Mundial Rusia 2018

No dejen solo a Falcao… (Opinión)

Con el Tigre en ataque hay más esperanzas, pero hay que darle la pelota limpia, decente, clara.

21 de junio 2018 , 10:49 a.m.

A los goleadores como Falcao García hay que ayudarles un poquito. Que sus goles no dependan solo de sus instintos y de su inspiración. Que alguien les lleve la pelotica, que alguien les tire un centro decente, que el equipo juegue pensando en ellos y que el técnico piense cómo jugar con ellos. Porque si al goleador, como le pasa a Falcao, no le llega el balón, terminará herido en una campo minado de taches puntudos, como le está pasando al Tigre en la Selección.

En el partido contra Japón Falcao pasó más tiempo con la cara en el pasto que la mirada en el arco. Porque cada que recibió el balón fue derribado, como si no fuera un artillero letal sino una estrella de rugby. Las estadísticas oficiales contabilizaron tres faltas recibidas, pero seguro que le pegaron más. De hecho, el gol de tiro libre de Quintero fue posible gracias a una de esas patadas que le pegaron a Radamel, que en medio de su impaciencia y su desespero se convirtió en generador de faltas. Es decir, el Tigre se rebusca, pero necesita alimento: goles.

No es fácil para Falcao, porque lo marcan defensas de ocho ojos y ocho piernas. Lo muerden, lo raspan, lo acosan en manada para que salga de la zona de candela. Porque todos saben que adentro, olfatea la red y muerde. Prueba de ello es el mapa de calor del partido contra los japoneses: Falcao solo intervino fuera del área, ¡fuera! Adentro, apenas merodeó.

¿Cómo quiere entonces Colombia que su goleador anote si recibe la pelota de espaldas al arco, fuera del área y con tres o cuatro rivales que parecen encaramados en su cuerpo? Falcao necesita más acompañamiento. ¿Acaso necesita de otro delantero a su lado? ¿Acaso necesita de otro esquema táctico? Hay que hacer lo necesario para que se sienta cómodo. En la Selección, Falcao parece cohibido, como si jugara en un tablero de ajedrez en el que es rey, y como rey, no ataca: se defiende. Y Falcao es un voraz delantero que necesita atacar de frente, recibir y patear, recibir y cabecear, recibir y celebrar. Por eso hay que llevarle la pelota y evitarle que queme sus piernas y sus fuerzas.

Algunos extécnicos de la Selección Colombia han dicho en este diario que el verdadero dilema del equipo es cómo rodear a Falcao. Proponen que la clave está en los extremos, en el apoyo que estos le den, y en que James (o Quintero) juegue más cerca suyo. Y ni hablar de los laterales. En conclusión, a Falcao hay que buscarlo permanentemente, no dejarle batallar en soledad para evitarle que caiga en un jaque mate.

Contra Japón Colombia jugó casi todo el partido con un hombre menos y eso claro que mermó las posibilidades ofensivas. Pero es que no es de ahora. Falcao, que recién terminó una temporada de 18 anotaciones con el Mónaco en la Liga francesa, hizo solo dos goles en toda la eliminatoria a Rusia. Así que algo no anda bien. Su último gol con la Selección fue contra Francia, en el amistoso de marzo: un pase profundo de Sánchez, James picó al vacío y le puso la asistencia a Falcao, quien, como pasa cuando el balón le llega limpio, acertó.

El país lleva cuatro años soñando con el gol de Falcao en el Mundial, y aunque hoy lo más importante ya no es su gol, sino que Colombia gane, con el Tigre en ataque hay más esperanzas, pero hay que darle la pelota limpia, decente, clara. Y sobre todo, no lo dejen solo.

90 minutos

PABLO ROMERO
Redactor de ELTIEMPO
En Twitter: @PabloRomeroET

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