Lecturas Dominicales

Van Gogh dibujado

La dibujante y caricaturista Barbara Stok lleva a la novela gráfica la vida artista en ‘Vincent’.

Barbara Stok

'Vincent' es una novela gráfica basada en las cartas que el artista le enviaba a su hermano.

Foto:
12 de agosto 2018 , 08:50 a.m.



Este libro comienza cuando Vincent Van Gogh se despide de su hermano Theo y viaja al sur de Francia con una idea en mente: dedicar cada uno de sus días a una sola cosa: pintar. Su hermano se encargará de enviarle dinero y recibir los cuadros terminados para tratar –casi siempre sin éxito– de encontrarles comprador. Van Gogh también llega a la Provenza con un sueño: crear una comunidad de artistas que compartan lugar de trabajo, vivienda, gastos cotidianos. No encuentra eco en nadie para hacerlo realidad. Pero eso no lo detiene. Pinta y pinta sin parar, hasta el agotamiento. Vendrán las alucinaciones, la enfermedad, la reclusión en un sanatorio. Este periodo del gran artista holandés es el que retrata la dibujante Barbara Stok en su novela gráfica Vincent. Stok –reconocida en su país por sus cómics autobiográficos– ofrece una mirada del día a día del pintor en Arlés y Saint-Rémy. Basado en las cartas que le enviaba a su hermano, el libro también describe lo que Vincent pensaba sobre el arte, la naturaleza, la vida.

¿Por qué se centró en ese momento, en la estadía de Van Gogh en el sur de Francia?

Porque es un periodo muy interesante: son los últimos años de su vida, en los que realizó sus más bellas pinturas, soñó con montar una casa de artistas, vivió el incidente trágico con su oído y, finalmente, llegó a una institución mental. Él tenía esperanzas y sueños, pero también grandes desilusiones. Acabó por encontrar resignación y consuelo en su trabajo y en la naturaleza. “Cuando estoy pintando en el campo, siento los lazos que nos unen a todos”, decía.

¿Cómo fue el proceso de elaboración del libro?

Primero leí todas sus cartas –fue como leer un diario– y seleccioné escenas y pensamientos que me parecieron interesantes. Después fui a Arlés y a Saint-Rémy para conocer dónde vivió. También reuní todos los datos necesarios sobre Francia de finales del siglo XIX. Con todo esto reunido, escribí un resumen largo de la historia. Luego hice los diálogos y comencé a dibujar página por página. Desde el momento en que empecé a leer las cartas hasta cuando el libro estuvo terminado, pasaron tres años. No leí muchas biografías, solo algunas breves. Quería centrar la historia en el punto de vista de Vincent sobre esos años. Incluso los diálogos se apoyan en eso. No quería poner palabras en su boca que nunca hubiera dicho. Mi idea era pintar una buena imagen suya, hacerle justicia. Ni lo puse en un pedestal, ni hice una caricatura.

Primero leí todas sus cartas –fue como leer un diario– y seleccioné escenas y pensamientos que me parecieron interesantes.

El libro está basado en las cartas que el pintor le envió a su hermano Theo. ¿Cómo definiría la relación que había entre los dos?

Ellos se amaban. Theo le enviaba dinero todos los meses y eso hizo posible que Vincent dedicara su vida a ser pintor. Y lo hacía por amor a su hermano, porque creía en él. Vincent estaba muy agradecido, pero también sentía que le debía mucho dinero. Eso lo llevó a trabajar todavía más duro, aunque Theo siempre le decía: “Me has pagado una y otra vez, al ser un hermano que vale más para mí que todo el dinero que alguna vez poseeré”.

A lo largo del libro aparecen dibujadas algunas de las obras más conocidas de Van Gogh. ¿Cómo fue el trabajo de incluirlas?

Las pinturas de Van Gogh fueron parte clave de mi documentación. Me dieron una buena idea del entorno en el que vivía. Utilicé más de treinta de sus obras como fondo o paisajes en el libro. Están Almendro en flor, La llanura de Crau, La noche estrellada, Los girasoles, El sembrador, Trigal con cuervos... Con Los girasoles, por ejemplo, mi objetivo era mostrar su entusiasmo. Van Gogh se envolvió totalmente en ellos mientras los pintaba. Mi método fue así: dibujé con lápiz y bolígrafos a mano sobre papel, luego los pasé escaneados al computador y después mi esposo Rick los coloreó, basándose en las obras.

Como holandesa, debió tener desde muy joven una conexión con Van Gogh. ¿Recuerda su primer contacto con la obra de este artista?

Me acuerdo que una de sus pinturas me emocionó hasta las lágrimas. Troncos de árboles en la hierba. Tenía veinte años y estaba con mi familia en un museo. Esa ha sido la única vez que un cuadro me ha impactado tanto.

¿Alguna de sus pinturas es su favorita?

Una de los sembradores, que pintó desde su ventana en la institución mental. Me parece que esa obra expresa una visión tranquilizadora y modesta sobre los seres humanos: somos como el trigo, somos una pequeña parte de la naturaleza. Ahí veo sus ideas sobre la vida y la muerte.

'Troncos de árboles en la hierba'. Tenía veinte años y estaba con mi familia en un museo. Esa ha sido la única vez que un cuadro me ha impactado tanto.

En sus cómics usted suele tratar temas autobiográficos. ¿Qué significó para su trabajo hacer un libro como Vincent?

No fue algo muy diferente a lo que hago en mis cómics. Mis historias tratan de trivialidades cotidianas, los conciertos con mi banda, el miedo a la muerte, el cansancio. Pero muchas de esas experiencias cuentan una historia universal de contratiempos y felicidad. El tema principal de mi trabajo es la pregunta de cómo vivir nuestras vidas. Me gusta poner en duda los valores establecidos en la sociedad y descubrir lo que realmente importa y lo que no. Vincent se refiere a esos temas también. Me centré en la cotidianidad de Van Gogh para presentar sus ideas sobre la vida, el éxito, los reveses. Estas temáticas siempre están presentes en lo que hago. Cualquier forma gráfica en la que pueda expresarlas me conviene, ya sea autobiográfica o biográfica.

Eligió darle al libro un final feliz, aunque sabemos que la vida de Van Gogh siguió siendo muy difícil. ¿Por qué?

Van Gogh es conocido como un artista pobre y trágico. Después de leer sus cartas, quise matizar esa imagen. Su vida no solo fue trágica. Cuando pintaba en el campo, se sentía bien, estaba en su elemento. Decidí terminar el libro en uno de esos momentos en los que es más feliz, se convierte en parte del paisaje, se desvanece en su pintura. En mi opinión, así se veía él a sí mismo: como parte de la naturaleza, viviendo al servicio del arte.


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