Mundial Rusia 2018

Hubo eficiencia, faltó chispa (Opinión)

El ensayo fue bueno. Sirvió. No importa no ganar, a esta altura lo trascedente es el funcionamiento.

02 de junio 2018 , 09:33 p.m.

Ni críticas ni elogios. El 0-0 de Colombia ante Egipto no dio ni para una cosa ni para la otra. Circuló por una vía gris. Ante todo: estos no son partidos a matar o morir, aunque tampoco amistosos, sí un choque de preparación entre dos equipos que en días más debutarán en el Mundial y buscan competir lo más seriamente posible para sacar las mejores conclusiones; donde los jugadores quieren ganarse un lugar o, al menos, el aval del técnico para ser tenidos en cuenta. De modo que no hay que tomarlos a la ligera, se corre, se juega responsablemente, nada de media máquina.

Egipto es, en apariencia, menos que Colombia, y por ello se supone que ésta tenía mayor obligación de triunfo. Nos quedará la duda de cómo será Egipto con dos titulares como Salah y Elneny. El primero es un delantero fantástico que luchó hasta pocos días atrás por el Balón de Oro, lo cual lo dimensiona. Es la superestrella de los Faraones. El segundo es habitual actor de reparto en el Arsenal inglés, un volante de incansable ida y vuelta con buena técnica. Lo seguro es que Egipto sin Salah es un perro caliente sin mostaza. Era obvio que, al no estar él, priorizara el cero en el arco propio. Además, conociendo a Cúper, imaginábamos lo que vimos: un conjunto cauteloso, luchador, ordenado defensivamente, que da batalla sin cometer locuras. Cúper fue, en su tiempo, un zaguero casi impasable, firme. Así lució Egipto. Si a esto sumamos el buen biotipo físico de los hijos del Nilo, convendremos que no era fácil tampoco penetrar esa defensa.

Colombia estuvo más cerca, aunque no lo arrolló. Controló el juego, dominó, fue ordenado en la recuperación y las coberturas, puso mucho empeño y compromiso. Generó tres situaciones claras de gol: cabezazo de Falcao apenas desviado, zurdazo al palo de James y remate picado de Cuadrado al gol que se le fue alto por centímetros. Egipto, clara, clara tuvo un cabezazo que sacó Ospina en su estilo Supermaniano, con unos reflejos notables. Hubo eficiencia, faltó chispa, la explosión que en otros tiempos le daban por los laterales Zúñiga y Armero.

Definitivamente, no es la Colombia que brilló allá por el 2013, en la Eliminatoria para el Mundial de Brasil. Pasaron cinco años... No deja de ser inquietante que los puntales siguen siendo los mismos: James, Falcao, Sánchez, Ospina, Cuadrado. No se advierte un referente nuevo. Tal vez porque no lo encuentra, Pekerman decide jugar con este esquema de tres volantes de marca, o dos y medio, porque Mateus Uribe es un mixto, pero un mixto más corredor que tocador. Con esa coraza en el medio protege el fondo. También el ataque queda un tanto huérfano. Se lo ve muy solo a Falcao, rebuscándose con lo que caiga. Claro que Falcao sabe cómo es su trabajo: sostener la caña y estar atento al menor movimiento del anzuelo. Así casi abre el marcador al minuto de juego; luego ya no le llegó ninguna pelota decente. Salió, aunque no era un problema de Falcao sino de abastecimiento.

Faltó juego desde el medio hacia arriba porque Lerma y Sánchez son dos tractores, Uribe un pistón, pero falta el sujeto capaz que la tenga, que la lleve, que toque, pivotee y genere la triangulación, tan desequilibrante en el fútbol. Por características y por clase, ese individuo puede ser Juan Fernando Quintero, es el más indicado para asociarse con James y aportar el soplo de frescura que hace falta adelante. Con los años se lo nota conservador a Pekerman. Cuida. También es cierto que en los últimos tiempos no ha surgido un distinto, un carasucia que quiebre líneas con habilidad y osadía. Quintero es el que más se aproxima a ese perfil. Le falta la velocidad, el arrojo del que rompe defensas per se. Está lleno de muchachos ideales para casarse, no para una aventura.

Lo mejor: James. Compuso una excelente producción. Hizo un despliegue fenomenal, dejó todo. Y, como siempre, su zurda hace diferencia. Un tiro al palo, un pase con el cual dejó sólo a Cuadrado, muchos toques de calidad. Se hizo eje de todos los avances. James no es un llevador ni un jugador de gambeta, de uno contra uno, sí un exquisito tocador y notable lanzador; por eso necesita un socio cerca, alguien con quien hacer tiqui taca. Llega al Mundial en un momento impecable de forma, física y futbolística. Ojalá lo continúe en Rusia.

El ensayo fue bueno. Sirvió. Porque el rival fue serio. No importa no ganar, a esta altura lo trascedente es el funcionamiento. Y eso está. Falta que, individualmente, se enciendan algunas luces. Entonces Colombia puede iluminar la Copa.




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JORGE BARRAZA
Para EL TIEMPO
En Twitter: @JorgeBarrazaOK

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