Lecturas Dominicales

Crimen religioso

Reseña de la última novela de Guillermo Arriaga, escritor, guionista y director de cine mexicano. 

Guillermo Arriaga, El Salvaje.

'El Salvaje', Guillermo Arriaga. Alfaguara. 693 páginas. $56.000

Foto:

  

15 de marzo 2017 , 04:46 p.m.



El salvaje
es una novela total; es intensa de principio a fin, tiene adrenalina, muerte, sexo, tragedia. Arriaga es un escritor de raza y en cada página lanza mordiscos rabiosos para cada uno de sus lectores. La historia de El Salvaje tiene dolor en cada palabra; Arriaga es de sobra conocido por haber escrito Amores perros, 21 gramos y Babel; escribió y dirigió The Burning Plain con una gran actuación de Charlize Theron. Tiene varios libros publicados, los cuentos de Retorno 201 (a donde vuelve de muchas maneras en esta novela), Escuadrón Guillotina, Un dulce olor a muerte y El búfalo de la noche; pero El Salvaje es mejor. Es la novela que reconfirma que Arriaga tiene un lugar entre los mejores escritores latinoamericanos vivos. Tiene la tensión de Amores perros y todos los trucos narrativos de Babel, pero además es una novela que palpita: tiene sudor en sus páginas, tiene la piel de sus muertos y la rabia de sus personajes. Juan Guillermo –el protagonista principal de su historia– ve cómo unos fanáticos religiosos asesinan a su hermano, sus papás se matan en un accidente y su abuela se muere de la tristeza. Es huérfano. Tiene 17 años. Vive en un barrio donde sus habitantes se mueven de azotea en azotea y hay un cura que crea una especie de grupo paramilitar de amantes de Cristo; uno de ellos es el asesino de su hermano. El grupo reza, se comporta como un ejército, hace pruebas físicas en el frío de la montaña y se preparan para darles batazos a traficantes, ladrones, prostitutas y judíos; se preparan para dar “lecciones” morales y para matar. Juan Guillermo tiene que vengarse, y su venganza y su drama se desliza por casi 700 páginas en las que se intercalan con su primer amor, una niña con la que conoció el sexo y por la que lo echaron del colegio, la historia de Amaruq, un cazador que se pierde en la montaña tras el rastro de un lobo, la historia del increíble tráfico de LSD en México y las funciones en un cine mugroso donde pasaban eternamente Jason y los argonautas.

Juan Guillermo –en medio de sus desgracias– adopta a un lobo y se encarga de domesticarlo con la ayuda de un domador de circo, sigue la vida del asesino de su hermano y de los policías que fueron cómplices de su muerte, recuerda la vida de su otro hermano, el gemelo que murió antes de nacer, se obsesiona con los fetos que encuentra en envases de cristal, y se enamora de la ex novia de su hermano. Y en cada página que pasa solo se puede sentir su soledad, su odio, el olor a lobo en una casa que se cae a pedazos y donde solo queda él. Y el final... el final es pura carretera. Kerouac seguramente se habría deslizado feliz por sus páginas y habría alistado su mochila para llegar hasta el fin.

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