Mundial Rusia 2018

Suramérica ya está en casa, el Mundial sigue… (Opinión)

Cuatro Mundiales seguidos para Europa. El fútbol suramericano se debe replantear muchas cosas.

07 de julio 2018 , 05:01 p.m.

Casi un millón de personas esperaron en el aeropuerto El Dorado, en las calles de Bogotá y en el estadio El Campín el retorno de la Selección Colombia a su país. La gente, agradecida por lo que consideró una feliz actuación. Colombia jugó dos de los mejores partidos del Mundial: brilló ante Polonia, guerreó con Inglaterra. Los jugadores argentinos ni siquiera volvieron en delegación. Unos se quedaron en España, otros en Italia, Francia o Portugal. Sampaoli salió solo del aeropuerto y pidió un taxi. 

El utilero por un lado, los dirigentes por otro… Aunque mirándolo bien, y pese a las críticas, tampoco fue tan horrendo lo suyo, también hizo dos partidos memorables, ante Nigeria y Francia, a la que casi le empata 4 a 4 en el minuto 94. Perú ya había regresado la semana pasada con una sensación ambigua: jugó bonito, pero quedó fuera en primera fase. Un gusto raro. Brasil tampoco tiene nada para festejar al regreso: fue como amplio favorito, ganó algunos partidos, no jugó bien nunca. En la terminal de Guarulhos sólo estarán los familiares. Uruguay quedó satisfecho de sí mismo (siempre lo está), aunque su despedida en Rusia fue lánguida, directamente no jugó ante Francia.

Ni campeón ni finalista ni semifinalista. Es el magro saldo suramericano. Los últimos nueve días del Mundial no tendrán ningún equipo del continente.

Uruguay había concitado la adhesión de todo ciudadano no francés del mundo. Todos cinchaban por la Celeste. Por la humildad, por la bravura, por el orden, por Tabárez, por Suárez y Cavani, por la historia, “porque son tres millones”… No compareció ante Francia. No fue el Uruguay de los partidos iniciales ante Egipto y Arabia Saudita, pero tampoco el de Portugal. Francia le ganó cómodamente. Debió superar los primeros 15 minutos en que Uruguay intentó achicarlo físicamente con algunas entradas o empellones que el acomodaticio señor Pitana hizo que no vio (Suárez le dio un topetazo sin pelota a Pavard que le van a doler por un tiempo las costillas al lateral). Pero luego aquietó el balón, lo puso en el piso y empezó a hacerlo circular con precisión y a manejar el juego. El gol de Varane le dio aún mayor tranquilidad y siguió en la misma. Uruguay apareció una sola vez en la tarde: un cabezazo de gol que ese excepcional arquero que es Hugo Lloris salvó en lo que podría ser la atajada del campeonato (junto con el penal que tapó Ospina). Godín, con más ganas de remachar a Lloris que de hacer el gol, la tiró afuera.

Cavani fue una ausencia fatal para los de Tabárez, pero quién sabe qué hubiera cambiado… Francia fue muy superior y el gol de arquero que se hizo Muslera terminó de redondear la tarde: 2 a 0 plácido. Griezmann le remató suave y de lejos, pero le dobló las manos. Los últimos 34 minutos fueron de un toque lateralizado de Francia, que además sacó por precaución a Mbappé (que era buscado con ansias por los uruguayos) y a Griezmann. Uruguay era una exigente prueba de carácter para Francia, porque además es un equipo joven el de La Marsellesa. La pasó sin problemas. Aprobó con un ocho. Griezmann, el notable Pavard, Varane, Lucas Hernández y el fenomenal Kanté fueron puntos altísimos. Kanté levanta una hoja sobre su lomo, la lleva a la cueva, vuelve a buscar otra, la almacena, sale corriendo por una más, la trae… Es la hormiga perfecta. Cuida las espaldas, pivotea, entrega bien, auxilia, rechaza… Le falta barrer y cocinar.

Quedaba un vecino con posibilidades… Brasil. Pero enfrente tenía a un equipo terrible, el único que ha ganado los cinco partidos hasta ahora: Bélgica. Le sobran buenos jugadores a los de Roberto Martínez: Hazard, Lukaku, De Bruyne, Fellaini, Vertonghen, Kompany, Witsel, Courtois… Siete buenos son muchos buenos, incluso para Brasil. Además, Bélgica muestra funcionamiento, salida rápida, solidaridad, ambición, deseo de hacer historia. Ante la arenga de Lukaku en el centro del campo al término del juego con Japón, hubo un juramento: “Vamos por todo”. Y están en eso.
Un desgraciado autogol de Fernandinho puso en ventaja a los de Hazard, y además les dio comodidad para lo que son terribles: el contraataque.
Así como contra Japón, hicieron otro perfecto y De Bruyne puso el 2-0. Con desorden, a veces con pocas ideas, con enorme corazón, Brasil fue por la hazaña del empate, una y otra vez, pero se encontró siempre con un gigantesco Courtois, que pica junto a Lloris para mejor arquero de la Copa. Todos los belgas merecen una medalla de oro por el partido monumental que hicieron. Encabezan el podio Courtois, a quien le anotamos seis o siete paradas notables, y Eden Hazard, fantástico recepcionando todos los balones que venían de aire y aguantándolos. Mención de honor para De Bruyne y Fellaini, enormes. Bélgica se candidatea al título, sin la menor duda. Es el mejor equipo que hemos visto en esta Copa. Hazard y Lukaku fueron objeto de una docena de entradas feas de atrás de parte de Miranda, quien se fue sin siquiera una amarilla. Milorad Mazic, un amigazo.

Brasil fue mil veces a buscar el gol, lo encontró una sola. Por insistencia y generosidad seguramente merecía más. No obstante, no jugó bien. En todo el Mundial se lo vio sin armonía, algo no terminaba de convencer. Había ganado tres partidos, pero dos de ellos a Costa Rica y México, o sea dos latinoamericanos. Al único europeo que venció fue a Serbia, que en largos pasajes lo tuvo contra las cuerdas.
Nunca se lo había visto tan nervioso a Tite en un partido como en este ante Bélgica, síntoma de que no veía las cosas bien. Neymar se va con un recuerdo pésimo de Rusia. Era su oportunidad imperdible para ganar un Mundial y, por fin, un Balón de Oro. Quedó en deuda. Mucho amague, mucha filigrana, pero se va con apenas dos goles de empujada, los dos tocando el balón sobre la raya. Y con miles de críticas y memes por sus simulaciones o exageraciones. En este Mundial rozó lo caricaturesco. Ante Bélgica volvió a simular un penal en el que no lo habían tocado. Ahora, el Balón de Oro está para Mbappé, Hazard o Kane.

Si la Celeste y la Verdeamarilla ganaban, Suramérica aseguraba un finalista, porque ambos debían medirse en semifinales. Ahora, como dicen en las redes sociales, “Brasil sólo se puede cruzar con Uruguay en el aeropuerto”.

La moraleja que quedará de este Mundial, y de este juego de Brasil y Bélgica, es que con la camiseta ya no gana nadie. Ni con el nombre.

En 2006 fue campeón Italia, en 2010 España, en 2014 Alemania y en 2018 será otro europeo. Cuatro Mundiales seguidos para Europa. Al finalizar Corea-Japón 2002, Sudamérica estaba arriba 9 copas a 8. Ahora quedará 12-9 abajo. El fútbol sudamericano se debe replantear muchas cosas.

Último tango…

Para EL TIEMPO
JORGE BARRAZA
@JorgeBarrazaOK

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