacional que actúa en Somalia debe tener como prioridad al pueblo somalí y no sus intereses particulares. “Se debe controlar la ayuda internacional que debe ir realmente a la gente necesitada; y por supuesto, también es necesario reajustar el tipo de economía, el pastoreo nómada no debe seguir siendo la base de su economía: se debe explotar mejor la agricultura, la pesca y el turismo”.

Campañas

En días pasados, usuarios de redes sociales en el mundo lanzaron una campaña pidiendo a Turkish Airlines (la única aerolínea que viaja a Mogadiscio, capital de Somalia) ayudar enviando provisiones a las personas en este país que están en riesgo de hambruna, con el hashtag #TurkishAirlinesHelpSomalia. La aerolínea se comprometió a transportar 200 toneladas de ayuda a lo largo de seis meses.

¿Cómo ayudar desde Colombia?

Organizaciones como Caritas, Concern Worldwide, Catholic Relief Services, el Programa Mundial de Alimentos, entre otros, tienen su página habilitada para hacer donaciones desde cualquier parte del mundo.

Diana Rincón Henao
ELTIEMPO.COM

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