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Actualizado 01:41 a.m. - sábado 19 de abril de 2014

Virtuosismo del textil andino / Arte

Virtuosismo del textil andino / Arte

Coinciden en Bogotá y Nueva York muestras de la maestría artesanal del antiguo Perú

  Los textiles ocupaban lugar de importancia predominante en las antiguas culturas andinas; los materiales tejidos y bordados eran más apreciados que el oro; los indígenas no entendían que los conquistadores le otorgaran un valor superior y que además lo fundieran; para ellos el valor de ambos, y en especial de los textiles, estaba dado por el trabajo intenso de su elaboración y por el maravilloso resultado del  producto final. Las prendas elaboradas con fibras se concebían y se tejían como un objeto completo y se respetaba así su unidad e integridad: raramente se cortaban o armaban con varias piezas, y en muchos casos se tejían de manera que derecho y revés eran iguales y perfectamente acabados; existía el concepto de la veracidad y no solo de la apariencia. La túnica o poncho de los hombres uncu,  el vestido de las mujeres anacu y su manto llilca, además de utilizarse en sus vestuarios, se quemaban como ofrenda a los dioses o se enterraban con los muertos sin haber sido usados. Entre sus más antiguos y espectaculares textiles se incluyen los de la necrópolis de la península de Paracas, donde se han encontrado bultos funerarios o momias envueltas en muchas capas textiles finamente bordados; actualmente en el Museo Nacional de Colombia se puede apreciar ejemplares maravillosos de esa cultura en la exhibición Hilos para la Eternidad, una oportuna coincidencia.

Nuestro conocimiento de la virtuosidad de los textiles andinos no se limita a comentarios de cronistas españoles de los siglos XVI y XVII, sino que gran cantidad de ejemplos se han conservado en impecable  estado debido a las condiciones secas del desierto peruano. En el Museo Metropolitano de Nueva York se exhibe una muestra enfocada exclusivamente a las túnicas o ponchos andinos, que reúne 30 de los  ejemplares más impresionantes y representativos de las técnicas, estilos y diseños que caracterizaron diversas culturas desde 400 aC hasta 1800; la muestra incluye prendas de culturas de la costa elaboradas en su mayoría en algodón, y del altiplano o zona montañosa, donde el principal material era la lana de camélidos, en este caso, alpaca, llama, vicuña y guanaco. Las túnicas son en su mayoría parte de colecciones del Museo de Textiles de Washington, el Museo de Arte de Cleveland y el Metropolitano; la exhibición recuerda otra muy significativa en el Museo de Bellas Artes de Boston, en 1992, cuando se compilaron los principales estudios hasta entonces acerca de ese tema. Las obras de esta exhibición nuevamente fascinan y asombran por su impresionante variedad, el virtuoso manejo de materiales y técnicas, el diseño y la riqueza visual de sus motivos decorativos e iconografía, que evidencian las habilidades de tejedores, teñidores y diseñadores.

Datadas cerca al 350 aC, como unos de los más tempranos ejemplares arqueológicos existentes, las 2 prendas más antiguas provienen del valle Ica al sur de Perú. Una es de algodón, y debido a que es un material difícil de teñir, fue dejada en su color crudo natural; su diseño de serpientes de 2 cabezas, que marca la propagación de nuevas ideas religiosas con su iconografía correspondiente, está realizado solo por el contraste de áreas densas con otras abiertas de la textura del tejido; la otra, elaborada con hilos de lana teñida con fuerte colorido, ostenta una figura sobrenatural sobre un fondo rojizo. Ambas prendas, aunque tempranas, ya exhiben total maestría en técnicas diferenciadas y sofisticación de diseño que evidencian un desarrollo mucho más anterior en la región. También de épocas tempranas se incluye una túnica de la península de Paracas (300-100 aC) en contrastante colorido de rojo fuerte, profundo color verde y detalles amarillos en su diseño de bandas verticales con innumerables variaciones del motivo único de un pájaro de doble cabeza. Los textiles de esta cultura tienen probablemente los bordados más intricados y coloridos de antigüedad, ya que se han identificado más de 150 colores con los que desarrollaron una variadísima y elaborada imaginería religiosa de figuras sobrenaturales. 

Del altiplano del sur, una túnica pucara elaborada en tapiz de una sola pieza, probablemente de uso funerario, impresiona por su tamaño de 5 pies de ancho; exhibe en los hombros paneles decorados con una cara que probablemente representaba una deidad solar, motivo que evolucionaría y se conservaría muchos siglos tomando diversas formas. Muchos de los posteriores textiles wari se caracterizan por sus motivos abstractos; ha sido un placer recibir la explicación de la curadora Julie Jones, para identificar los elementos de un ejemplar de esa cultura (850-950 dC) y poder distinguir en su intricado diseño la fragmentada figura con un bastón de mando que se repite con múltiples variaciones, otorgando una asombrosa impresión de diseño abstracto. 

Otras 2 túnicas asombran por sus contrastes: una suntuosa con borlas, estilo chimú (1100-1250 dC), ostenta una extravagante superficie espesa, cargada de borlas y pequeñas aplicaciones con bordados escondidas bajo su espesura; el color rojo profundo de sus lana es magnífico ejemplo del uso de la cochinilla, pigmento sacado del parásito del nopal, que en la colonia constituyó importante industria en las encomiendas, muy apreciada en Europa. A su lado, también de la cultura chimú (1400-1500 dC) se exhibe una delicada y etérea túnica de gaza casi transparente de algodón, en color natural, cuya decoración de bellas figuras de pelícanos está realizada con la técnica de brocado, logrado solo por la variación de la textura del tejido; se encontró acompañada con sombrero, turbante, manto y taparrabos del mismo diseño.

Los españoles prohibieron el taparrabos, que consideraron poco apropiado e impusieron los pantalones. 

Los incas establecieron su imperio en 1430; el diseño reglamentado de sus túnicas con motivos estándares y geométricos, que denotaba la identidad de sus portadores, su estatus y región, pareciera reflejar su disciplina y el extremo control que ejercían sobre sus pueblos. Las túnicas blancas con un diseño central de diamante y cantos bordados, probablemente de uso exclusivo de la nobleza, eran especialmente valoradas ya que la lana blanca de llama era muy fina y escasa, como parte de los establos reales. Las de diseño de cuadrícula de tablero de ajedrez en blanco y negro fueron mencionadas por los cronistas cuando describieron como estaban vestidos los soldados del Inca en el momento de su atroz derrota; aparecen también representadas en 'Nueva Crónica y Buen Gobierno' de Felipe Guaman Poma de Ayala, quien contó la historia desde el punto de vista indígena.

En la colonia, el trabajo textil se transformó al incorporar iconografía europea y un nuevo tipo de objetos utilitarios como tapetes y cojines; muchos de estos preciados objetos, testimonios del legado y maestría de los tejedores andinos, circulaban por Europa como maravillosos tapices de 0riente. Los españoles, muy impresionados con la industria textil indígena, organizaron encomiendas para su producción y la explotación de cochinilla, que fue una empresa monopolio de su imperio; pero cerca a 1780, ante la rebeldía indígena, las autoridades coloniales prohibieron los ropajes nativos en ceremonias locales porque simbolizaban el estatus de sus élites y el orgullo por su pasado.

Por Natalia Vega
Historiadora y crítica de arte. Conferencista del MET
Nueva York
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