Lecturas Dominicales

Un museo para Camille

En la ciudad francesa de Nogent-sur-Seine se abrió un museo con obras de Camille Claude.

Camille Claude

El museo es un espacio en el que se le da más importancia a su talento y a su vida artística que a su historia personal.

Foto:

Camille Claudel, La Valse ou Les Valseurs, 1889-avant 1895 • Grès, 41,5 x 37 x 20,5 cm. • Achat à Reine-Marie Paris de La Chapelle, 2008 • © musée Camille Claudel, photo Marco Illuminati.

10 de julio 2017 , 02:37 p.m.


Hasta hace muy poco tiempo eran escasas las referencias sobre la obra de Camille Claudel. Sus bellísimas y expresivas esculturas habían quedado eclipsadas por su dramática y trágica historia de amor y desamor –que se extendió por casi 10 años– con el también escultor francés Auguste Rodin. Aun así, su nombre sigue asociado con la leyenda del corazón femenino atormentado, con el de la amante abandonada que enloqueció de dolor y tristeza, que terminó encerrada en una clínica de reposo diagnosticada con delirio de persecución y demencia paranoide, y que murió internada, sola, olvidada por su familia y acusando a Rodin de querer robarle sus ideas y su trabajo.

A ello se suma que las biografías, e incluso las películas que se han hecho sobre su vida, suelen mostrarla en un rol siempre pasivo: discípula, alumna, colaboradora, musa y amante, pues a pesar de que Rodin, quien la doblaba en edad, nunca se casó, sí tuvo una amante “oficial”: Rose, que oficiaba en algunos casos como cónyuge y además engendró un hijo suyo.

Sin embargo, Camille Claudel (1864-1943) fue mucho más que eso y para rescatar a la artista más que al arquetipo de mujer engañada, dolida y herida, la ciudad de Nogent-sur-Seine abrió recientemente las puertas del Museo Camille Claudel.
Este recinto es en sí mismo un acto de justicia poética con esta gran escultora, no solo porque lleve su nombre y porque allí repose la colección más importante de sus obras –muchas de las cuales se exponen por primera vez, pues fueron compradas para el museo a su propietaria, Reine-Marie Paris, sobrina de Claudel, por 13,5 millones de euros, en el 2008–, sino porque la curaduría presenta por primera vez y con justicia su talento y biografía artística.

La visita a este museo comienza con una pequeña retrospectiva de la escultura (técnicas, herramientas y materiales). A esta le sigue una contextualización del ambiente artístico en que evolucionó la carrera de Claudel: sus referencias, sus temáticas y los estilos que la influenciaron. Se pueden ver obras de algunos de sus contemporáneos y principalmente de sus dos maestros, Alfred Boucher y Paul Dubois, por lo que la crítica se ha referido con grandes elogios a este nuevo espacio, que han llegado a calificar como “un emblema de la edad de oro de la escultura francesa”. Y es que a esto se suma que el Museo Camille Claudel, ubicado a cincuenta minutos en tren de París, cuenta con un encanto especial: abarca una parte de la casa donde vivió la familia Claudel entre 1876 y 1879.

Lo que más destaca de esta primera sección es que se resalta con especial énfasis la vocación de autodidacta de Claudel, que comenzó a cristalizarse cuando tenía entre 12 y 15 años e hizo sus primeros modelos precisamente en esta casa. Fue hacia esa época cuando el también escultor Alfred Boucher, su primer mentor y amigo cercano de la familia Claudel, notó que la chica estaba dotada de un extraordinario y descomunal talento y la impulsó a seguir adelante, luego convenció a sus padres de que le permitieran continuar con su trabajo creativo y finalmente, hacia 1883, para que la dejaran ir como alumna al taller de Rodin.

Es precisamente en este punto del recorrido cuando se puede comenzar a apreciar la obra de Claudel y, gracias a varios textos que acompañan el montaje, queda claro que su florecimiento artístico ocurrió a finales del siglo XIX y a comienzos del XX, una época en que la escena artística y la sociedad no estaban preparadas para reconocer y valorar el talento artístico de una mujer. Claudel sufrió muchas discriminaciones por querer ingresar a un mundo que consideraba la escultura como profesión de hombres.

Camille Claude

Camille Claudel, Auguste Rodin, 1888-1898 Bronze, 40,3 x 24,2 x 28,8 cm. Achat à Philippe Cressent, 2008

Foto:

© musée Camille Claudel, photo Marco Illuminati

Ahora bien, no hay que creer que se trata de una curaduría que niegue o desvirtúe la presencia de Rodin en la vida artística de Camille Claudel. De hecho, el mismo Rodin confesó una vez a Matthias Morhardt: “Le he mostrado dónde encontraría el oro; pero el oro que encuentre es de ella”. Lo que busca, más bien, es “hacer que los visitantes descubran la importancia del diálogo que ambos establecieron en sus trayectorias artísticas, que fueron pares en la escultura, colegas creativos”, dice Cécile Bertran, conservadora del Museo. Para lograrlo, una de las salas centrales del museo presenta varias urnas en las que se pueden ver juntas una escultura de Claudel y otra de Rodin con el mismo nombre, interpretadas de manera diferente pero con enormes similitudes, como Mujer en cuclillas (La Femme accroupie). En otras urnas se encuentran juntas también El Abandono (L’abandon), de Claudel, y El eterno ídolo (L’Éternelle Idole), de Rodin. Así mismo, La eterna primavera (L’Éternel Printemps), de Rodin, y Sakountala, de Claudel.

“Solo se necesita verlas para darse cuenta de que en esta pareja de artistas fue, en muchos casos, Claudel quien ejerció mayor influencia en Rodin. Las posturas sensuales la delatan”
, apunta Bertan. No en vano, él mismo escribió en una carta: “La señorita Claudel se ha convertido en mi más extraordinaria practicante, la consulto para todo”.

Su florecimiento artístico ocurrió a finales del siglo XIX [...] una época en que la escena artística y la sociedad no estaban preparadas para reconocer y valorar el talento artístico de una mujer

En otra de sus correspondencias quedó consignada su admiración por las obras que salían de las manos de Camille. De todos modos, su talento no alcanzó para que lograra algo más que apoyo y buenas críticas, pues nunca conoció ni un ápice de éxito o notoriedad mientras estuvo viva. “Su reconocimiento fue tardío. Solo a partir de 1980 su obra empezó a conocerse. De hecho, la figura tutelar de Auguste Rodin nunca le dio un impulso adicional. Por el contrario, la mantuvo bajo su sombra”, agrega Bertran. También dice que “hablar de la obra de Camille Claudel es hablar de la modernidad misma. Se sabe que ella misma sentía que lo que hacía era muy diferente de lo que se hacía en la época y eso se confirma en su interés por el movimiento y por las deformaciones que son inherentes al movimiento. La confirmación de este aspecto es que sus predecesores se interesaron por el gesto y la materia; en cambio, lo que daba vueltas en su cabeza era ofrecer en la rigidez de la escultura la sensación de movimiento en su espacio fijo”.

Y sí que lo logró. Para hacerlo evidente, el museo consagró una sala a cuatro piezas de la escultura de El vals (La Valse), en la que un hombre y una mujer se fusionan mientras bailan y cada uno se pierde en las ondulaciones del cuerpo del otro durante los turbulentos giros que se adivinan a lo largo de una danza de cuerpos desnudos y estrechos abrazos.

La conmoción que provoca la contemplación de estas cuatro obras reunidas se mantiene intacta cuando se pasa a las salas siguientes, en las que las esculturas de Perseo y la Medusa (Persée et la Gorgone), El Adiós (L’Adieu) y La edad madura (L’Age Mûr) expresan toda la tristeza de la ruptura amorosa con Rodin (1893), y de sus fecundos intercambios artísticos. Tras haber sido recluida en el Instituto Psiquiátrico Ville-Évrard, en Neuilly-sur-Marne, en 1913, Claudel no volvió nunca más a crear, a pesar de que, según los informes médicos, a lo largo de los treinta años de reclusión tuvo periodos de lucidez.

Camille Claude

Camille Claudel, Femme accroupie, vers 1884-1885 Plâtre patiné, 37,5 x 24,5 x 38,5 cm. Achat à Reine-Marie Paris de La Chapelle, 2008

Foto:

© musée Camille Claudel, photo Marco Illuminati

“En esta última escultura el cuadro biográfico es claro. Ella misma se representa en una joven mujer que yace de rodillas y que está siendo abandonada mientras suplica con sus gestos que no la suelte de la mano el hombre maduro que le da la espalda y que está siendo abrazado por una mujer mayor”, dice Bertran.

Al terminar el recorrido es posible darse cuenta de que una de las mayores virtudes de las esculturas de Camille Claudel es la expresividad y la capacidad para sacar de la rigidez de la piedra los más honestos sentimientos. Biografía y talento artístico se vuelven el complemento perfecto para este museo, del que se sale con la plena convicción de que no solo fue Rodin quien nutrió la obra de Claudel, sino que fue una fecunda relación artística de doble vía.


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