Mundial Rusia 2018

En el Mundial, las potencias pasaron del favoritismo al fracaso

Brasil y Argentina, por Suramérica, y Alemania y España, por Europa, fueron las grandes decepciones.

Selección de España

Los jugadores de España lamentaron su derrota contra Rusia en la definición desde el punto penal.

Foto:

EFE

09 de julio 2018 , 12:48 a.m.

El Mundial es una Eurocopa y Suramérica anda buscando la caja negra de su nuevo desastre.

Rusia coronará a un nuevo zar el domingo y el trono será ocupado por cuarta vez consecutiva por un equipo del otro lado del Atlántico, reafirmando la época que quebró la historia de las copas del Mundo que hasta el 2002 era un pulso parejo y equilibrado.

La muñeca suramericana se quebró y desde Alemania 2006 con el título de Italia, al que lo siguieron los de España y Alemania y el que vendrá ahora, el cara a cara mirándose de frente y a los ojos entre los del Viejo y el Nuevo Mundo es asunto del pasado.

Como suele ocurrir con todo, las explicaciones son diversas y muchas. El diagnóstico es sobrediagnóstico: que el nivel de las ligas y torneos, que el temprano éxodo de talentos incontenible por el poder del mercado, que la vieja discusión de técnica contra fuerza y así…

Hay una pauta cierta como también una realidad: potencias de Suramérica son dos (Brasil y Argentina) y media (Uruguay), y hace cuatro años nada más, Argentina fue subcampeona en extratiempo y de no ser por la mala puntería de Higuaín, Messi y Palacios hubieran levantado la copa.

Acaso, en esta ruleta rusa, en este mundial de sorpresas, ¿no será más preciso decir que lo que se vio fue el fracaso puntual de varias de las más grandes potencias, independiente de su lugar en el mapa? Alemania, España, Argentina, Brasil, sin contar el hecho de que Italia y Holanda no clasificaron. Este es y ha sido un mundial raro, y esa rareza se explica en primera persona, cuando los más sabihondos coinciden en decir que este es el mundial de las sorpresas, del nuevo orden.

Neurosis y presión

Argentina no ha podido superar su propia presión de tener a Messi, al mejor del mundo, al más habilidoso, a un goleador de leyenda y no lograr ningún título, ni siquiera continental. En esa neurosis ha pulverizado a técnico tras técnico, en la búsqueda de cómo hacerle un equipo a Messi como lo tiene en el Barcelona español, mientras orbitan a su lado, muchas veces sin sentido, Agüeros, Mascheranos, Higuaínes y Rojos.

Brasil y Uruguay

Brasil y Uruguay

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Tiene Argentina, además, el lastre de una dirigencia que no se ha podido desprender de la sombra de su fallecido padrino, Julio Grondona, el mandamás vitalicio. Hace cuatro años murió, hace cuatro años Argentina fue subcampeona del mundo y van tres entrenadores en ese lapso: Martino, Bauza y Sampaoli y a ninguno se le vio plan, a ninguno se le vio don de mando, a ninguno los jugadores le dieron la posta del poder. Se recordará la escena, patética, en la que Sampaoli le pide autorización a gritos a Messi para hacer un cambio.

A falta de juego de conjunto, las individualidades fallaron. Messi no reventó, otra vez no pudo y el equipo no fue equipo ni para el regreso. Cada uno se fue como pudo para donde pudo.

Calidad sin genialidad

La última vez que Brasil fue campeón mundial, en el 2002, además de tener un juego de conjunto sólido en defensa y ordenado en el medio campo, tenía cuatro genios, de los más grandes de los últimos tiempos, al tiempo en el campo: Ronaldo, Ronaldinho, Rivaldo y Roberto Carlos, las ‘cuatro erres’. Hoy, Neymar, Coutinho, William y Marcelo son jugadores del más alto nivel, con gran calidad, pero ninguno de ellos es un genio como lo fueron los otros. Neymar, siendo un crac, no se puede comparar ni con una pierna de Ronaldinho. Las estrellas del Brasil de hoy están a años luz de las que brillaron en todo el universo.

Brasil quedó eliminado por Bélgica en un partido en el que hacía la tarea y el portero Courtois se las deshacía. Creó opciones, llevó la iniciativa frente a una Bélgica respetuosa, intento los remates, pero no tuvo la chispa de un fuera de serie, como le ha ocurrido a esta generación de jugadores talentosos, pero sin superpoderes como los tenían los cuatro fantásticos, las ‘cuatro erres’. Esta generación brasileña tiene calidad, pero le falta genialidad.

Ni chicha ni limonada

El caso de Alemania, que llegó como campeón y favorito y fue eliminado en primera ronda, pasa por el meridiano de su DT, Joachim Löw, que en su intento de lograr un equipo renovado, pero experto no hizo ni chicha ni limonada. Tras la Copa Confederaciones, que ganó con una formación de jugadores de segunda y tercera línea, apostó por algunas de sus cartas como Kroos o el portero Neuer, a quien le respetó la titularidad a pesar de su larga lesión previa al Mundial: ocho meses estuvo sin jugar.

Alemania

La de Rusia 2018 es la peor posición de Alemania en un Mundial: último de su grupo y con 3 puntos. Es la peor desde Francia 1938, con solo un punto.

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Reuters

Quizás Alemania se suicidó por su exceso de confianza, a pesar de que en la pasada Eurocopa recibió la primera bofetada al caer con Francia 2-0 en semifinales y que en los partidos amistosos previos el equipo aflojó: perdió con Brasil y Austria, empató con España y le ganó apretado a Arabia. En esos partidos mostró lo mismo que en su eliminación: cero chispa, falta de un artillero de peso en las 18, ausencia de un armador capaz de romper la monotonía de control de pelota sin sorpresa y las duras defensas rivales. Pateó 67 veces en los tres partidos (el que más lo hizo en la primera ronda según datos de la Fifa), pero fue la Alemania más pobre anotadora. Müller, Mario Gómez, Werner, Özil… ¡Ninguno vino a Rusia! Y con las líneas adelantadas, los centrales lentos fueron víctimas del contragolpe. Kroos solito no podía. Y no pudo.

Días de furia

La eliminación de España fue toda una película de Almodóvar: insólita, sui géneris, casi que imposible de creer, con algún toque posiblemente grotesco, pero tan pesadamente cruda y real. Fuera de la cancha y antes del Mundial, su DT Julen Lopetegui fue destituido por haber firmado su llegada al Real Madrid. Luis Rubiales, el nuevo presidente de la Federación, se sintió traicionado y le adelantó la salida de un equipo dividido, como el país, entre los catalanes del Barcelona y los madridistas del Real. Con Fernando Hierro como llanta de repuesto en el banquillo, el equipo, que solo pudo vencer a Irán, cambiaba la filosofía de la tenencia de la pelota y del toque para llegar al gol por un juego con un espíritu más vertical.

Argentina

Argentina mostró en Rusia un fútbol muy pobre.

Foto:

EFE

David Silva protestó en un entrenamiento y pidió regresar a las raíces del fútbol de carrusel sembrado por Aragonés y cosechado por Del Bosque, con un riego del juego del Barcelona gigante de Xavi e Iniesta. Precisamente, el entierro de ese estilo, y quizás de España en el Mundial, se evidenció con la decisión de Hierro de dejar en el banco a Iniesta en el partido contra Rusia.

España pasó del ‘tiqui-taca’, su ‘toque-toque’, a ser la ‘Furia’ que siempre fue adentro y afuera de la cancha.



Gabriel Meluk
Enviado especial de EL TIEMPO
Moscú
En twitter: @MelukLeCuenta

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