Mundial Rusia 2018

Machismo en las calles del Mundial, un rival que aún no se deja vencer

El maltrato que sufren las aficionadas sigue siendo un lunar inaceptable en el terreno del fútbol. 

Periodista acosada en Rusia

Julieth González, periodista de la Deutsche Welle en español, sufrió el acoso de un aficionado en una transmisión.

Foto:

Captura de video de Twitter

30 de junio 2018 , 10:04 p.m.

Ganadas las gradas, recuperado el césped y aún en franca minoría en los despachos, el globalizado negocio del Mundial de Fútbol tiene en las calles y las zonas de aficionados un espacio aún muy oscuro, hostil para la mujer, en el que el deporte rey es el machismo.

La historia del fútbol es terca, refleja la naturaleza de la sociedades en las que vivimos, y por ello corre paralela a la merma paulatina de los derechos femeninos que supuso la aciaga primera mitad del siglo XX, la de las dos guerras mundiales pero también la del alumbramiento de la carta de los derechos humanos.

Fotos y crónicas muestran que en los últimos años del siglo XIX, hombres y mujeres compartían sin rubor los flancos de los terrenos en los que el rudimentario deporte del balompié eclosionaba como un fenómeno social y, gracias a las apuestas, también económico. Y que incluso las mujeres dejaban al lado sus amplios faldones de época y se enfundaban largos calzones y camisetas de estilo deportivo, como se puede observar en múltiples instantáneas y grabados de la época.

Los anales de la Federación Inglesa del fútbol (FA) –la que codificó y concedió a la batalla del balón redondo el aspecto y las reglas que hoy conocemos– cuentan que el primer partido oficial femenino se disputó el 23 de marzo de 1895 en el Crouch End Athletic Ground de Londres y atrajo a más de 10 mil espectadores. Contienda que desató igualmente los primeros debates sobre esta práctica. Narran esos mismos anales que al día siguiente del choque, diarios como el 'Daily Post' y el 'Bristol Mercury' sentenciaron que “las mujeres no pueden ni nunca podrán jugar al fútbol como se debe”.

Aún así, el fútbol femenino creció y se desarrolló en paralelo al masculino hasta 1921, fecha en que la propia federación inglesa de fútbol impuso un veto definitivo porque “no es un juego adecuado para féminas”. El año anterior, el famoso Box Day había enfrentado sin embargo al Dick Kerrs Lady Club con el Sant Helen Lady y congregado a más de 53 mil espectadores en el Goodison Park, con miles más en el exterior de la cancha.

La FA no levantó la prohibición al fútbol femenino hasta 1971, y la Fifa tardó 28 años más en organizar el primer mundial para mujeres, disputado en China con una amplia afluencia de público y grandes audiencias planetarias. Dos décadas más tarde, las mujeres han recuperado el césped, las gradas y la pasión con la que disfrutaban del fútbol a finales del siglo XIX, aunque aún siguen muy lejos de las cifras millonarias y el impacto que genera el marco masculino. Un espacio propio al que ha contribuido este Mundial, que gracias a la presión mediática y al empuje de la Fifa logró que las iraníes avanzaran en su lucha por recobrar el derecho a entrar en un estadio, que la cerrazón religiosa y política les desconoce en su país.

Al día siguiente del choque, diarios como el 'Daily Post' y el 'Bristol Mercury' sentenciaron que “las mujeres no pueden ni nunca podrán jugar al fútbol como se debe”

La evolución en la cancha, en las graderías y en el entramado directivo del fútbol contrasta con el abuso y las actitudes machistas que se repiten en calles, zonas de aficionados y acceso a estadios de Rusia 2018, donde las mujeres sufren un extendido acoso físico y verbal. No existen cifras oficiales de denuncias policiales interpuestas desde que arrancó el torneo ni estadísticas que permitan conocer la dimensión de un problema afónico en los medios. Es una tarea ciclópea, casi imposible.

Las aficionadas se quejan de que no tienen dónde ni a quién acudir, ni un organismo del fútbol internacional que las atienda ni la propia policía rusa, que a la barrera del idioma añade la falta de formación adecuada a la hora de afrontar esta lacra.

“La verdad es que es muy desagradable. Te miran feo, intentan tocarte con la excusa de que cantamos y saltamos para animar a los equipos”, explica Gabriela, una argentina que viaja acompañada de su novio. “Te jalan por la cintura y te dicen cosas muy sucias. Te quieren tocar todo el rato”, agrega Francisca mientras camina por la plaza Roja de Moscú en espera de poder ver a su equipo.

Videos como el que se ha hecho viral en internet de un seguidor colombiano que humilla a aficionadas japonesas han dejado entrever la situación, pero es solo una fracción del iceberg que se esconde bajo el fango machista que, desgraciadamente, también se genera junto a la fiesta del fútbol planetario.

JAVIER MARTÍN
EFE
Moscú

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