Lecturas Dominicales

Una carta de amor al tiempo

El científico italiano Carlo Rovelli publica su nuevo libro: 'El orden del tiempo'.

Carlo Rovelli

Carlo Rovelli es autor también de 'Siete breves lecciones de física'. Con su particular estilo de escribir sobre ciencia, explica los misterios del universo a expertos y profanos.

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Basso Cannarsa

10 de junio 2018 , 09:00 a.m.


A Carlo Rovelli la sola idea de la inmortalidad le parece absurda. Una condena al aburrimiento eterno en vez de un sueño. El infierno en vez del cielo. No: Carlo Rovelli quiere morir como todos los hombres y que el relato de su vida tenga un principio y un final. Quiere que entre su nacimiento y su muerte esté la narración de sus acciones, porque en ese hiato accidentado de emociones, lecturas, descubrimientos, amores, desamores y besos está la vida, su vida. “Nacemos, cambiamos, morimos. El peor error en el que podemos caer es creer que nuestra existencia debe permanecer igual”, dice él, que ha dedicado su vida a entender el tiempo, su funcionamiento y su entramado de misterios que con cada nuevo descubrimiento se vuelve más inaccesible y extraño.

Porque cuando hablamos del tiempo lo imposible es la norma. Carlo Rovelli lo sabe y se maravilla y divierte con la sorpresa de la gente cuando descubre que el tiempo no es igual. Que no existe dentro de nuestras lógicas sensoriales que intentan, con desespero, con un poco de patetismo, con mucho ingenio y belleza, ordenarlo a nuestra medida. Pero nuestra medida no es más que una ilusión. Creemos que sentimos el paso del tiempo, pero lo que sentimos es nuestro propio discurrir a través de un universo para el que somos menos que nada. Si realmente experimentáramos el tiempo en todo su peso y liviandad, seríamos conscientes de cosas como que al estar en movimiento, él, el tiempo, corre más lento que cuando estamos quietos; o que en la playa tiene un paso más lento, mientras que en la montaña vuela; o que en el universo no existe el ahora porque no existe en sus confines ninguna experiencia común, y que este ahora nuestro no es más que el resultado de nuestra posición dentro la geografía universal; o que, además de una falta de presente en las leyes físicas del universo, tampoco hay nada dentro del tinglado temporal que diferencie realmente el pasado del futuro; o que si quisiéramos buscar una diferencia real entre lo que fue y será, tendríamos que hacerlo en el calor y en la segunda ley de la termodinámica, que dice que es imposible que el calor pase de un cuerpo frío a uno más caliente; o que ligado a ese cambio de temperatura está el concepto de entropía: el desordenamiento de los estados, que es irreversible y que permite entender que el mundo es cambio y desorden. De todo esto habla Carlo Rovelli en su último libro, que es una carta de amor a lo que él ha llamado el más bello de todos los misterios científicos: El orden del tiempo.

Su libro anterior, Siete breves lecciones de física, fue un éxito indiscutible. Vendió más de un millón y medio de copias en todo el mundo, se tradujo a por lo menos treinta idiomas y puso su nombre en la estratosfera pop de otros científicos, como Stephen Hawking y Carl Sagan. Este amante de los libros clásicos y de la ópera, además de ser uno de los fundadores de la teoría cuántica de bucles, es, también, un hombre modesto. Atribuye su éxito a la naturaleza curiosa de las personas. Lo explica así: si leen sus libros es porque quieren saber más. Lo dice con la misma voz amable con la que explica los misterios físicos. Una voz cálida, con un leve acento italiano. Se sacude la fama así sea un conferencista de éxito en el mundo, una estrella de las TED Talks, y así El orden del tiempo, en su edición anglosajona, vaya a recibir una versión de audiolibro narrada por Benedict Cumberbatch (sí, el mismo de Sherlock y Dr. Strange). Para Rovelli, lo importante está en otras partes: en los besos, en las historias, en la música, en los libros, en la poesía y, por supuesto, en el tiempo.

Aunque el tiempo no existe usted ha dedicado su vida a estudiarlo y lo llama uno de los más bellos problemas de la ciencia, ¿por qué?

El tiempo no existe en la descripción fundamental del mundo. Por supuesto, él existe en nuestras vidas diarias. Contamos los momentos de nuestros días en tiempos. Pero las medidas de nuestras vidas no son fundamentales para la descripción del universo. Hemos descubierto que no existe nada similar a nuestra experiencia común del tiempo. Y, sin embargo, este es un tema bellísimo porque implica muchos aspectos que son importantes para el mundo. Pero, también porque como humanos sentimos y sufrimos su paso en nosotros.

Ahora que menciona el que sufrimos por nuestra percepción del tiempo, quisiera saber usted qué opina de estas frases que hemos inventado: “el tiempo es oro” o “no malgastes el tiempo”...

Las personas que dicen esas frases traicionan la importancia del paso del tiempo para nosotros. Somos conscientes de su paso y esto nos abre la ilusión del futuro, pero también es algo que nos lo quita todo, porque todas las cosas desaparecen en el tiempo después de un momento. El tiempo no es neutral en su propio paso. Es algo que nos compromete emocionalmente. Este cariz emocional es importante para entender cómo percibimos la vida. Así que para entender este aspecto del tiempo, creo, tenemos que darnos cuenta que no es solo un problema de la física, sino un problema propio de nuestra naturaleza humana.

Su campo de estudio intenta explicar cómo dos teorías tan diferentes como lo son la relatividad y la física cuántica pueden existir. ¿Qué nos dice que dos fenómenos tan disímiles puedan coexistir? ¿Qué nos dice de nuestra propia existencia?

Mi campo intenta explicar la existencia conjunta de la teoría de la relatividad de Einstein y la mecánica cuántica. Y mientras hacemos esto nos vemos obligados a repensar la naturaleza del tiempo y del espacio. Y este repensar nos dice que todavía no entendemos bien cómo son las cosas en el universo. No sabemos casi nada y estamos lejos, muy lejos, de una compresión cabal del mundo físico. Así que esta ignorancia no dice nada sobre nuestra existencia, sino que habla más bien del hecho que todavía somos estúpidos para entender el universo y su naturaleza.

El tiempo no es neutral en su propio paso. Es algo que nos compromete emocionalmente. Este cariz emocional es importante para entender cómo percibimos la vida.

Usted se maravilla por las obras maestras de la humanidad, como una tragedia de Shakespeare o el Réquiem de Mozart, y entre estas obras dice que la teoría de la relatividad es una de las creaciones más bellas del hombre. ¿Cómo es posible entender una fórmula científica como una experiencia artística?

Una fórmula puede ser muy hermosa porque si quieres entenderla tienes que abrirte a dos experiencias. La primera, emocional. Pero la segunda te abre a nuevas formas de ver al mundo, te abre la mente. Y yo creo que el gran arte, el verdadero arte, también te abre la mente y los ojos. Te muestra nuevas maneras de pensar, de ver y de sentir. Por supuesto, hay diferencias entre el arte, la filosofía y la ciencia. Cada quien tiene su propio campo, su propio conocimiento. Pero, en el fondo, la meta es la misma: aprender cómo ver el mundo y de esa forma darle sentido a todo lo que nos rodea. Esta es una conversación que, a mi modo de ver, todas las artes y ciencias deberían tener.

En el pasado muchos artistas y filósofos eran hombres de ciencia y viceversa: los hombres de ciencia eran un poco artistas y filósofos. Ahora, en cambio, se ven a las humanidades y a las ciencias como cosas completamente diferentes, que no dialogan entre sí. ¿Cómo llegamos a esta forma de analfabetismo artístico y científico?

Para mí esto es un error que en parte es culpa de las ciencias y en parte culpa de las humanidades. Hubo un momento en que las disciplinas se especializaban hombro con hombro, como aliadas. Ahora cada saber se niega a mirar a los otros que lo rodean. Esto es un gran error porque no mirar algo que desconocemos es negarnos a experimentar el conocimiento mismo. Los científicos necesitamos la visión de los filósofos, pero estos también necesitan la formación contraria: los filósofos, por ejemplo, se benefician de las cosa que los científicos hemos ayudado a comprender. ¿No sería muy extraño y confuso que un filósofo creyera que la tierra es plana y no redonda?

Carlo Rovelli

'Siete breves lecciones de física' fue un éxito editorial arrollador, tanto en su natal Italia como en el resto del mundo.

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Carlo Rovelli

Para la versión anglosajona de 'El orden del tiempo' se está preparando un audiolibro narrado por Benedict Cumberbatch.

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En sus libros usted habla sobre un hombre, inclusive escribió uno sobre él: Anaximandro. Él hace dos milenios supo entender que la Tierra estaba rodeada de cielo…

¡Exacto! Esta fue una intuición maravillosa y un entendimiento que estaba en lo correcto. Él pudo llegar a estar conclusión pensando, yendo más allá de sus sentidos. Para mí esto fue un grandioso logro de Anaximandro.

Usted escribe que la rebelión es uno de los motores de los científicos, ¿su juventud revolucionaria sirvió para formar al científico que es hoy en día?

Sí, lo creo. La ciencia avanza gracias al cambio, crece cuando reconocemos que algunas de nuestras ideas están equivocadas. Y una de las partes más fundamentales de la ciencia es la crítica al presente para tener una mejor compresión a futuro. Ese es el aspecto revolucionario de la ciencia. Hay que ser un poco rebelde para llevar la ciencia hacia delante.

Bueno, usted sí que fue un revolucionario en los sesenta y en los setenta. Es más, su primer libro no fue sobre ciencia, sino sobre esos años convulsos en Italia y lo escribió con varios compañeros: Fatti Nostri

¡Eso fue hace mucho, mucho tiempo! ¡A mis veintitantos! Fue un libro sobre la rebelión política cuando yo era un estudiante universitario. Es una colección de imágenes y textos durante la rebelión de los estudiantes y describe las ideas de ese periodo de tiempo, cuando los jóvenes de todo el mundo querían un mundo diferente, un mundo justo para todos. Ese libro es sobre un momento en la historia que es bastante diferente al actual. Ya no hay mucha gente que quiera cambiar el mundo para que sea más justo.

Ya no hay mucha gente que quiera cambiar el mundo para que sea más justo.

Volviendo al tema del tiempo, ¿qué rol juegan las emociones en nuestra percepción del tiempo?

Un gran rol. De hecho, yo creo que uno de los grandes problemas que tiene la ciencia para entender el tiempo tiene que ver con que no se entiende, o no se quiere entender, que mucho del tiempo está relacionado con nuestras emociones. Y se le quiere dar una mirada física a lo que no lo tiene, que responde más a lo que sentimos y pensamos.

Usted dice que el tiempo no está hecho de cosas, sino de sucesos...

No hay tiempo en un nivel fundamental, eso significa que en vez de cosas que aparecen de la nada lo que hay son sucesos a lo largo de nuestras líneas temporales. De eso está hecho el tiempo. De eso está hecho el universo que es una constante agitación de eventos. Qué absurdo sería pensar que la existencia está hecha de rocas, carros o sillas.

Entonces, ¿deberíamos entender que la vejez y la muerte son también sucesos en el tiempo?

Sí, son eventos. Son eventos que pasan y no deberíamos pensar en nosotros como entidades que nunca desaparecen. Nosotros cambiamos y cambiamos todo lo que nos rodea. Nacemos, cambiamos, morimos. No caigamos en el error de creer que nuestra existencia debe permanecer igual. O que nuestras vidas deben ser para siempre. La inmortalidad, para mí, es el aspecto más profano de la realidad.

¿Fue siempre su idea escribir con un lenguaje sencillo sobre temas físicos? ¿O fue algo que se fue dando a medida que escribía?

Fue algo que pasó en el camino mientras escribía. Empecé a escribir muy tarde, alrededor de mis cincuenta años. Fue algo que fue pasando. Quería escribir sobre lo que sabía y empecé a escribir en periódicos italianos y luego fui escribiendo libros. Y a medida que escribía ese lenguaje sencillo me venía naturalmente.

¿Y qué lo motivó a escribir?

Creo que tiene que ver con que encontraba mucha belleza en la ciencia y quería compartir esto con las personas, al darme cuenta que la mayoría no sabía de las cosas hermosas que hay en la física. Entonces, quería que la gente experimentara lo que yo experimento al enfrentarme con un problema físico que me conmueve del mismo modo que una historia bellamente escrita.

Qué absurdo sería pensar que la existencia está hecha de rocas, carros o sillas.

Usted dijo que no va a escribir más por el momento y que volverá a dedicarse de lleno a la investigación, ¿por qué esta decisión?

Bueno, esto es porque yo pienso en mí mismo como un científico y no como un escritor. Yo quiero hacer ciencia y quiero terminar mis investigaciones, que son muy importantes para mí. Y, bueno, ¡también es porque me encanta hacer ciencia!

Sé que la respuesta es no gracias a la segunda ley de la termodinámica, pero mi niño interno no me perdonaría si no le hago esta pregunta: ¿y qué hay del viaje en el tiempo, qué hay de las máquinas de tiempo?

El viaje en el tiempo hacia el futuro quizá, quizá, sea posible. Es el viaje hacia el pasado el que es bastante más difícil y complicado. Pero, para el niño interno: no creo que sea completamente imposible. Espero que no lo sea: ¡yo también amaría viajar en el tiempo!


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