Mundial Rusia 2018

Sampaoli desobedeció a su instinto… (Opinión)

Para la Argentina habrá apuros ya en la segunda parada de la Copa.

17 de junio 2018 , 08:57 p.m.

“A veces hay que dejar de lado el gusto personal para atender las necesidades del equipo”. Sentado en el bus que devolvía a la selección a su domicilio ruso de Bronnitsy después del agrio empate cosechado aquí, Jorge Sampaoli ya tenía un mandato anotado en su cuaderno de deberes por repasar en los próximos días: no tenía que hacerse demasiado caso cuando se le ocurrían cosas así.

El 1-1 contra Islandia era ya una verdad que funcionaba como una alarma, sin la exageración del dramatismo: ni lo practicado, ni lo retocado a mitad del río Moscú ni la novedad final –poner a Agüero e Higuaín juntos– le alcanzaron a la Argentina para arrancar ganando en el Mundial ante un rival igual de entusiasta que falto de talento, tan rocoso como novato en las grandes ligas.

La delegación estiraba la sobremesa en el Bronnitsy Training Centre tras la cena cuando la pantalla gigante del comedor les confirmaba el triunfo de Croacia sobre Nigeria, la última mala del día. No hubo comienzo ideal ni parecido: para la Argentina habrá apuros ya en la segunda parada de la Copa.

Aquella frase, expresada por el entrenador en el lugar de los hechos un día antes, había resonado más fuerte a los 54 minutos del partido, cuando volvió sobre sus pasos: adentro Banega, el mediocentro del que tanto esperaba cuando asumió su cargo, afuera Biglia.

La sentencia se tachó con la fuerza de un fibrón; había sido el intento de justificar su elección de juntar a dos volantes hechos con un molde similar (Mascherano y Biglia), algo que su propio cuerpo repelía pero que decidió emplear.

Según sus palabras, le parecía conveniente: difícil convencer al otro (los otros) del valor de una idea cuando es uno el que no está seguro de llevarla adelante. “No salió, para nada”, asumían desde el cuerpo técnico en la noche del sábado, en esa primera lectura que el staff realiza al final de cada partido. Un análisis que, se cae de maduro, tendrá la consecuencia de los cambios: contra Croacia, el esquema y algunos apellidos no serán los que fueron contra Islandia.

El cambio de figuritas que decidió el entrenador, una declaración de arrepentimiento también, procuró contar con el pase de salida más claro y ofensivo que puede darle Banega (o Lo Celso o Enzo Pérez, los volantes interiores que tiene el plantel) y no tanto los dos gladiadores de Brasil 2014.

Los intentos del volante del Sevilla no fueron una solución lujosa, pero al menos evidenciaron que la lectura previa había sido incorrecta; si la Argentina tuvo la pelota el 73 por ciento del tiempo no fue por el aporte de los dos números 5: fue porque a Islandia ni le interesó disputar la tenencia.

Los números, de todos modos, no alcanzan para explicarlo todo. Porque más allá del empate, que bien pudo ser un triunfo ajustado, la selección se mostró como un equipo muy en construcción, aunque la Copa ya ruede. Derivaciones de un proceso complejo, que no se agota en el año que lleva Sampaoli como entrenador, tal como lo había puesto en palabras Nahuel Guzmán unos días atrás: “Los argentinos somos exitistas y vamos a querer salir campeones. Es lógico, pero no debemos olvidar de dónde venimos”. ¿Por qué el técnico fue contra sí mismo?

La respuesta que había dado el viernes tenía indicios tácticos, insuficientes para el modo como siente el fútbol: ¿cerrarse con Otamendi-Rojo y Mascherano-Biglia para cortar los contraataques que Islandia iba a crear por el callejón central?

El experimento no se va a repetir el jueves, en un partido que muy pronto asoma como determinante para el futuro de la selección. En la mirada que Sampaoli trazó tras el partido destacó como puntos positivos a Salvio, Agüero y Pavón. El primero se llevó su aprobado en jugar por las bandas, con las sociedades que debían crearse entre Salvio-Meza y Tagliafico-Di María. ¿La palmada del DT le dará al futbolista del Benfica la oportunidad de mantener la titularidad?

En el bosquejo previo, el puesto iba a pasar a las manos de Mercado... El plan de la Argentina necesitaba apoyarse en la precisión y la velocidad, elementos difíciles de combinar. “Hay que mejorar más las asociaciones, que incomoden al rival. Nos faltó que los volantes jueguen más lanzados al ataque”, evaluó.

De Agüero se llevó la impresión de que tuvo paciencia para buscarse la jugada, como la que terminó en su primer gol en tres mundiales disputados ya. Que insistió hasta el final, batiéndose contra Kari Arnason y Ragnar Sigurdsson, dos centrales fuertes. El elogio a Pavón funciona por contraste: si su crecimiento venía pidiendo pista, la pobrísima presentación de Di María podría dar pie a la salida de un histórico. ¿Y Caballero? Para Sampaoli seguirá siendo titular.

“Tenemos todas las armas. Tenemos que creer en nosotros para salir adelante”, bajó línea el técnico, consciente del hito que acababa de concretarse: la selección cortó una racha de seis mundiales seguidos con triunfos en el debut. Mientras apuraba su exposición en la sala de prensa del estadio, por otro lado dejaba el vestuario Messi, tocado por el penal que había fallado. Él contra todos: como tantas veces, esa había sido la imagen en el tramo final del juego.

Incómoda por este empate, ahora la selección tendrá que ganarle a Croacia y también a la inquieta sensación de urgencia nacida aquí.

ANDRÉS ELICECHE
GDA/ LA NACIÓN
MOSCÚ

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