Mundial Rusia 2018

Meluk le cuenta... (El beso de Moscú)

Este domingo de día caliente y noche fría, la capital rusa fue la más hermosa, coqueta y arrebatada.

02 de julio 2018 , 11:55 a.m.

El domingo ha sido el día más hermoso del Mundial en las calles de Moscú. Rusia fue un pueblo liviano y feliz, infinitamente feliz, que voló en cientos de banderas de piel blanca, ojos azules y labios rojos. Emocionada y hermosa, Rusia dio un apasionado beso de fútbol con su clasificación a los cuartos de final de su Copa al eliminar a España por penaltis.

En el centro de la ciudad, quizás a siete u ocho cuadras de la Plaza Roja, entre sus calles peatonales sin postal, las fuentes de agua de triunfo y los monumentos de viejos próceres gigantes y grises, latió un corazón enamorado de fútbol y patria.
Ganó la Selección y las muchachas y los muchachos se repartieron besos y brindis de latas de cerveza entre abrazos y selfis con extraños, nuevos amigos turistas de camisetas de otras selecciones, de otros lugares, de otros mundos.

Los pitos de los carros marcaron al compás del 1-2-3, la banda sonora del “¡Ru-si-a, Ru-si-a!, que cantaba la multitud al pie de los edificios de ladrillos pesados y de líneas de filas de ventanas cuadriculadas en marrón y ocre, entre separados rascacielos coronados con la hoz y el martillo y centros comerciales de MacDonalds al lado de las vitrinas de Mercedes-Benz.

El pueblo ruso es amable, cálido, bullicioso y orgulloso, y con su victoria sobre España reveló al planeta que esos prejuicios de soldados despiadados, espías tenebrosos y nuevos ricos mafiosos asesinos son una película de Hollywood.

Quizás, en un juicio muy ligero y hasta atrevido, improviso más bien que sea un pueblo temeroso que creció asustado por las lecciones que recibieron desde la escuela del daño que el resto del mundo le quería hacer.

Mi tío Armando Orozco, el poeta que ya duerme el sueño eterno y que predicó durante toda su vida el credo de Estado igualitario y comunal, contaba que el pueblo ruso estaba también por encima del socialismo que él conoció en persona en la época de Brézhnev, hace 40 años antes de la caída de los muros. Aquí, el soviet común, el obrero, el trabajador que va a diario a la oficina, cree que su Rusia es la frontera entre el tercer y el segundo mundo.

El primer mundo, por ejemplo en fútbol, es España son las luces multicolores de su juego en tiovivo de feria, la ex campeona mundial de la Copa de oro, la de la Liga de los multimillonarios jugadores. El pueblo ruso es como cualquier otro que rompe el miedo a mostrarse tal cual es y que, como este domingo de triunfo, necesita de un gol o un penalti atajado para liberarse de los prejuicios.

Hubiera sido más fácil tomar el camino rápido y decir, por ejemplo, que por fin hubo fiesta y ambiente de Mundial en Rusia.

Sin embargo, este domingo de día caliente y noche fría, Moscú fue la más hermosa, coqueta y arrebatada. Ganó Rusia y su capital por fin nos besa borracha de fútbol, ebria de felicidad, embriagada de sí misma, tomada de libertad.




Meluk le cuenta…

GABRIEL MELUK
Enviado especial de EL TIEMPO
Moscú
En Twitter: @MelukLeCuenta

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